leche

El Covid-19 ha provocado el cierre de canales de distribución donde en circunstancias normales se mercadea un volumen considerable de leche fluida y productos lácteos derivados.

Por esta razón la Oficina de Reglamentación de la Industria lechera (ORIL) suspendió el recogido de la producción de la leche en las vaquerías que entregan producción a Suiza Dairy y Vaquería Tres Monjitas, provocando el decomiso de 700,000 cuartillos, cifra que —de prolongarse por dos meses adicionales la cuarentena— pudiese dispararse a cuatro millones de cuartillos, asestando un golpe a la industria de más de $2 millones.

Juan Carlos Rivera, portavoz de la Cooperativa de Productores de Leche (Coopple), explicó que el cierre de algunos establecimientos de comida —tales como panaderías, cafeterías, ‘fast foods’ y comedores escolares— ha limitado sobre un 30% la venta de leche fluida y productos derivados. A esta situación se añade el cierre parcial del mercado de exportación de leche de tratamiento térmico destinada a la República Dominicana por ser la Semana Santa, segmento que representa sobre un 10% de la producción.

A ello también se suma que las vaquerías con licencia de ORIL que en circunstancias normales venden parte de su producción a queseras no lo pueden hacer porque en su mayoría se encuentran inoperantes, justo cuando se experimenta un aumento en la producción de leche en las vaquerías, lo que es normal en esta época del año.

Ante la posibilidad de utilizar la leche para otros productos, Rivera enfatizó que el problema es que la oferta está disponible, pero no así la demanda, porque los puntos de ventas en su mayoría permanecen cerrados.

“El problema es que si a nivel de finca optamos por reducir producción sacando vacas de línea de ordeño y esto se logra estabilizar, tomará un tiempo reanudar la producción. Se trata de animales, no de una máquina que se puede reactivar de inmediato. Igualmente hay que esperar a ver la confianza de los consumidores para regresar de nuevo a restaurantes y comercios, esto puede tomar todavía un tiempo adicional”, afirmó.

Golpe a otros renglones

 De acuerdo con Rivera —quien además cultiva frutos— el cierre de los restaurantes y los comedores ha impactado significativamente otros productos agrícolas como los plátanos, que en un 60% se venden a los restaurantes; la carne de cerdo, que se vende en su mayoría a los comedores escolares, y la carne de res, producción que también se distribuye en un alto porcentaje entre comedores y restaurantes.

“Si pasan por las fincas, pueden percatarse de la cantidad de productos frescos perdidos, porque no hay dónde venderlos. Es fácil ir a la calle o a un supermercado e intentar vender una producción limitada. Pero cuando hablamos de cientos de cuerdas, eso no es tan fácil, máxime cuando localmente para los supermercados la producción agrícola local no es la prioridad”, sostuvo.

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