dólar

En la economía hay un concepto que se conoce como la “contabilidad generacional” que permite analizar como evolucionan las generaciones social y económicamente a través del tiempo. Una sociedad que opera por el sendero del progreso y el desarrollo económico es capaz de generar mayor nivel de bienestar económico a cada generación siguiente.

En el caso de Puerto Rico, desde la década del 1950 hasta el 1990, hubo un proceso de expansión económica que permitió crear las condiciones para una contabilidad generacional positiva. Por ejemplo, la generación de mis abuelos, se las vieron mal, creciendo en un Puerto Rico asediado por la pobreza y el hambre, entre el 1915 y el 1950. Esa generación tuvo que luchar duro, para crear las condiciones para un despegue económico e industrial que ocurrió entre el 1948 y el 1960.

La generación que vio progreso y bienestar

La generación de mis padres, nacidos entre el 1945 y el 1950, crecieron en un Puerto Rico que ya comenzaba a crecer económicamente y transitaba hacia la modernidad industrial. Ellos pudieron disfrutar los beneficios de la bonanza de la posguerra, y localmente la expansión de las fábricas (antigua sección 936), el desarrollo de urbanizaciones y la infraestructura de una isla moderna.

Mi generación, nacida entre el 1970 y el 1980, pudo disfrutar algo de esa última era de progreso y crecimiento, que cesó en el 2000, cuando comienza la gran crisis económica. Pudimos salir de la universidad y encontrar trabajo y tuvimos un corto período de condiciones buenas que nos incentivaron a quedarnos a vivir en la Isla. Hoy, los de mi generación tienen entre 40 y 50 años, y viven en un Puerto Rico muy diferente del que nacieron.

Las condiciones cambiaron y hoy nuestra generación se debate entre quedarse o irse de la Isla, ya que las posibilidades que una vez ofrecía la Isla se han desvanecido. Por primera vez, desde el 1950, una generación deja en peores condiciones a una siguiente generación. Una depresión económica, la mala gestión fiscal, el endeudamiento masivo por parte de los diferentes gobiernos, la corrupción, y el deterioro en la calidad de vida son el legado que se le ha dejado a la generación que nació a partir del 1995.

La generación que le dejamos una deuda de $120,000 millones

Esos jóvenes que hoy tienen 25 años, contrario a las pasadas generaciones, no ha visto progreso económico, ni bonanza, o posibilidades, solo han experimentado austeridad, problemas fiscales, y un caos gubernamental sin precedentes en nuestra historia moderna. Para acabar de complicarles su futuro, a esa generación se les está dejando la responsabilidad pagar una deuda pública de $70,000 millones y el pago de $50,000 millones en pensiones a los empleados públicos.

Por eso le llamo la generación hipotecada, porque por primera vez estamos dejando una deuda masiva y complejos problemas económicos a la siguiente generación.

Esta generación tiene razones suficientes para estar frustrada y molesta con nosotros y con el liderato político de la Isla. Nos endeudamos y consumimos los beneficios que proveyó esa deuda, y ahora les dejamos “el hueso” para que se las arreglen.

Por eso y otras razones, muchos de estos jóvenes de la generación hipotecada, han optado por irse de la Isla, a buscar mejor suerte en otro lugar. Esa generación sabe que no solamente, están endeudados, sino que no existen el liderato ni las condiciones para mejorarles el futuro en su propia tierra.

A la minoría de esa generación que ha decidido quedarse, mi abrazo solidario, estoy convencido de que tenemos las condiciones para reconstruir un nuevo Puerto Rico, sumando ideas y las voluntades que permitan hacer viable un futuro digno en esta isla hermosa.

Este análisis fue redactado por la unidad de investigaciones de Inteligencia Económica, disponible para suscriptores junto a más de 125 indicadores económicos y herramientas de inteligencia de negocios para su empresa.

Para más información sobre nuestra firma o nuestros servicios, PRESIONE AQUÍ