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La pérdida económica directa y el daño a causa de fenómenos naturales en 2020 a nivel mundial, se estimó en $268,000 millones. >Suministrada

El aumento de fenómenos atmosféricos que afectan o destruyen la propiedad mueble e inmueble crea un efecto adverso en la economía debido a las pérdidas no aseguradas, lo que requiere de la reevaluación de las pólizas, según la conclusión del Informe anual 2020 de la empresa Aon sobre perspectivas del tiempo, clima y las catástrofes.

Los hallazgos del informe indican que 2020 resultó ser uno de los años más difíciles de la historia moderna, después de una serie de desastres naturales con impacto humanitario y financiero considerable, junto con la pandemia mundial más grave desde 1918.

La pérdida económica directa y el daño a causa de fenómenos naturales en 2020 a nivel mundial, se estimó en $268,000 millones. Aunque esta cifra es mucho menor que los años de pérdidas pico —2011 ($557,000 millones) y 2017 ($485,000 millones)— está por encima del promedio —con $244,000 millones— y la mediana de $246,000 millones.

Esta realidad ambiental, junto a factores como el aumento de la población en regiones propensas al impacto de las condiciones climáticas, ha afectado la cobertura de los seguros a nivel mundial, dejando al consumidor desprovisto de la ayuda necesaria para reponerse luego de un desastre de gran magnitud.

Sergio Gómez, director gerencial de Analítica de Aon Latinoamérica, expresó que los “eventos catastróficos y el factor demográfico de más personas mudándose a las zonas más expuestas a los fenómenos atmosféricos —como las costas del este, oeste de Estados Unidos y Golfo de México— hace que las pérdidas no aseguradas hayan crecido con una tendencia a tarifas muy infladas. El cambio climático trae tormentas, huracanes, eventos de lluvia extrema, inundaciones e incendios forestales que han comenzado antes de la época por el aumento en las temperaturas y sequías”.

La consecuencia, según explicó, es que se esté asegurando solo una tercera parte de la propiedad afectada en estos eventos destructivos, por lo que las pólizas no son suficientes para la recuperación de los ciudadanos, negocios y empresas.

“Las cubiertas no están cumpliendo con su rol en la sociedad; no ayudan a recuperarse ante una catástrofe. Para el huracán María, la pérdida económica asegurada en la Isla fue de $90,000 millones y de ese total, los seguros pagaron cerca de $30,000 millones, lo que va con la línea global de que paga cerca de un tercio del total de las pérdidas. En los terremotos la pérdida asegurada fue de $1,500 millones, de los cuales se pagaron $425 millones”, aseguró el ejecutivo, refiriéndose a que una gran parte de las propiedades no estaban aseguradas adecuadamente para una catástrofe, por lo que empresas de seguros deben orientar mejor a sus clientes a elegir la cobertura correcta.

Cabe resaltar que estas cifras son mucho más altas que las que tienen muchos países de Latinoamérica, donde los seguros desembolsan una cantidad mucho menor.

“En otros países la brecha de la cobertura es mucho más grande, de cada $100, se paga solo el 15%. No cumplen las aseguradoras con su rol social. Si siguen así van a dejar de ser relevantes. Entre el 1990 y 2020, en Latinoamérica las pérdidas aseguradas fueron de $95,000 millones, de los cuales el 45% se reportó durante el 2017, un año sin precedentes en la región. En María la pérdida fue de $31,000 millones y en Irma $9,000 millones”, añadió Gómez.

Las tarifas cada vez son más altas, por lo que es esencial que el consumidor se informe bien sobre cuáles son las alternativas para proteger su propiedad, ya que se proyecta que las catástrofes atmosféricas sigan aumentando en el futuro.

Karla Ruiz, gerente de Propiedad y Contingencia de Aon Puerto Rico, agregó que esto “no solo ocurre en Puerto Rico, ocurre en muchos países. Las tarifas son cada vez más altas y se buscan alternativas a tono con el mercado, como el seguro paramétrico que es un complemento para los seguros tradicionales”.

Se refirió al seguro que no depende de una pérdida financiera ni de la evaluación de un ajustador, sino de que ocurra un suceso —como un huracán que afecte zonas específicas y con un máximo de vientos determinado con anterioridad— para recibir automáticamente la compensación sin ningún tipo de evaluación de daños. Estos seguros son menos costosos, pero la cobertura también es menor.

“Hay que empezar a diseñar proyectos de seguros no tradicionales para ayudar a la protección de propiedad y llegar a los sectores que no están protegidos, con recursos y procesos expedidos para responder a los seguros”, exhortó Gómez.