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Vivir en la calle en tiempos de pandemia

Un relato sobre cómo el Covid-19 agudiza las necesidades de las personas sin hogar

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 (Brandon Cruz González / EL VOCERO)

Menor y Pitbull, como son conocidos dos hombres sin hogar del área de Barrio Obrero, esperan al menos dos veces a la semana a que le sean suministradas jeringuillas nuevas, agua y mascarillas.

A los retos de vivir en la calle y ser adicto a drogas, ahora se suma la nueva realidad mundial de la pandemia del coronavirus.

Pero el mensaje del distanciamiento, el lavado de manos constante y el uso de mascarillas, no aplica a todos por igual-y las personas sin hogar, son ejemplo de ello-.

Una mujer que pasaba por el área cuando el personal del programa Punto fijo de Iniciativa Comunitaria ofrecían sus servicios, Rosa Pérez-nombre ficticio para mantener el anonimato que solicitó-se acercó y pidió ayuda para Pitbull.

“Me preocupa este chico. Hay que buscar una vivienda, no estamos para estar por ahí sin acobijarnos”, dijo Pérez, al clamar por ayuda por uno de los de su comunidad. “Los que estamos, tratamos de dar el máximo, pero también tenemos nuestras familias”, agregó mientras observaba a Pitbull ido.

“La problemática no es la pandemia, solo que está peor porque no hay quien los ayuden. Nosotros nos arriesgamos ayudándolos a ellos y ellos a nosotros”, reconoció Pérez.

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Para Nobel Hernández, coordinador del programa, la pandemia ha ampliado la desigualdad.

“La brecha de desigualdad está más marcada. Los servicios del gobierno cerraron (durante el lockdown) y nos quedamos a la deriva. La pandemia no tocó a todos por igual”, aseguró.

Hernández y otras dos personas del programa visitan las rutas por comunidades de San Juan y Carolina para un programa de intercambio de jeringuillas, pero a su vez, también reparten mascarillas y suplen estaciones de agua para promover el lavado de manos, iniciativa que implementaron al inicio de la pandemia.

“El problema del agua es desde antes, que no hay acceso a agua pública para todos los que están en la calle”, dijo el líder del grupo. A la par con el establecimiento de los lavamanos comunitarios, hubo una campaña de orientación sobre la forma correcta de lavarse las manos por medio de ilustraciones sencillas de entender.

Mientras Hernández hacía constar los esfuerzos y retos de atender a esta población en medio de una pandemia, se pudo observar el intercambio de jeringuillas. Los participantes entregan las jeringuillas en un recipiente biohazard y se les entrega un paquete de jeringuillas nuevas, parafernalia y material educativo.

“Mira, a mí no me han dado los $1,200, a todo el mundo le llega y a nosotros no porque somos de la calle”, denunció Menor en voz alta, con una mirada de intranquilidad que se asomaba entre las rejas del espacio.

Y es que Menor intentó recibir el dinero del estímulo federal con la asistencia de Iniciativa Comunitaria, pero todavía no ha rendido frutos.

Luego de brindar los servicios en este espacio, es hora de recoger y moverse a otra comunidad en igual necesidad.

“Buenos días, muchachos, estamos haciendo intercambios ya, no sé si quieran aprovechar”, exclamó Franchely Soto, del programa Punto Fijo, al llegar a la segunda parada del día en un área de ‘shooting’, lugar donde se inyectan. Estos son espacios abandonados, con poca o ninguna higiene y sin servicios básicos.

Los participantes responden al llamado, e inmediatamente recogen las jeringuillas en su entorno para intercambiarlas por nuevas.

Julio García fue uno de los que se acercó y accedió a hablar sobre su experiencia.

“Ahora tenemos restricciones. Usar las mascarillas, que ayudan a nosotros y a otros. Hay que tener precaución, estar más pendiente de tener mascarilla, pendiente a los demás y dar orientación”, dijo.

Como parte del recorrido que realizó EL VOCERO con integrantes de la organización Iniciativa Comunitaria, se observó cómo a través del programa se orienta a los participantes para “reducir daños”, como parte de una filosofía para promover la salud colectiva.

Otros esfuerzos que realiza esta organización es realizarles pruebas rápidas para la detección de VIH, y a esto han agregado también hacer las pruebas rápidas de Covid-19. También tienen una iniciativa de colocar una caja sellada con Naloxone, que es usada en caso de sobredosis.

Rodríguez reflexionó como cada evento significativo como el paso de María, y ahora la pandemia, trastocan el acceso a los servicios básicos de la población más desventajada y a su vez impone nuevos retos a las organizaciones sin fines de lucro.

Por su parte, la directora ejecutiva de Iniciativa Comunitaria -organización que agrupa ocho programas de salud para personas sin hogar y con adicciones- Yorelys Rivera, destacó el rol de las organizaciones comunitarias para dar apoyo a esta población.

“La necesidad siempre ha estado en la calle, pero esta pandemia del Covid-19 ha agudizado las necesidades de las personas sin hogar”, destacó, al repasar las gestiones realizadas en estos los últimos meses.

Justo al inicio de la pandemia, las necesidades de estas comunidades fue el acceso a comida, ya que muchos establecimientos cerraron y no había personas en la calle para que le donaran dinero para adquirir víveres. Así que, en esa primera fase de la pandemia, el programa reajustó su rol y entregaban comida caliente. Igualmente, llevaron a cabo el proceso de orientación hacia la comunidad que no tiene acceso a los medios de comunicación tradicionales.

“Nosotros no hemos cerrado ni un día desde marzo. Cuando el área estaba desolada por el lockdown, la población estaba a gritos pidiendo servicios, así que hicimos una ruta de comida los siete días de la semana en 12 comunidades”, recordó.

También destacó la importancia de adaptar el mensaje del gobierno sobre cómo se podían proteger, así como las clínicas de pruebas rápidas de Covid-19 que comenzaron a realizar desde abril.

De otra parte, aseguró que no fue hasta hace dos semana cuando les llegó la respuesta de parte de la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (Assmca) sobre el protocolo que se debe seguir si una persona sin hogar arroja positivo al virus. Ya se identificó un centro donde se puede aislar para que no ocasione otros contagios.

“Hoy sí hay donde canalizarlo, pero en los pasados seis meses no lo hubo”, denunció.

Algunas de las limitaciones por el Covid-19 que se ha enfrentado en Iniciativa Comunitaria, es la reducción de personas que pueden aceptar en su programa de detox. Aunque hay espacio para 22 participantes, actualmente operan con entre 10 y ocho pacientes para garantizar un distanciamiento adecuado. Otra iniciativa que cambió fue la de curar las úlceras. Ahora proveen el kit y las instrucciones para que los realicen los mismos participantes.

De acuerdo al último conteo de personas sin hogar que realiza el Departamento de la Familia-realizado en enero de 2019-, hay 2,500 personas sin hogar y 2,300 que viven en albergues.

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