Pierluisi

Con el panorama electoral definido, tenemos más certeza con respecto al liderato de la rama ejecutiva en los Estados Unidos y en Puerto Rico. Joe Biden y Pedro Pierluisi, asumirán el destino de los respectivos gobiernos a partir de enero del 2021, en un ambiente de grandes expectativas.

La transición del poder gubernamental ocurre en un momento histórico para la humanidad, que lucha contra la pandemia del Covid-19 y sus efectos económicos destructivos globales. Sin embargo, para Puerto Rico, la elección del demócrata Biden tiene una alta relevancia y significado.

Tanto Biden como Pierluisi se proyectan como figuras conciliatorias que tendrán la misión de unificar a sus respectivos constituyentes y gestar un proyecto de recuperación económica, allá y acá. Del lado local, no podemos olvidar que Puerto Rico forma parte de la economía norteamericana y debemos promover políticas económicas que nos conecten más a las dinámicas productivas de la economía más grande del mundo.

Durante el cuatrienio que está a punto de finalizar, fuimos testigos de los ataques del saliente presidente Donald Trump y una hostil narrativa hacia los temas de Puerto Rico. La foto de Trump lanzando papel toalla a una multitud en un barrio de Guaynabo luego del huracán María, simboliza la disfuncional relación entre su gobierno y Puerto Rico.

Desde el 2018, el gobierno federal y el local han arrastrado los pies en todo lo relacionado a los procesos para liberar los fondos para iniciar la reconstrucción por los estragos del huracán María. El colapso de la administración Rosselló en el verano del 2019, se convirtió en otro escollo para viabilizar el flujo de los fondos federales que necesita Puerto Rico.

El ascenso de Joe Biden y de Pedro Pierluisi, ambos demócratas, crea las condiciones ideales para desarrollar una nueva relación con el gobierno federal que esté cimentada en la credibilidad y la confianza.

El primer paso debe comenzar localmente, con una estrategia para rehabilitar la credibilidad de la Isla ante la rama ejecutiva y el Congreso Federal. En una segunda instancia, la nueva administración local junto con el sector privado debe desarrollar una estrategia de desarrollo económico que se implemente de forma paralela al flujo de fondos federales. Puerto Rico no puede seguir dependiendo de fondos y programas de los cuales no tienen ningún control.

En tercer lugar, el nuevo gobierno tiene que tirar puentes con la Junta de Control Fiscal y trabajar de forma coordinada para implementar las reformas estructurales y el plan de ajuste fiscal para comenzar a pagar la deuda y sacar a la Isla de la quiebra. Seguir peleando con la JSF, solo alarga la estadía de la JSF que comenzó en el 2016 y nos mantiene en un limbo fiscal y económico.

En cuarto lugar, ante la clara división política que hay en la Isla, el nuevo gobernador deberá tirar puentes y usar su liderato para construir los consensos necesarios para poder gobernar. Puerto Rico tiene que sanar las heridas abiertas de lo que fue un cuatrienio bien traumático por los eventos naturales, políticos y la quiebra gubernamental.

En fin, miremos el inicio del 2021 como una nueva oportunidad para comenzar a hacer cosas grandes y abrazar la posibilidad de reconstruir la economía puertorriqueña. La recuperación total de la Isla tomará una década, pero tenemos que comenzar ya.

Este análisis fue redactado por la unidad de investigaciones de Inteligencia Económica, disponible para suscriptores junto a más de 200 indicadores económicos y herramientas de inteligencia de negocios para su empresa.

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