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Un estudio de caso sobre el emprendimiento en la Isla realizado por Foundation for Puerto Rico (FFPR) evidenció la relación directa que existe entre la creación de empresas y el crecimiento en empleos y la productividad.

Sin embargo, para el éxito del emprendimiento es imprescindible el desarrollo del ecosistema social, el cual según Anneliz Oliver, gerente de programa de desarrollo económico de FFPR, no es replicable.

Aseguró que existen contextos variables, por lo que cada lugar tiene que trazar su propio ecosistema, lo que conlleva el próximo paso, que es la descentralización, para que se pueda lograr acceso equitativo en las ayudas y servicios que permitan el desarrollo.

Como primer paso, el estudio establece que los emprendedores no son un grupo homogéneo y que las buenas ideas y los emprendedores capaces se encuentran en todas las comunidades y abarcan una amplia gama de antecedentes socioeconómicos, geográficos y educativos.

Se estipula que estos trasfondos contrastantes exponen la necesidad de un enfoque personalizado que permita generar ideas nuevas y creativas que acojan la diversidad.

Oliver apuntó a que en Puerto Rico la mayoría de los esfuerzos y programas de apoyo empresarial se concentran en el área metropolitana, que comprende la capital de San Juan y los municipios vecinos.

Esto significa que los emprendedores aspirantes en comunidades rurales e históricamente desatendidas son a menudo pasados por alto y se encuentran en desventaja.

Ante esta realidad, Oliver reconoció la importancia de nivelar el campo de juego para cerrar las brechas en el acceso. “Si el objetivo es mejorar la resiliencia a nivel regional, se necesitan ecosistemas empresariales fuertemente conectados para desarrollar las capacidades necesarias para superar barreras y obtener empresas más exitosas que sean impulsadas por la innovación”, expresó.

Una vez lograda la descentralización —que permite la visibilidad del futuro empresario—, indicó que son importantes la integración y el apoyo empresarial, que va desde allegar capital hasta acceso a infraestructura.

“Se trata de un aprendizaje colectivo. La integración entre todos los componentes es esencial. Perseguimos desarrollar una cultura de emprendimiento en la Isla”, afirmó.

En ese esfuerzo por llegar a todas las comunidades FFPR ha desarrollado con otras organizaciones programas encaminados a ofrecer apoyo a los empresarios. La ayuda ofrecida ha ido desde lo económico hasta la revitalización de activos que permitan promover el turismo hacia esas zonas.

Impacto de los programas

Como parte de las iniciativas que estableció FFPR para apoyar a los empresarios de la zona sur del País tras los terremotos de 2020, la organización reactivó el Small Business Support Program (SBSP) a través del fondo de emergencia Puerto Rico Earthquake Relief Fund.

Este programa impactó los negocios en los municipios de Ponce y Guánica mediante ayuda económica y asistencia técnica especializada.

A través de la iniciativa, se informó que otorgaron $80,000 en subvenciones económicas a 22 negocios del área sur, que incluyeron restaurantes, tiendas al detal y supermercados, específicamente del casco urbano de Ponce y el Malecón de Guánica.

Los beneficiados recibieron subvenciones económicas de entre $1,000 y $7,500 que pudieran cubrir las necesidades de acceso a capital a corto plazo o ayudarlos a mejorar la capacidad de recuperación de sus instalaciones en respuesta a los desastres naturales.

Bajo el programa Emprende360, se indicó que lograron la “graduación” de 16 nuevos empresarios. El programa, que se extendió de enero a diciembre de 2020, ofrece capacitación empresarial con la colaboración de otras organizaciones de la Isla con el fin de generar nuevas ideas de negocio.

Mediante la integración de estas organizaciones, aseguran que se creó un modelo dirigido a la resiliencia económica. Estos 16 empresarios completaron el programa y desarrollaron 11 ideas de negocio.

Otra iniciativa que han puesto en marcha es Bottom Up —que comenzó en 2017 tras el paso del huracán María—, como una estrategia de recuperación económica basada en un modelo sostenible que apoya a las comunidades para que sean más resilientes y proactivas en el desarrollo de sus activos sociales, naturales y culturales.

Se explicó que el programa apuesta a la colaboración entre los sectores. Durante seis meses el equipo de trabajo se muda a la región que está apoyando para adentrarse en la comunidad y conocer sus fortalezas, necesidades y áreas de oportunidad.

Desde su comienzo han establecido el programa en regiones de Aguadilla, Arecibo, Barceloneta, Cabo Rojo, Camuy, Ceiba, Fajardo, Humacao, Isabela, Luquillo, Manatí, Naguabo, Orocovis y San Germán.

A través del Bottom Up, se añadió, han apoyado a sobre 500 organizaciones sin fines de lucro y más de 600 negocios.

Además, como parte del componente de infraestructura y necesidades básicas, se indicó que han distribuido más de 3,300 productos para fomentar la resiliencia, como focos solares, cisternas de agua y equipo de telecomunicaciones para atender emergencias.

 Puntualizan que el programa ha servido para impulsar la revitalización de activos turísticos como Mar Sin Barreras, en el Balneario de Luquillo; el Parque de las Cavernas del Río Camuy y la renovación del Túnel de Guajataca, entre Quebradillas e Isabela.

FFPR resaltó que las iniciativas han provocado un efecto cascada en el desarrollo económico de las zonas que atienen.

En el caso del Túnel de Guajataca, indicaron que desde su revitalización se han establecido 28 negocios en el lugar y había cerca de 300 patentes pendientes para establecerse en el área.

reportera