Ambiente

El cambio climático es una seria amenaza mundial que exige la adopción de medidas urgentes y firmes para manejarlo. De no tomarse acciones para mitigar su impacto, la pasividad ante un problema que empeorará aumentará los costos económicos a nivel mundial y de gobierno, lo que repercute en la vida de todos los seres humanos.

Esta afirmación es parte de la conclusión del estudio de Nicholas Stern, un economista, académico británico y asesor económico del Reino Unido, que fungió como vicepresidente sénior para el desarrollo económico del Banco Mundial, entre 2000 a 2003.

El documento concluye que el cambio climático incidirá sobre elementos básicos de la vida humana como el acceso al agua, producción de alimentos, salud y medio ambiente. A medida que se va produciendo el calentamiento del planeta, cientos de millones de personas podrían padecer hambre, escasez de agua e inundaciones costeras, realidades que no son ajenas a Puerto Rico y que inciden directamente en la economía local.

“Los efectos del calentamiento global podrían reducir la productividad agrícola a nivel mundial hasta en un 30%. Los suelos están muriendo, hay mucha deforestación, erosión y sequías. Está lloviendo en lugares diferentes y con patrones diferentes, lo que le produce daños permanentes a la flora y fauna. En la Isla, hay bosques agrietados y están bajando los niveles de las corrientes subterráneas en pueblos donde llueve mucho como Jayuya y Orocovis. Yo llevo 25 años diciendo que hay que atender el cambio climático y el gobierno no hace nada para una reforma energética; va en la dirección contraria”, explicó el ambientalista Juan Rosario.

Los resultados de los modelos económicos del estudio Stant, indican que el costo total del cambio climático equivaldrá a la pérdida del 20% anual del producto interno bruto (PIB) global. La inversión ambiental que se realice en los próximos 20 años, tendrá un profundo impacto sobre el clima durante la segunda parte del presente siglo y el próximo. También producirá una importante perturbación de las actividades económicas y sociales, cuya escala sería comparable a las guerras y depresión económica de la primera mitad del siglo XX. Aunque ya no será posible evitar el cambio climático, es posible proteger en cierto grado las sociedades y economías de sus consecuencias, con una mejor planificación y creando una infraestructura y cultivos con mayor resistencia a las condiciones climáticas.

“Aquí siguen dando permisos para construir en las costas y siguen destruyendo bosques. El enfoque de la economía está equivocado. Siembran cemento, la economía no tiene futuro con la destrucción del planeta. El 70% de los materiales que utilizamos, a los seis meses está en los vertederos y el planeta ya no aguanta más. Las crisis del agua, alimentaria y de contaminación, con el panorama del cambio climático, se van a poner peor”, declaró Rosario.

El ambientalista recomienda la economía circular y restaurativa que logre que los materiales permanezcan utilizables por más tiempo con su re uso, pero para lograrlo es necesaria una política pública que la apoye.

Ausente la prevención

“No hay una política para el manejo de los recursos naturales que permita atender el cambio climático. Estamos en la crisis más grande de la historia de la humanidad y es posible que veamos la extinción del ser humano en este siglo. Hay especialistas que afirman que ahora el problema no es el Covid-19 —que debería ser un catarro común— es la contaminación lo que nos está matando porque nos debilita el sistema inmune. Desde 2018 se planteó que tenemos las condiciones perfectas para una pandemia”, declaró Rosario.

Según su punto de vista, en Puerto Rico se arregla todo luego de las catástrofes y no existe una mentalidad de prevención, por lo que el resultado son parchos y no soluciones.

“El gasto es para los recursos de recoger, limpiar y arreglar, no para la prevención de la salud o la educación. El coronavirus va a matar más gente por la economía que por los contagios, porque la gente pierde los trabajos y ha dejado de atender sus enfermedades. El sistema de salud está capturado por las farmacéuticas y aseguradoras, cada día está peor”, reaccionó Rosario.

Respecto al tema, el economista José Alameda se mostró de acuerdo con la carencia de un plan para atender los cambios ambientales y la falta de conciencia que hay en el País sobre este tema.

“El costo social de los huracanes Irma y María, fue más alto que el principal de la deuda del País. No se puede controlar este problema si no se reconoce la necesidad de un diseño de desarrollo para mitigar los daños ambientales. Estamos es un país caribeño que está sujeto a problemas como la erosión, por lo que hay que incorporarlos a los planos de desarrollo como los permisos de construcción”, comentó el economista.

Entiende que el impacto a la Isla será catastrófico en el futuro si no se le da prioridad a este sector, que como consecuencias afectará aún más al desarrollo económico local.

“Desatender los cambios y desastres naturales, generará costos. El impacto no lo vemos ahora, se verá en el futuro. Hay que invertir en estructuras y organizaciones que ayuden a mitigar los daños ambientales y no veo que aquí se haga mucho para eso. Todo esto nos cuesta a todos en la manera de vivir, porque cuando pasa un río que se lleva tu casa o hay sequía, se afecta el ciudadano común. No se hacen inversiones para esto, hay demasiada política partidista. Hay que rediseñar un país para que reconozca la vorágine de estos impactos y el presidente Donald Trump no quiere reconocer el problema climático”, señaló Alameda.

Con ellos coincide el ambientalista Pedro Sedé, para quien las decisiones equivocadas que se toman en Puerto Rico no aportan a un real cambio para atajar la contaminación ambiental, ni para la preparación preventiva de sucesos naturales que van a seguir ocurriendo, como las sequías.

“Antes las casas tenían aljibes, tanques para recolectar el agua de lluvia y eso no se implementa en el código de construcción como un requerimiento. No hay una justicia social ambiental de los sectores más golpeados por esta crisis. El proyecto de ley para detener la construcción en las costas nunca progresó y el Reglamento 13 de inundabilidad que toma en cuenta el aumento del nivel del mar, no se aprueba. También hay plagas en la agricultura y la pandemia de coronavirus trajo una crisis en la producción de carne. Hay que cambiar cómo se toman las decisiones”, opinó Sedé, al tiempo que reafirmó que hay que comenzar a realizar los planes de manera diferente, buscando alternativas que protejan los recursos naturales.

“Usar gas metano para generar electricidad es remplazar un combustible por otro, lo que hay que hacer es ayudar a las comunidades a generar su propia electricidad. El contrato de Luma para administrar la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) es para fortalecer el sistema de transmisión, no promueve la energía renovable, es el mismo modelo. También hay que reestructurar los espacios de los centros comerciales respecto la manera que generan energía. Hay que invertir en un consenso social de todos los sectores”, agregó.

Nuevas oportunidades

Finalmente, el informe Stern advierte que el cambio climático generará grandes oportunidades comerciales, con la creación de tecnologías energéticas. Estos mercados podrían alcanzar un valor anual de miles de millones de dólares y constituir una importante fuente de empleo, por lo que evitar el cambio climático y promover el crecimiento económico van de la mano.

“El mitigar los daños ecológicos y crear nuevas formas de energía renovable, podría traer nuevos desarrollos y empresas que crearían empleos, al igual que desarrollar el área de la investigación”, acotó Alameda.

El gobierno había planteado su compromiso para que en 2020, el 40% de la energía que se produzca localmente sea renovable, meta de la cual se encuentran bastante distanciados, ya que apenas la penetración alcanza un 2%, porcentaje que se ha mantenido casi estático por los pasados 12 años.