circo

Entre ensayos y ejercicios de estiramiento, se paseaban de lado a lado dándole el último toque a los preparativos artísticos minutos antes de salir a escena. Las brillantes sonrisas, llenas de ilusión, que regalaban a cualquiera iban a tono con los vibrantes y coloridos vestuarios que cada uno llevaba puesto.

Azul, rojo, dorado, negro, violeta. Todos vestían con un color distinto, con encajes de brillo, listos para el espectáculo que comenzaría a la 1:45 de la tarde en el Cuartel de Ballajá, en el Viejo San Juan.

Se trata de los estudiantes de la Escuela Nacional del Circo de Puerto Rico, radicada en Dorado, que estaban próximos a participar en la quinta edición del festival internacional de circo y artes de la calle, Circo Fest.

La escuela, que nació en 2011, agrupa niños, jóvenes y adultos aspirantes a desarrollarse en este espectáculo, que se cree es el más antiguo del mundo. Algunas artes circenses se remontan hace 3,000 años en Grecia, India, Egipto y China. Ya para ese tiempo, según narra la historia, se tenía registro de malabaristas, equilibristas y contorsionistas.

“Esto significa una oportunidad para expresar lo que nos gusta a través del circo. Expresar nuestros sentimientos a través de la acrobacia”, contó Alondra, joven de 17 años, estudiante del plantel artístico.

Arianna Rubí Ruiz, de 14 años, coincide. La joven “homeschooler” (educada en el hogar) lleva 6 años aprendiendo de circo. Para ella, esto significa “transformar emociones”.

“El circo para mí significa convertir tus emociones. Ya sea que llegaste por tener un mal día, por tristeza o coraje. Es convertir algo triste o no tan alegre en algo bonito, convertirlo en algo que el público disfrute. Este año voy a estar haciendo acrobacia en nudo y acrobacia de piso. En verdad es algo que me visualizo haciendo en el futuro”, aseguró en entrevista con EL VOCERO.

Pablo Caballer, de 14 años, expresó que también le gustaría dedicarse a este mundo artístico en el futuro.

“Me gusta hacer malabares, balancearme en cosas. Es súper divertido todo”, contó.

Detrás de estos talentosos alumnos se encuentra el instructor y fundador de esta escuela, Jafet Irizarry.

Para el joven artista, la Escuela Nacional de Circo en Puerto Rico es mucho más que enseñar y formar jóvenes acróbatas, gimnastas, trapecistas o equilibristas con el objetivo de entretener a una audiencia.

La misión de este plantel siempre ha estado definida: crear un carácter resiliente y valiente en tiempos de adversidad entre grandes y chicos que toman clases en este lugar. Y, por supuesto, llenar las calles de vida con este arte social.

Fue con esto en mente que el joven circense regresó a Puerto Rico luego de haber culminado estudios en la Escuela Nacional de Circo, en Río de Janeiro, Brasil y la Escuela Nacional de Circo en Montrél, Canadá.

“Quería montar una escuela de circo. Fue hace 7 años. Coincidió que mi hermana estaba montando un proyecto de psicología social comunitaria que terminó siendo un centro que se llama Educare. Ahí mezclamos la circo terapia”, narró Irizarry a este rotativo.

En conjunto con las sesiones con psicología, fue así como integraron clases de circo como terapia ocupacional.

Tiempo después, el artista formó lo que en propiedad sería la primera – y al momento única- Escuela Nacional de Circo en la Isla.

Circo social: un proyecto que cambia vidas

“Queríamos impactar a las comunidades positivamente y empezamos a hacer circo social, no solo terapéutico. Comenzamos a dar clases gratuitas a jóvenes y niños que están en riesgo social, ya sea por problemas de drogas o violencia”, detalló.

Para estas clases, contó, trabajan en conjunto con un psicólogo y un trabajador social.

“La idea de la clase es que el joven pueda crear resiliencia e integrarse a la sociedad de una forma positiva. Es muy buen proyecto”, comentó.

La acogida fue tal que los fundadores de Cirque du Soleil le echaron el ojo al proyecto boricua y los invitaron a ser parte de las actividades que se llevan a cabo en el Caribe y Centroamérica.

Y aunque su objetivo es formar artistas de circo con esta academia que ha fundado, hay algo más que llena a Irizarry: lograr desarrollar una actitud positiva entre sus estudiantes.

“Hay un estudiante que casi no hablaba…siempre estaba cabizbajo por sus distintas situaciones difíciles. Sabíamos lo que estaba pasando. Y de repente (se convirtió) en esta persona que abre la puerta por el circo y entra brillando. Es hermoso ver eso”, contestó cuando este diario le cuestionó sobre algún caso particular en el que haya notado la transformación positiva en un alumno.

Para Irizarry, la regla número uno es divertirse y “olvidarse de todo lo demás. Subir al trapecio y arriesgarlo todo por un segundo”. Es con esto que consigue desarrollar la seguridad, valentía y la llamada resiliencia entre los jóvenes.

“Muchos no saben que van a hacer después de la escuela. Pero esto los ayudar a tomar decisiones…ellos ven y sienten que están creciendo, saben que pueden arriesgarse. Lo más importante es que aprendan a superar todo momento difícil”, subrayó.

Lo próximo en agenda para la institución de circo boricua es montar una sede en San Juan, algo que puso en pausa tras el devastador paso del huracán María.

Aquellos interesados en obtener más información, pueden buscar la red social en Facebook bajo el nombre Escuela Nacional de Circo de Puerto Rico.

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Periodista y asistente en Mesa de Información.