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Los pacientes obesos, con hipertensión y diabetes, historial familiar de muerte temprana cardiovascular y enfermedades subyacentes, están en mayor riesgo de sufrir de fibrilación auricular, también conocida como fibrilación atrial.

La condición también se asocia a otros factores de riesgo que incluyen: consumo de alcohol, tabaquismo, enfermedad coronaria y metabólica, historial de fiebre reumática, edad y haber tenido un evento infarto cerebral o, de ataque isquémico transitorio, entre otros.

Según el Dr. Edmundo Jordán Morey, presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Cardiología (SPC), “la fibrilación atrial estaría asociada a estos factores de riesgo y mientras más factores tenga el paciente, mayor será el riesgo de desarrollar fibrilación atrial. Añadió que “puede haber pacientes que experimenten eventos cardiovasculares sin desarrollar fibrilación atrial, como por ejemplo, la enfermedad obstructiva coronaria que puede causarle un ataque cardíaco (el infarto al miocardio)”.

Con frecuencia, la condición puede presentar síntomas como dolor de pecho, palpitaciones, fatiga, mareos y aturdimiento, entre otros. Sin embargo, un buen número de pacientes presenta la condición de manera silente.

“El pulso normal de un paciente debería ser de 60 a 100 latidos por minutos. Cuando el paciente presenta más de 100 latidos por minutos se conoce como taquicardia, cuando las palpitaciones están menor de 60 se conoce como bradicardia. Un paciente puede tener fibrilación auricular aun teniendo una frecuencia cardíaca dentro del rango de la normalidad sin presentar taquicardia ni síntomas. Esto se debe a que su respuesta ventricular a este estímulo está controlada o es adecuada; mientras que los pacientes con frecuencias mayores de 100 latidos por minuto, son quienes tienden a presentar dolor de pecho, fatiga y debilidad”, apuntó el Dr. Jordán, al tiempo que señaló que “los médicos pueden saber cuándo un paciente está teniendo la arritmia de fibrilación auricular con solo palpar el pulso. El diagnóstico definitivo será siempre a través de un electrocardiograma (EKG)”.

La mayor consecuencia de padecer de fibrilación auricular —con síntomas o sin ellos— es que el paciente sufra un accidente cerebrovascular o derrame cerebral.

“Esto puede ocurrir a cualquier edad, pero usualmente ocurre en adultos mayores. Acorde con la escala de predicción clínica conocida como CHA2DS2-VASc —que permite estimar el riesgo de accidente cerebrovascular en pacientes con fibrilación auricular— a mayor edad mayor será el riesgo de sufrir un derrame cerebral. La escala presenta nueve puntos y —según la Sociedad Americana de Cardiología— si un paciente presenta dos puntos o más, está a mayor riesgo de sufrir un derrame, y estos pacientes necesitarán ser anticoagulados crónicamente”, explicó el galeno, con 15 años de carrera en medicina cardiovascular.

No obstante, la fibrilación atrial puede tener otros efectos relacionados como el desarrollo de cardiomiopatías, eventos de edema pulmonar, provocando así múltiples hospitalizaciones por fallo cardíaco y hasta la muerte.

¿Cómo puede la obesidad repercutir en un evento de fibrilación auricular, y por qué?, preguntamos al Dr. Jordán.

“La obesidad en sí es una constelación de muchas cosas a la vez —no meramente estar sobrepeso— y está altamente asociada con el sedentarismo y condiciones como la diabetes tipo 2 y elevación de la presión arterial. Se ha demostrado que la obesidad a nivel del sistema cardiovascular va a ocasionar inflamación subclínica a nivel general con disfunción endotelial de los vasos sanguíneos, aumento del tono simpático y desregulación del sistema nervioso central autonómico. Estos producen aumento de frecuencia cardíaca y presión arterial”, detalló el especialista en cuidado del corazón.

“La obesidad también va a alterar el perfil lipídico, causando así un riesgo mayor de formación de placas ateromatosas —placa de colesterol— en las arterias. Así que la obesidad está asociada a condiciones cardiovasculares importantes y si no se tratan adecuadamente pueden aumentar la formación de trombos (coágulos) y desencadenar eventos cardiacos que no se limitan a la fibrilación atrial o derrame cerebral, sino que pueden ir desde fallo cardíaco, hasta muerte súbita”, enfatizó.

Por ello, la obesidad debe ser tomada como posible precursor de fibrilación atrial y eventos cardiovasculares.

Una condición relacionada a la obesidad y que también puede detonar en fibrilación auricular es la apnea obstructiva del sueño, un trastorno donde al paciente se le corta la respiración mientras duerme.

“Hace 15 o 20 años se habla de que este trastorno del sueño podría representar un alto riesgo de que un paciente presente arritmias cardiacas. Esto, porque se entiende que cuando un paciente tiene apnea del sueño durante toda la noche, el corazón —debido al corte de respiración— experimenta una desregulación del sistema nervioso autonómico. Lo que representa un incremento en el tono del sistema simpático que es el que aumenta la presión y el ritmo cardíaco. Adicional, comienzan a ocurrir un sin número de reacciones químicas que producen un estado inflamatorio en el cuerpo y puede aumentar el ritmo cardiaco y repercutir en arritmias cardiacas y fibrilación atrial”, explicó quien cuenta con práctica privada en el Hospital Metro Pavía, en Santurce.

Y es que el corazón requiere de oxígeno para funcionar adecuadamente, pero cuando experimenta la falta aumenta el dióxido de carbono (CO2), provocando un estado de inflamación, irritación del músculo cardíaco y del sistema eléctrico y, en consecuencia, fibrilación atrial.

“A largo plazo, todas esas reacciones —que están allí por motivo de la apnea del sueño— también provocarán el agrandamiento del corazón. Principalmente, del atrio izquierdo alrededor de las venas pulmonares. La apnea obstructiva mayormente se relaciona con pacientes masculino que tienen obesidad con cuello ancho y corto, quienes presentan somnolencia durante todo el día porque no tienen un sueño reparador por haber pasado la mayor parte de la noche en hipoxemia; con menos de 90% de saturación de oxigenación”, acotó.