Fanáticos ingresan al estadio Centroamericano

Dos fanáticos ingresan al estadio Centroamericano en Mayagüez. 

MAYAGÜEZ – En la entrada del estadio Centroamericano, en Mayagüez, la puerta semiabierta y el bullicio de una avalancha de fanáticos en las escaleras era un claro indicio de que algo atípico estaba pasando en medio de la pandemia del covid-19.

Allí, el sonido de cientos de zapatos rozando la brea y el intermitente sonido del detector de metales iba contando una nueva historia: alrededor de 1,115 fanáticos ingresaban a un evento deportivo profesional por primera vez desde que todo cambió en marzo de 2020.

“Yo me vacuné y la mayoría aquí también se ha vacunado. Estoy bien tranquila”, exclamó con seguridad Isabel Matos, de 67 años, mientras esperaba el inicio del partido entre Puerto Rico y Bahamas, que se celebró el miércoles con un 50% de capacidad, como parte las eliminatorias de la Concacaf a la Copa del Mundo FIFA de Catar 2022.

Matos –con su camisa roja y bandera de Puerto Rico en mano– fue una de las primeras fanáticas que pasó el riguroso protocolo de entrada. Temperatura, desinfectante, tarjeta de vacunación, mascarilla y distanciamiento físico. Nada que no hubiese anticipado al emprender su largo viaje desde Canóvanas, a unas dos horas y 40 minutos de distancia de Mayagüez.

También, fue una de las pocas que esquivó el tortuoso proceso en una arrinconada carpa roja, ubicada en el extremo derecho de la entrada principal. Allí, un grupo de 15 fanáticos se iban sorteando dos sillas de plástico para conseguir el más importante “boleto” de entrada: un resultado negativo de la prueba de anticuerpos de covid-19 a falta de evidencia de vacunación.

Y una vez adentro, todos encontraron libertad, calor, humedad y bullicio. Una fusión que se confundía también con el buen sabor del regreso de los fanáticos y el olor a fritura que provenía de la única cantina abierta en la esquina derecha del pasillo principal.

Dentro de la instalación los espectadores debían ocupar sus sillas designadas dejando la fila de adelante y varios asientos del lado libres. De vez en cuando también debían seguir las instrucciones de un hombre engabanado, con un ‘walkie-talkie’ en la mano y un audífono transparente en su oído derecho –al estilo de un agente secreto–, que iba brindando recordatorios amistosos a aquellos que no tenían su mascarilla puesta.

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Las personas, sin embargo, podían moverse libremente para recurrir a la cantina o al servicio sanitario. Hasta que empezó la fiesta deportiva. La primera en 447 días desde aquel cierre total el 15 de marzo de 2020. Los fanáticos vitorearon tan fuerte a la selección boricua que sus gritos y aplausos se convertían en una onda de expansión que llegaba a cada esquina de aquel estadio ocupado a medio pocillo, pero con capacidad para 12,175 fanáticos.

“Yo estaba tan feliz que quería ser ‘cheerleader’. Ver la ejecutoria de Puerto Rico fue fantástico. Lo disfruté un montón. Me sentí tan segura que me hubiera quitado la mascarilla, pero hay que continuar protegiéndonos. Hacía falta salir y despejar la mente”, reconoció Matos.

Puerto Rico logró su primer triunfo de las eliminatorias con una goleada de 7-0 sobre Bahamas.

“Hace mucho tiempo no se ve un evento así con fanáticos y la selección nacional de algún deporte. Fue bien bonito que cada vez que metíamos un gol se escuchaban los fanáticos”, comentó, por su parte, el capitán del equipo boricua, el defensa Nicolás Cardona.

En efecto, este fue el primer evento deportivo que se celebra con público en la Isla desde marzo de 2020 con el aval del Departamento de Recreación y Deportes (DRD) y el Departamento de Salud. De hecho, el gobernador Pedro Pierluisi anunció ayer, jueves, que elevará de un 30% a 50% la capacidad de público en las gradas en coliseos cerrados.

Esto es finalmente un rayo de esperanza que atraviesa la puerta semiabierta de la reapertura del sector deportivo y que aviva el deseo de ver completado el retorno de los fanáticos una vez se le gane el juego a la pandemia.