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Ante el debate de posturas sobre el Proyecto del Senado 184 que busca prohibir las terapias de conversión o reparativas en la Isla, la psicóloga clínica Kalitza Baerga Santini considera que la medida legislativa también debería prohibirle estas prácticas a consejeros espirituales o terapistas, ya que, según expresó “nada que viole la dignidad de un ser humano debe estar permitido”.

Esto, ante declaraciones del senador José Vargas Vidot acerca de incluir posibles enmiendas al Proyecto del Senado 184 para excluir a organizaciones religiosas de las terapias de conversión.

La también exdirectora de la Junta Directiva De La Asociación De Psicología De Puerto Rico contó a EL VOCERO que, aunque ya no se utilice la técnica de las descargas eléctricas, como a finales del siglo XX asegura que las terapias de conversión sí existen aunque varios sectores lo nieguen.

“Si hay oraciones para cambiar quien tú eres, señalamientos, y te someten a algún procedimiento, ya sea la oración, ayuno, o lo que sea, ya eso es una terapia de conversión o reparativa”, expuso.

En el año 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del 'Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales' (DSM).

Baerga indicó que los profesionales de la salud deben saber que realizar una terapia de conversión no es ético, ya que no existe evidencia científica de que esta práctica ayude a alguien, por el contrario, “hay muchísima evidencia de que lo que provoca es daño”.

Sin embargo, reconoció que hay algunos que las trabajan desde lo que entiende es una perspectiva de religión desde su profesión, anteponiendo sus creencias religiosas, espirituales ante el consenso científico.

Estas terapias, según dijo atenta contra el amor propio y puede ocasionar trastornos de ánimo, como lo es la depresión y la ansiedad. Esto debido al constante enfrentamiento a la discriminación, y el continuo mensaje que denigra la dignidad humana.

Por último, la psicóloga está de acuerdo en que el Estado sí tiene una responsabilidad en velar por el bienestar de los menores, para que estos no sean expuestos a terapias o tratamientos “que solo hacen daño”.