Pobreza

El análisis de Calero sugiere que la pobreza se ha intensificado a consecuencia de la recesión económica en que ha estado sumergida la Isla durante las últimas siete décadas.

Diversos análisis económicos coinciden en que el fenómeno de la pobreza en Puerto Rico cambió de tonalidad y tomó visibilidad tras el paso del huracán María, evento catastrófico que dejó daños severos tanto en el sector público como en el privado.

Una publicación de la firma H. Calero Consulting Group, dirigida por la economista Heidie Calero, señala que el nuevo rostro de la pobreza después del huracán está compuesto por niños, mujeres, negros y aquellas personas que viven en las zonas montañosas, convirtiendo a la Isla en la jurisdicción más pobre de Estados Unidos.

Las estadísticas antes del huracán mantenían la tasa de pobreza en 44.3% y ahora con el cambio de realidad, el estudio afirma que esa cifra aumentaría a entre 52.4% a 60 por ciento para finales del año entrante, lo cual representa a más de la mitad de la población de la Isla.

El análisis divulgado en Economic Pulse asume además que el 125% de los puertorriqueños que vivían sobre los niveles de pobreza antes del huracán caerán en pobreza. “Estos escenarios no tienen en cuenta los potenciales efectos de la propuesta reforma contributiva federal, que se discute en Estados Unidos”, lee el documento.

Mientras esto ocurre el gobierno tambalea con el peso de una deuda pública que se acerca a los $70 mil millones y la Junta de Control Fiscal ya ha expresado a favor de que el Congreso de Estados Unidos recorte fondos a programas sociales. Entre estos, el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) que beneficia a cerca de 600 mil familias puertorriqueñas.

En recientes expresiones públicas y en momentos en que más de la mitad de la ciudadanía carece de servicios esenciales, la administración Rosselló atribuyó la pobreza al estatus colonial de la Isla ante el relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Philip Alston.

Esto según un comunicado de prensa que emitió secretario de Estado, Luis Rivera Marín, en su función de gobernador interino. “Que somos pobres porque carecemos de los poderes más básicos de una democracia: el poder de votar por los funcionarios que nos representan ante el Congreso y el Ejecutivo. La colonia nos está estancando”, dijo Rivera Marín.

Sin embargo, el análisis de Calero sugiere que la pobreza se ha intensificado a consecuencia de la recesión económica en que ha estado sumergida la Isla durante las últimas siete décadas.

“Ahora, necesitamos volver a revisar nuestra visión económica y de planificación, que sea más enfocada en el nichos competitivos dentro de la agricultura, el turismo y servicios de alta tecnología”, recomienda el análisis.

Las implicaciones sociales

Para Calero, la pobreza en Puerto Rico obstaculiza la habilidad de aprendizaje en los niños y contribuye a que desarrollen problemas de conducta y emocionales. “Los riesgos son mayores para los niños que experimentan pobreza cuando son jóvenes y experimentan una pobreza profunda y persistente”, expone el análisis.

Además, del impacto en los menores la pobreza puede incrementar la incidencia criminal en las calles, especialmente por delincuentes menores de edad. Según datos citados, la Isla ocupa el lugar 195 en el número de homicidios cometidos por cada 10.000 habitantes en 2016.

“Cuando una persona es pobre, él o ella contribuye meno en contribuciones al País”, agrega el documento.

El estudio de la economista coincide con una publicación reciente del Centro de Información Censal (CIC) de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Cayey, donde se detalla que la tasa de pobreza después del huracán puede alcanzar el 52.3%.

El director del centro, José Caraballo Cueto, atribuyó el alza a que muchas personas que trabajaban antes del huracán tienen más gastos y menos ingresos, ya sea porque laboran menos horas o que perdieron el empleo.

El también economista mencionó que la población infantil en Puerto Rico es la más vulnerable a la pobreza y sugirió que la recuperación se debe priorizar en los municipios, donde de cada 10 niños hay siete u ocho bajo los niveles de pobreza.