falla en Bahía de Guayanilla

Las líneas negras en este mapa muestran las ubicaciones donde un equipo de USGS recolectó perfiles de reflexión sísmica multicanal durante una serie de cruceros de investigación en marzo de 2020. Las líneas violetas entre cortadas son fallas hipotéticas, basadas en la distribución de epicentros de terremotos. Las marcas rojas son indicaciones preliminares de fallas, basadas en los datos de reflexión sísmica recopilados durante la investigación. Uri ten Brink/USGS.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) encontró evidencia de al menos una falla submarina en la Bahía de Guayanilla, al llevar a cabo investigaciones en el área por la actividad sísmica registrada desde el 28 de diciembre. 

El equipo del USGS identificó tentativamente varias fallas más que se encuentran entre cuatro y nueve millas de la costa, en aguas de hasta 3,300 pies de profundidad y dentro de áreas identificadas como los epicentros de algunos de los terremotos recientes.

Para encontrar estas fallas, una equipo liderado por el investigador geofísico Uri ten Brink utilizó un dispositivo llamado "chispazo", que utiliza una carga eléctrica para generar una burbuja de aire en el agua. Cuando la burbuja se expande, crea una onda de sonido, que viaja a través del agua hacia el fondo del mar, donde las capas geológicas reflejan parte de la energía de la ola de regreso a la superficie del mar.

"Estos datos eventualmente ayudarán a los sismólogos a desarrollar una imagen más clara de la actividad tectónica en el área", dijo Ten Brink.

“En última instancia, esperamos que el trabajo del USGS en esta región ayude a dar al público una idea más clara del potencial de futuros terremotos. Los resultados de la investigación del USGS se están utilizando para mejorar los códigos de construcción que ayudarán a Puerto Rico a resistir mejor los terremotos futuros y a prepararse mejor para los tsunamis", agregó el investigador. 

El barco de investigación también remolcó una serie de 32 hidrófonos justo debajo de la superficie del mar. Estos dispositivos captan los cambios de presión bajo el agua y miden el tiempo que tarda la señal en rebotar en el fondo del océano y las estructuras geológicas que se encuentran debajo del fondo marino, y luego regresar a la superficie del mar.

Al medir las diferencias en el retorno de las señales, los investigadores pueden detectar diferencias en la elevación de la roca que se encuentra debajo del fondo del océano. Estas diferencias, llamadas compensaciones, se consideran signos de fallas que han estado activas recientemente.

Desde el barco, el equipo identificó varias cicatrices frescas en los acantilados frente a la costa desde Punta Montalva hasta la Bahía de Guayanilla, que probablemente fueron causadas por caídas de rocas como resultado del fuerte terremoto. El equipo también buscó evidencia de una falla que rompiera el fondo del mar en Punta Montalva, pero a primera vista, los datos sísmicos no indican claramente dicha falla allí.

Ten Brink afirmó que es probable que un procesamiento de datos más sofisticado revele fallas adicionales, y el equipo espera poder medir las rupturas a lo largo de estas fallas.

La investigación se efectuó del 7 al 13 de marzo. 

Aunque la actividad sísmica comenzó el diciembre, el más fuerte de los temblores se registró el 7 de enero, de 6.4 de magnitud. El 2 de mayo fue el último de los sismos significativos, de magnitud de 5.2