Columna Cala Whatsapp

¿Te han dicho que te la pasas mirando tu celular y no le prestas atención a otros? ¿Te cuesta concentrarte en la escuela o en el trabajo por la cantidad de mensajes que recibes? ¿Usas tu móvil hasta altas horas de la noche? ¿Te cuesta dormir, tienes dolores de cabeza y te molestan los ojos? ¿Tienes problemas de audición? Presta atención porque podrías estar padeciendo de nomofobia, una adicción al teléfono. 

Y como toda adicción, la primera reacción es negar la situación. Por eso, presta aún más atención a esta investigación realizada por un grupo de científicas puertorriqueñas que encuestaron a 100 personas para determinar si sabían lo que era la nomofobia y sus consecuencias en la salud. 

Pero primero, ¿qué es la nomofobia?

El término procede de la palabra anglosajona “no-mobile-phone-phobia” (no-teléfono-móvil-fobia) el cual hace referencia al miedo extremo a no estar conectado al celular. Incluso, a quienes padecen esta fobia se los conoce como los esclavos del celular.

Esta fobia ha sido catalogada por algunos como la enfermedad del siglo XXI y puede tener graves consecuencias para las relaciones interpersonales y físicas.

Las doctoras Edna M. Oyola, Lilliam Pintado y Bárbara Flores de la Universidad Ana G. Méndez del Recinto de Gurabo, realizaron una investigación en donde combinaron esta fobia con los efectos psicosociales y físicos en los estudiantes universitarios de Puerto Rico.

A través de una encuesta realizada a 100 estudiantes de diferentes años universitarios, confirmaron que esta fobia ha afectado sus vidas tanto física como socialmente.

Aunque el 68% de los encuestados no conocían lo que es la nomofobia, la mayoría asoció los síntomas tras participar del estudio llamado “Nomofobia y sus efectos en la salud psicosocial y física en el estudiante universitario”.

Según las doctoras, mediante las preguntas que se le realizaron a los encuestados se pudo determinar que todos sufren en algún grado los efectos de la nomofobia. "Aunque no se les preguntó [directamente] si tienen nomofobia, los efectos que experimentan dan a entender que sufren de la fobia”.

Las investigadoras encuestaron a estudiantes universitarios de 18 años en adelante, de entre el primer y quinto año de estudio, y les presentaron premisas sobre lo que es la nomofobia, y los daños físicos y psicosociales que causan en los alumnos. 

“Este estudio nunca se había realizado en Puerto Rico y es algo que necesitábamos expresar”, dijeron las investigadoras en entrevista con EL VOCERO.

Las doctoras hicieron un anuncio mediante la red social Facebook para poder realizar este estudio. Según reportaron, la mayoría de los encuestados pertenecían al sexo femenino con el 76%, mientras que el 24% fue del sexo masculino.

Asimismo, una de las preguntas fundamentales para llevar a cabo esta investigación era corroborar si los participantes conocían o entendían lo que significaba nomofobia. El 68% indicó que no conocía la fobia, frente a un 32% que manifestó saber su significado.

A través de diferentes premisas, las científicas pudieron determinar que las personas que participaron del estudio tenían problemas que caracterizan a la nomofobia como:

• Discusiones con las personas del entorno e incapacidad de mantener comunicaciones fluidas y aislamiento.

• Disminución de la concentración en tareas cotidianas debido a la continua recepción de llamadas o mensajes.

• Uso del teléfono hasta altas horas de la noche lo cual conlleva una excesiva somnolencia diurna e interfiere en el rendimiento académico y laboral.

• Insomnio, dolores de cabeza y hasta accidentes de tráfico por usar el móvil mientras se conduce.

• Problemas de audición, ya que muchas de las personas expresaron sentir tinnitus o zumbidos en los oídos.

• Problemas económicos debido a las elevadas facturas del teléfono por el deseo de tener el último modelo de celular.

• Problemas hacia la integridad personal por casos de acoso o bullying digital entre los jóvenes y adolescentes.

Ahora bien, si crees que la nomofobia es algo que nunca te ocurrirá, aquí te presentamos algunas de sus características.

• Miras de manera insistente el celular haciendo difícil mantener una conversación con cualquier persona a tu alrededor.

• No te fijas límites a la hora de darle uso al teléfono móvil hasta el punto de llegar a utilizarlo en los momentos menos adecuados, como cuando conduce, en medio de alguna reunión de trabajo o académica y hasta en el baño.

• Pasas la mayor parte de su tiempo consultando el teléfono celular, mientras que las redes sociales y las aplicaciones captan toda tu atención. 

• Verificas constantemente si el teléfono está encendido, si tiene cobertura y batería suficiente.

• Reduces el tiempo y espacio que dedican a otras actividades en tu vida como los deportes, ejercicios o tareas cotidianas.

• Entras en una especie de pánico mal disimulado cuando detectas que el celular por algún motivo no está a tu alcance.

• No olvidas tu teléfono, pero si lo haces no dudas en volver a recogerlo y siempre llevas un cargador todo el tiempo.

• No frecuentar lugares en los que te puedas quedar sin señal o cobertura de internet.

• Niegas la situación por más evidente que sea como sucede con otras adicciones.

Otro hallazgo de las científicas fue que “a menor edad había una mayor asociación con las premisas que estaban relacionadas con la compulsión, la autoestima, y el insomnio”, explicó Pintado a EL VOCERO.

Esta investigación contiene 60 páginas, se extendió a lo largo de seis meses y fue presentada al Congreso de Investigación Científica de la Universidad Ana G. Méndez.

¿Quiénes son las autoras de esta investigación?

La doctora Edna Oyola es catedrática asociada en el departamento de Educación en la universidad Ana G. Méndez recinto de Gurabo, manejadora de conflictos certificada y consejera clínica en Salud Mental certificada. Además es autora de varios libros.

Mientras que Lilliam Pintado tiene un doctorado en Audiología y post doctorado en Investigación Clínica y presidenta de la IRB de la universidad UAGM en Gurabo.

Asimismo Bárbara Flores es catedrática auxiliar en el Bronx Community College, CUNY en Nueva York.