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Nota del editor: Este es el segundo reportaje de la serie 'En el cuerpo equivocado' que educa sobre la comunidad transgénero en Puerto Rico y los retos que enfrentan. 

Juliana -nombre ficticio que utilizaremos para proteger la identidad de la persona- es una mujer transgénero de 23 años, quien debido a la falta de servicios médicos que enfrenta la comunidad trans en la isla, se vio obligada a abandonar su hogar en Ponce para poder recibir tratamiento en el área metropolitana. 

La joven le explicó a EL VOCERO que, debido a la falta de servicios dirigidos a personas transgéneros, comenzó a obtener sus hormonas de manera clandestina y a recetarse por sí misma. 

El tratamiento hormonal no supervisado podría tener efectos negativos en la salud que incluyen enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, trastornos de los lípidos, enfermedad tromboembólica venosa, cáncer, daño al hígado y riñones, entre otras contraindicaciones. 

“No sabía cuál era mi dosis. No sabía nada… Si un día despertaba muerta, pues desperté muerta. Cada vez que acudo a un médico o a una sala de emergencia me siento discriminada. En Puerto Rico no están capacitados para tratar a un transexual”, comentó. 

Aunque la Constitución estipula en su Carta de Derechos que no podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas; esta no es necesariamente la realidad que vive el colectivo trans.

Juliana aseguró que, al intentar obtener servicios de salud, ha enfrentado faltas de respeto y humillaciones por parte de médicos y personal de hospitales, quienes según alegó, la discriminan por el mero hecho de ser transexual. 

“Aquí no saben bregar con nosotras. La insensibilidad y las faltas de respeto van desde la recepción hasta el cuarto médico. No saben cómo comunicarse, utilizan los pronombres equivocados y fallan en cosas básicas. No los preparan”, acotó la joven. 

Diagnosticar la disforia de género, más allá de verse como una patología, despeja el camino para que la persona pueda vivir la identidad que siente, incluyendo el poder tener acceso a servicios de salud de acuerdo con el género que se identifica. 

No obstante, en Puerto Rico existen una serie de complicaciones que no permiten asegurar un tratamiento que responda a las necesidades de estas personas: las escuelas de medicina o enfermería no capacitan a los estudiantes, los planes médicos no cubren a menos que se haya realizado el cambio de género en todos los documentos oficiales y no existen estudios o estadísticas oficiales que permitan crear una guía sobre las necesidades de cuidados. 

La doctora Sara Malvé, psicóloga clínica e investigadora, expresó que los problemas de salud que aquejan a los transgéneros no son muy distintos a los que afectan a los demás seres humanos, pero enfatizó que, debido al discrimen y al prejuicio que han vivido, toman mayor relevancia. 

“No son distintos a otros seres humanos, pero hay problemas que pueden estar relacionados a su identidad y eso hay que atenderlo. El discrimen tiene un efecto emocional sobre ellos, al igual que lo tendría sobre cualquier otra persona. La falta de servicios médicos puede llevarlos a padecer depresión, ansiedad y trastornos de ajuste”, mencionó. 

Casi 30 mil y solo dos clínicas 

El Centro Nacional para la Igualdad Tránsgénero (NCTE) estipula que casi 30 mil personas en Puerto Rico no se sienten a gusto con el sexo que les fue asignado al nacer. Sin embargo, a pesar de la cifra, solamente existen dos clínicas en la Isla -ambas en San Juan- que brindan servicios especializados para esta comunidad. 

En el 2014, la alcaldesa de la capital, Carmen Yulín Cruz, anunció que su municipio crearía la primera clínica de servicios especializados para personas trans. En mayo del 2015, TranSalud comenzó a operar en el Centro Gualberto Rabell Fernández, ubicado en la Calle Hoare, con apenas 3 participantes y bajo una alianza de educación con Fenway Health, una clínica especializada en Boston. 

“La comunidad trans no estaba recibiendo la atención debida. Iniciamos un comité de trabajo con facultativos de la Escuela de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas y comenzamos a desarrollar una clínica que sirviera a las necesidades de esta comunidad”, comentó el doctor Liddy López, director del Departamento de Salud de San Juan. 

Igualmente, la doctora Diana Marrero, directora de la clínica, explicó que actualmente atienden a unas 90 personas, quienes reciben servicios de medicina primaria, terapia hormonal, psicología y trabajo social. 

“Nuestra visión es que la persona se sienta cómoda en nuestra clínica y que pueda recibir un servicio de calidad. Hacemos todo lo posible para que se sientan bien en un ambiente sin discrimen”, acotó Marrero.

Por otra parte, una segunda clínica fue fundada por el Centro Ararat, un centro de medicina inclusiva dirigido por el doctor Iván Meléndez-Rivera. La clínica Translucent, ubicada en la Calle Manuel F. Pavía en San Juan, atiende a 120 personas a las que les ofrecen cuidado médico especializado y talleres de educación y capacitación profesional.

“Trabajando con la población LGBT, me he topado con realidades que necesitan ser atendidas. A veces cuando hablo con otros médicos sobre la comunidad trans, se puede observar el desconocimiento en sus rostros. Esta población tiene unas necesidades de salud que tenían que ser atendidas en un ambiente que fuese seguro”, puntualizó el galeno. 

A pesar del trabajo y las buenas intenciones de ambas clínicas, en conjunto atienden a 210 transgéneros, una cantidad mínima cuando se compara con la población existente en la isla. 

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