Adopción

Los perritos rescatados Dante y Macarena forman parte del hogar de los licenciados y sus dos hijas. >Nahira Montcourt /EL VOCERO

En poco más de un año y sin tener mucho tiempo para prepararse, la familia de dos personas de Giancarlo Colberg Ferrer y Omar Vargas Morales, pasó a ser una de cuatro.

Luego del proceso —que comenzó en medio de la pandemia de covid-19— el matrimonio se convirtió el pasado verano en padres de dos hermanitas de seis y 10 años, que llegaron a cambiar la rutina de esta casa y donde ahora conviven con los perritos rescatados Dante y Macarena.

Ahora, ambos hablan con inmensa emoción sobre lo que ha significado pasar de ser una pareja sin hijos a tener niñas bailando por la casa, una rutina escolar, preocupaciones por el rezago académico y la euforia de hacer listas de regalos para lo que será la primera Navidad de estas hermanitas con su nueva familia.

“Ya la grande hizo su carta a Santa (Claus) y Santa va a proveer dentro de lo que podamos”, compartió Colberg Ferrer.

El matrimonio decidió el año pasado comenzar el proceso de adopción y luego de considerar las opciones disponibles para convertirse en padres optaron por adoptar en Puerto Rico.

Amor a primera vista

Aunque la petición inicial fue adoptar un menor no mayor de tres años, el Departamento de la Familia (DF) les presentó otras posibilidades. Como tantas otras historias de adopción, la pareja relató que les bastó ver la foto de las hermanas para saber que querían ofrecerles un hogar.

“Esto fue siempre un deseo desde que comenzamos la relación y desde que nos casamos. Llegó el momento en que retomamos la conversación sobre cómo queríamos ampliar la familia. Hubo varias alternativas sobre la mesa y una fue la adopción”, relató Vargas Morales.

“La adopción no fue la primera alternativa de inicio. Sin embargo, fuimos poco a poco orientándonos y vimos la situación que hay en este país, que hay muchos niños necesitados de una familia, necesitando amor, cariño... y eso nos hizo pensar que tenemos un deseo de ser papás”, aseguró el padre primerizo.

El Departamento de la Familia informó a EL VOCERO que desde que comenzó el año se han completado 174 adopciones.

En el registro de adopción hay 164 menores que pueden ser adoptados y entre ellos hay 54 que tienen más de tres años de edad.

Colberg Ferrer, de 30 años, explicó que fue la trabajadora social de Familia quien les presentó la opción de ampliar sus requisitos para incluir menores mayores de tres años.

Finalmente, la pareja aceptó comenzar el proceso de adopción, que incluyó reunirse con las menores. Colberg Torres relató que —al ser niñas más grandes— una de las consideraciones para que la adopción prosperara era que ellas aceptaran formar parte de la familia.

Agregó que el matrimonio consideró cuidadosamente los detalles del primer encuentro que tendrían con las menores —por ejemplo, si llevarían a los dos perritos de la casa— y decidieron llevarles fotos de los canes, de la casa y de la familia extendida que las esperaba con brazos abiertos. El primer encuentro se dio en un parque, contaron.

“Tuvimos como cinco minutos de romper el hielo. Habíamos llevado un ‘iPad’ con fotos de la familia, que sepan quiénes somos, nuestros ‘hobbies’. Cuando les hablamos de los perros, hubo un ‘click’. Yo le decía a Omar: ‘Les encantan los perros’”, relató Colberg Ferrer.

“Al final, la grande nos dice: ‘Creo que ustedes van a ser los mejores papás que he conocido’. Yo —que dije que no iba a llorar— lloré, porque ese ‘creo’ me encantó. El decir ‘creo’ es un símbolo para mí de advertencia de que tú, por ahora, me caes bien, pero tengo que conocerte. Ahí yo dije que ‘esta es mi hija’”, narró Colberg Ferrer.

Proceso en la emergencia

La adopción de estas menores comenzó y terminó en medio de la pandemia, lo que supuso que tanto estos padres, como Familia, estaban aprendiendo cómo realizar el proceso sin las visitas presenciales.

“Hubo cosas que fueron difíciles. Tratar de adoptar en pandemia, cuando hay muchas cosas nuevas, buscar documentos, reuniones virtuales, hacer el estudio social virtual... Hubo algunos obstáculos, pero si uno lo piensa y lo pone en una balanza, adoptamos en un año”, reconoció Colberg Ferrer.

La vista de adopción fue virtual, lo que significó que no solo el abogado de la pareja, Osvaldo Burgos, podía estar presente, también —luego de solicitar los debidos permisos— participaron abuelas, tías y tíos.

En esa misma vista las hermanas decidieron que además de tener un nuevo apellido cambiarían sus nombres, que ellas mismas escogieron.

“Les dijimos que existe la posibilidad de cambiar sus nombres, que tienen que saber que al final van a llevar nuestros apellidos, pero que pueden escoger sus nombres y que las apoyamos en eso”, compartió Vargas Morales.

Junto a estas niñas también nacieron dos padres, que de igual manera, ahora estrenan sus nuevos “nombres” dentro del hogar.

“También tuvimos que decidir cómo nos vamos a llamar nosotros”, destacó Colberg Ferrer. “Yo soy papá y Omar es papi”, agregó.