pLAZA DE ARMAS

En todos los pueblos de Puerto Rico existen espacios conocidos como plazas, que se convierten en la esencia de las ciudades porque alrededor de ellas gira la vida social, cultural y política del pueblo. Asimismo, las plazas sirvieron como punto focal en el desarrollo urbano de los pueblos. Los terrenos alrededor de las plazas estaban reservados para los edificios más representativos de la ciudad, las autoridades eclesiásticas y gubernamentales, repitiendo el esquema más común de España. Por eso, no es casualidad que encontremos en cada una de las plazas de los 78 pueblos de la Isla que a un extremo del cuadrante de esta esté localizada la iglesia principal y al otro la casa alcaldía.

Dado a que San Juan, nuestra ciudad capital celebra actualmente los 500 años de su fundación, dedicaremos este espacio a presentar a la Plaza de Armas, que viene a ser el corazón de dicha ciudad en el Viejo San Juan. Ella está rodeada por las calles San Francisco al norte, Rafael Cordero al sur, Calle de la Cruz al este y la Calle San José al oeste. Esta emblemática plaza es el punto de partida de las rutas de interés turístico, rodeada de tiendas, hoteles, restaurantes y edificios públicos. Y es una de las ocho plazas existentes en el Viejo San Juan.

El primer ingeniero que intervino en su construcción fue Francisco Fernández Valdelomar, quien trabajó en ella entre 1731 y 1747.

La Plaza de Armas tuvo distintos nombres a través de los años que estuvieron relacionados a las funciones que desempeñó. Comenzó a ser llamada —como todas las plazas de Puerto Rico— Plaza de las Verduras, allá para 1521. Durante los siglos XVI y XVII se le conoció como Plaza de Armas, porque a ella —incluso en el siglo XVIII— acudían las tropas militares para sus ejercicios. Pero, para principios del siglo XIX volvió a llamársele Plaza de las Verduras, volviendo a sus orígenes. Como en todas las plazas de Puerto Rico, esta se utilizó para el mercado, por tal razón se llegó a conocer como la Plaza de las Verduras y mientras se condicionaba el mercado de verduras se movió a la plazuela de San Francisco. En esa ocasión, la dirección de las obras se le encargó al arquitecto municipal de San Juan, don Pedro García, recién llegado de España en 1837, quien encontró una plaza elevada sobre el nivel de la calle, con cuatro escaleras de entrada, verja de hierro y asientos de losa en todo el perímetro.

Aunque la plaza ya existía, no fue hasta 1840 que el ayuntamiento la aprobó, dando paso a su construcción en 1851. Las nuevas obras consistieron en desenlosar todo el pavimento para alcanzar el nivel deseado y volver a colocar las losas de Canarias en toda el área. También se proveyó a la plaza de jardines, jarrones en los pilares, que servían de esquineros de la verja de hierro, asientos de mármol, faroles de reverbero y quinqués sostenidos con pescantes de hierro para su iluminación. Todas estas obras fueron asumidas por el arquitecto municipal interino, don Manuel Sicardó y Osuna.

“Las Cuatro Estaciones”

Fue en la remodelación de 1851 que llegaron a la plaza cuatro estatuas representativas del Comercio, la Industria, la Ciencia y las Artes, que aparentaban ser hechas en mármol; eran de bronce y revestidas con un aceite que simulaba el mármol. Aunque este detalle resulte extraño para muchos, es importante aclarar que las estatuas griegas y romanas de mármol solían ser rematadas con capas de colores vivos que incrementaban su atractivo y que se perdía con el pasar del tiempo.

Además de las mencionadas estatuas se suponía que se añadirían cuatro adicionales relativas a “las cuatro estaciones”. Así que ocho era el total de estatuas a ser colocadas en la Plaza de Armas, todas creadas por Antonio Venegas, escultor natural de Cádiz. No obstante, de esas ocho solo se colocaron cuatro estatuas de primera intención porque las conocidas como Las Cuatro Estaciones se perdieron y nunca se encontraron.

Fue así como se inauguró la remodelada Plaza de Armas en 1852 e integró las estatuas originales colocadas una en cada esquina de la plaza. Se ubicaron montadas sobre pilares y entre estos unas barandillas de hierro fundido. En los costados norte y sur habían dos entradas por costado (para un total de cuatro), entre pilares, 10 de ellos con farolas para un total de 20 farolas, y una entrada en los costados este y oeste.

En 1872 las cuatro estatuas originales que representan el Comercio, la Industria, la Ciencia y las Artes fueron removidas y ubicadas en el Paseo de la Princesa, que para ese entonces se conocía como la Plaza Mayor. Y las nuevas estatuas de Las Cuatro Estaciones fueron colocadas en la Plaza de Armas. Nos referimos a ellas como “nuevas” porque fueron compradas con el dinero que se obtuvo de la confiscación del periódico El Ponceño, que fue adjudicado por el entonces gobernador de Puerto Rico, Fernando de Norzagaray (1852 a 1855) al encontrar rebeldía en el poema Agüeybaná el Bravo, de Daniel Rivera. Poema que fue publicado el 22 de julio de 1854. Al final Norzagaray comprendió que el poema no era de rebeldía y autorizó el regreso de Daniel Rivera, quien se había ido al exilio.

En 1892 se conmemoró el cuarto centenario del Descubrimiento de América, para lo que se planificó colocar una estatua de Cristóbal Colón en la Plaza Mayor, pero dicho proyecto nunca se materializó en esta plaza, sino que fue realizado en 1894 en la Plaza Santiago, hoy día Plaza Colón frente al Teatro Tapia. La estatua de Cristóbal Colón remplazó la de Juan Ponce de León, que se ubicó en la Plaza San José, al costado de la Iglesia San José en la calle San Sebastián.

pLAZA DE ARMAS

En 1901, las estatuas de Las Cuatro Estaciones fueron trasladadas al Paseo de la Avenida Dabán, que corría desde el demolido Banco Territorial y Agrícola de Puerto Rico hasta la Plaza de Dársenas. En esta ocasión fueron montadas sobre unos pedestales cilíndricos y perduraron en esta área hasta 1955. Después de esta ejecución a la Plaza de Armas —que para aquel entonces se conocía como Plaza de la Constitución - Plaza Alfonzo XII— se le removió la verja de pilares y se bajó al nivel de la calle. También se mantuvo sin ninguna decoración, solo con simple ornato y varias farolas montadas en postes. Y en 1955 se volvió a restaurar la Plaza de Armas con dos fuentes circulares y dos farolas en el centro, una en el costado oeste y la otra al este, y se volvieron a ubicar las estatuas de Las Cuatro Estaciones, dos de ellas en cada fuente.

Hoy día estas famosas “estatuas peregrinas” se configuraron todas juntas en una fuente circular al frente del Edificio de la Intendencia, en la Plaza de Armas, trabajo de 1986. Dato curioso es que dos de estas cuatro estatuas se encuentran en Las Glorietas del Parque de María Luisa Fernanda, de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, España.

El autor tiene dos maestrías en Museología y otra en Historia del Arte de Caribbean University de Bayamón; certificación de Maestría en Archivística de Caribbean University, y Doctorado en Letras y Filosofía, concentración en Historia de la Universidad de Puerto Rico. En México hizo su aportación como historiador del Cine Mexicano, poniendo al día La Gran Enciclopedia del Cine Mexicano de Emilio García Riera, que le mereció un Doctor Honoris Causa en Historia de la Universidad de México, y recientemente un segundo Doctor Honoris Causa en Ciencias y Artes de la Universidad de Los Ángeles, California por su aportación a la aeronáutica.