Nota del editor: Esta es la segunda entrega de la serie de reportajes Terapias que sanan.

La sonrisa de Alan es contagiosa. A simple vista, se puede notar la felicidad que emana del joven de 20 años al caminar junto a Carrusel, un hermoso e imponente caballo terapista de la Fundación Carrusel, en Bayamón.

Su madre, Vanessa López, observa desde afuera del establo a su hijo mientras se desenvuelve en la terapia que recibe semanalmente con caballos.

“Lleva 7 años en estas terapias. La verdad uno ve el cambio. Esto le ha ayudado en su postura, en la conversación porque tiene mutismo selectivo; en el agarre; subir escaleras (y) bajar escaleras. No ser tímido, caminar (y) ser independiente. Ha adquirido destrezas del diario vivir”, repasa la orgullosa madre, quien también es maestra de Educación Especial en el sistema de enseñanza pública en el País.

Su hijo tiene la condición Síndrome Down, la cual conlleva un cuido y una atención especializada. Y es precisamente la equinoterapia la que lo ha ayudado a él en su desarrollo social y físico durante los años que lleva tomándolas.

“Los niños con estas necesidades a veces no sabes lo que les gusta. Pero a él le encanta, le fascina esto. Él adora ese caballo. Eso vale un millón”, expresa al tiempo que su vista se dirige a donde está Alan.

No es para menos. Alan y Carrusel, una vez empiezan su sesión, son uno. El joven, con su posición erguida, guía gentilmente al equino –engalanado con una cabellera con tonalidad marrón y manchas blancas- en la dirección que quiere ir. Carrusel le entiende rápidamente y galopa suavemente al pedido de Alan.

A la espera se encuentra María Gómez junto a su nieta, quien lleva recibiendo fielmente sus terapias en este centro desde noviembre del pasado año.

“Se puede sentar, no mucho tiempo, pero ahora puede. Ella es encamada. Esta más atenta, más alerta. Ella adora venir a montar caballo. Su expresión cambia. Cuando ella entra por ahí, ella sabe a lo que viene. Tiene una conexión con el caballo increíble. A mí me encanta”, establece Gómez.

Una conexión especial

“Ellos sienten lo que sentimos”, precisó a EL VOCERO Marta Jaraiz, fundadora y directora de este centro ubicado en el Parque Julio Monagas.

“Dicen que es como un animal de 1,200 libras que es un detector de mentiras. No le puedes mentir al caballo. Él siente todo lo que tú sientes”, aseguró Jaraiz.

Y precisamente este nivel de sensibilidad en estos seres es lo que, entre otras cosas, ayuda a las personas con diferentes condiciones, tanto físicas como emocionales.

El concepto de la equinoterapia es mencionado por primera vez en los antiguos escritos griegos de Hipócrates, 460 años antes de Cristo. No obstante, no es hasta la década de 1960 que comienza a desarrollarse como una terapia formal para aquellas personas que enfrentan distintas condiciones físicas y mentales.

“La equinoterapia es un metido que utiliza el caballo como una herramienta para mejorar las condiciones físicas, sociales, neurológicas, sensoriales a través del caballo”, explicó Jaraiz.

Este animal posee unas características musculares únicas que a cada galope logra transmitir vibraciones al cuerpo del jinete, fomentando así las conexiones nerviosas de la persona.

“El movimiento del caballo al caminar hace que tenga un movimiento de cadera que cuando el participante esta subido, mueve la cadera de una forma suave y articulada y a la vez le da un estímulo que son de 90 a 110 movimientos rítmicos por minuto que hace que estimule neurológicamente (al participante), que produzca endorfinas y que este más dispuesto para el aprendizaje. Por otro lado, el calor corporal del caballo ayuda cuando se tiene los músculos contraídos”, detalló.

Tipos de terapia

Jaraiz, quien cursó estudios en filología, explicó que existen actualmente diferentes tipos de terapias con equinos. La mayoría de estas se ofrecen en el centro de Bayamón.

“Esta la equinoterapia, la hipoterapia, en la que el caballo es usado como herramienta de los terapistas físicos, ocupacionales y patólogos del habla. También la equinoterapia que trabaja con la parte recreativa y terapéutica a la vez, trabajando con la persona de manera completa; la parte emocional y física. Además, la terapia social con caballos, que trabaja más con psicoterapia”, comunicó.

“Aquí trabajamos casi todas las terapias. Año pasado nos certificamos en psicoterapia con caballos con el método Eagala (Equine Assited Growth and Learning Association), que es el único aprobado por la Asociación Americana de Psicología. Ahora nos han aprobado una propuesta para trabajar con adolescentes que han sido abusadas de alguna manera”, agregó.

Esta última terapia, contó, se trabaja en parte con “la manada de los caballos suelta junto a un psicólogo certificado por Eagala y un terapista”

Entre las otras condiciones que sufren las personas y que pueden ser trabajadas por medio de terapias con caballos están: desórdenes de ansiedad, estrés post traumático, Alzheimer y depresión.

Buscar certificar a más terapeutas

Jaraiz explicó que ante la demanda de este servicio en todas sus áreas, se han visto con la necesidad de certificar a más profesionales.

“Estamos ofreciendo una certificación que empieza en agosto con la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de de Río Piedras. Son 215 horas lectivas, 115 horas de práctica, de agosto a abril”, precisó.

Se estará ofreciendo una certificación profesional para terapistas con caballos a aquellos profesionales de la salud en estas áreas: consejeros, trabajadores sociales, educación especial, terapistas físicos u ocupacional. Además, se estará ofreciendo una certificación de terapista auxiliar a personas que ya han tenido experiencia trabajando con caballos, tales como herreros y cuidadores de estos animales.

Para más información sobre la certificación, así como sobre las terapias, puede visitar la página en Facebook: Fundación Carrusel.

Periodista y asistente en Mesa de Información.