Alimentar perros realengos

Semanalmente emplea esfuerzos para comprar alimentos destinados para animalitos realengos que residen en su urbanización o condominio, pero un grupo de vecinos se opone a que les sirva comida y han recogido firmas para evitar su misión. Acto seguido, se pregunta qué alternativas tiene para seguir adelantando los intereses de los animales.

De entrada, es importante destacar que en Puerto Rico no existe legislación que prohíba alimentar a los animales realengos. Sin embargo, ello no ha sido impedimento para que se generen controversias relacionadas a este asunto y que escalan a un tribunal. En ocasiones hemos encontrado lamentables situaciones de envenenamiento de animales como solución a la supuesta incomodidad que pudiera representar el que una persona alimente a los animales realengos.

Sepa que el envenenamiento de animales es un delito al amparo del Artículo 11 de la Ley 154 de 2008, conocida como Ley para el Bienestar y la Protección de los Animales. Este artículo dispone que el delito de envenenamiento se configura cuando una persona utiliza cualquier tipo de veneno -aunque para ello contrate a un tercero- sin tomar las medidas necesarias y, como consecuencia, el animal sufre una lesión física. Asimismo, dicho artículo hace la distinción y no aplicaría lo anterior cuando se  está ante una plaga, la cual es así determinada por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales. Esto significa que determinar que los animales realengos son una plaga para así justificar su exterminio, además de ser un acto cruel e inhumano, es un delito.

Cabe señalar que jamás será defensa el que un animal haya penetrado sus predios para justificar el envenenamiento. Ahora bien, un animal realengo, al amparo de la Ley 154-2008, es “aquel que no tiene un guardián conocido; mientras que un guardián es aquel que tiene control, custodia, posesión o título sobre un animal”. Por consiguiente, la persona que alimenta animales realengos no se convierte en el guardián de estos animales pues no cumple con los mencionados criterios.

Claro está, el acto de alimentar animales realengos conlleva, además de compasión y caridad, mucha responsabilidad en la medida en que el espacio utilizado para alimentarlos pudiera ser, a su vez, el espacio de tu vecino. Por lo tanto, debe ser consciente del lugar en el que alimenta a los animales y mantenerlo siempre limpio y libre de desechos que pudieran afectar a terceros. Recuerde que existen reglas no escritas de urbanidad que hacen necesario el que todas las partes cooperen para respetar la mutua convivencia.

Un dato importante es el fin que persigue alimentar estos animalitos: rescatar y rehabilitarlos para que sean adoptados. Por otro lado, los efectos de una prohibición para alimentar en virtud de un reglamento aprobado en una urbanización o condominio pueden ser detenidos mediante conversaciones de buena fe entre las partes afectadas o impugnadas formalmente. De igual forma, lo anterior representa la perfecta oportunidad para que dicho lugar se convierta en uno “Pet Friendly” a través de seminarios brindados por miembros de la comunidad jurídica y rescatistas, entre otros.

Tenga presente que los animales realengos no escogieron vivir en ese estado tan indigno; seamos sensibles y compasivos ante sus necesidades tomando en cuenta que ellos también padecen hambre, sed y miedo y no merecen sufrir.

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La autora es presidenta de la Comisión Especial sobre los Derechos de los Animales del Colegio de Abogados de Puerto Rico y voluntaria del Santuario de Animales San Francisco de Asís, Inc. (Sasfapr).