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Aunque reconocen una baja tasa de participación laboral en la Isla, expertos en los temas de empleo y economía sostuvieron que la cifra no es sinónimo de desinterés en las personas con capacidad productiva para obtener un trabajo o impulsar una gestión de autoempleo de negocio.

También rechazaron el argumento que pretende caracterizar a muchos puertorriqueños como conformistas. Empero, dijeron —por separado— que el gobierno puede contribuir mucho más en las aspiraciones de progreso de los ciudadanos y replantearse sus políticas de asistencia.

El exsecretario del Departamento del Trabajo, Ruy Delgado Zayas, expresó que la “sociedad ha desarrollado la cultura de dependencia de un sector que está aprisionado por un sistema que lo induce a que el gobierno le resuelva todos los problemas, lo que es una navaja de doble filo. A pesar de todo eso estas personas tienen muchos logros y metas. Que haya escasez de trabajo y se vayan muchas personas del País, es indicador de que tienen deseo de mejorar”.

Según Delgado Zayas, el gobierno ha promovido que una parte de la población no sepa o busque desarrollarse para subsistir con sus propios medios económicos.

“El modelo económico de Puerto Rico es hacernos atractivos al inversionista para que venga y le brinde trabajo al puertorriqueño. No se desarrolló una visión de empresarismo, no se habla de la importancia de valernos por nosotros mismos. Lo vemos en que el 85% de lo que consumimos viene de afuera de la Isla. La gente aprendió a ser empleado de alguien, pero ahora más vale que nos inventemos algo para sobrevivir a la pandemia, porque muchas compañías están descubriendo que tenían empleados que no necesitaban. Con los avances de la tecnología y la globalización, el empleo no aumentará”, advirtió el exsecretario.

Deseo de superación

A pesar de la cultura de dependencia que hace que la tasa de participación laboral de Puerto Rico sea el 40.8% de su población, el ánimo de obtener mejores ingresos y una mejor calidad de vida está latente en gran parte de los ciudadanos.

“Hay un sector que es muy productivo, se reinventa y es el que mantiene la economía de la Isla. El puertorriqueño tiene muchas ambiciones, pero el propio sistema lo inutilizó, le quitó la iniciativa. Los títulos universitarios son muchos, pero la opción de empleo es limitada. El enemigo de la creación de empresas en el País es el gobierno, porque le complica los procesos, como los permisos. Pasan ‘la de Caín’ para abrir un negocio y no se trata al puertorriqueño igual que al que viene de afuera. Los incentivos se les dan a las empresas grandes y no al pequeño comerciante local. El mismo gobierno busca ser indispensable”, aseguró.

Su perspectiva es que el gobierno sigue ofreciendo ayudas que nunca se materializan, por lo que las personas que quieren salir adelante con su propia empresa se frustran y desisten de la idea.

“El gobierno tiene que cambiar su enfoque e incentivar sectores importantes como la agricultura. No promueve premiar a quien se atreve a poner un negocio y se nos va la vida en eso. Ningún país echa para adelante sin trabajo y sacrificio. El joven del futuro no quiere ser empleado, tiene ambiciones, pero también hay una contradicción con una cultura de dependencia”, añadió Delgado.

Por su parte Juan Carlos Sosa Varela, decano de la División de Negocios, Turismo y Emprendimiento de la Universidad Ana G. Méndez y profesor de Negocios Internacionales, defendió la calidad del profesional puertorriqueño que busca crecer en el ámbito empresarial.

“El puertorriqueño se distingue por su nivel de productividad —que comparado con otros países es superior— lo que le da una gran ventaja competitiva. Eso se demostró luego del huracán María cuando días después las farmacéuticas ya estaban funcionando. La fuga de cerebros es un reflejo de que las personas quieren superarse. El joven busca crecer profesionalmente y lo veo en muchos de mis estudiantes que son la primera generación que estudia en sus familias”, indicó el decano.

Señaló que la paga es un factor que hace que muchos jóvenes busquen educarse y desarrollarse para lograr posiciones de empleo con mejores salarios y beneficios.

“El mínimo de paga es una estructura de la industria al detal, así funciona la sociedad. No se puede atar la productividad con los salarios bajos. Hay ciertas profesiones que siempre tendrán el salario mínimo y eso es una brecha que existe en Puerto Rico. El deseo de mejorar se ve reflejado en la universidad en los programas graduados. Optan por maestrías o doctorados para mejorar social y económicamente. Puerto Rico está entre las tasas más altas de educación superior, porque la gente busca incrementar su potencial profesional”, puntualizó el profesor.

Una nueva generación

Sosa asegura que los jóvenes buscan alternativas de empleo de autosustento y que el gobierno debe apoyarlos para crear un país más competente y menos dependiente.

“Tenemos una sociedad homogénea con muchas subculturas y pobreza, pero la mayoría busca superase y abordar oportunidades, pero en términos territoriales la oferta de empleo es limitada. Las nuevas generaciones no tienen en mente el mantengo, buscan eficiencia y eficacia. Para lograr el desarrollo económico necesitamos personas competitivas que hagan empresas, industrias y el País competitivo. Recibir ayudas no lo hace competitivo. Hay que apoyar al individuo en su desarrollo para tener un gobierno competente y una mejor economía”, acotó Sosa.

Impacto a la economía

 Para el economista Santos Negrón, la conducta pasiva y dependiente condena al País al estancamiento y el retroceso, a la vez que reduce las oportunidades de redistribución de ayuda por parte del gobierno. “La actitud del estado de proveer tiene sus límites. Para lograr desarrollo y crecimiento económico se necesita aumentar la participación laboral. Hay que reforzar la productividad si queremos avanzar como país”, acotó.