Bandera de Puerto Rico en Ceiba

(Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO)

Los pasados meses ha sido intensos y complejos para Puerto Rico. Al comenzar el último año de la segunda década del siglo 21, esperábamos comenzar la reconstrucción de la Isla.

No obstante, sin haber terminado bien la época navideña, un sismo no acortó las fiestas y nos puso en estado de alerta.

Meses después, en marzo 15, el Covid-19 llegó a nuestras costas y cambió nuestras vidas para siempre. Desde entonces, vivimos con un nuevo enemigo invisible que compite con otros grandes males, como la depresión económica, la crisis fiscal, la quiebra y la mala gestión gubernamental. Pareciera que nos ha caída como dicen por ahí una “macacoa” que nos agobia a todos.

Algunas amistades me dicen que hemos caído en desgracia con el destino, y que nuestra mala suerte como pueblo está decidida.

Personalmente, me resisto a pensar de una manera pesimista y entregarle mi destino personal y el del país, algo tan subjetivo como la “mala suerte’’. Pienso que debemos comenzar a pensar en grande e iniciar un profundo cambio en la forma en que actuamos y la manera en que pensamos a Puerto Rico. Los países como los seres humanos tiene la oportunidad de diseñar su futuro si en efectos se proponen metas y proyectos que los guíen hacia el éxito.

El despegue económico: 1950 al 2000

Cuando examinamos la historia de Puerto Rico en el siglo 20, entre el 1900 y el 1950, la situación no era muy buena. La pobreza, el estancamiento económico, y conflictos sociales definían a la Isla en aquel momento histórico.

A pesar de aquellos retos, la sociedad puertorriqueña pudo evolucionar y comenzar a construir proyectos e instituciones que hicieron posible un despegue económico y social bajo la tutela y apoyo del gobierno de Estados Unidos.

Los espacios de gobierno propio a partir del 1952 y el experimento industrial a partir de entonces bajo la “Operación Manos a la Obra”, proveyeron una experiencia de que, bajo condiciones ideales, Puerto Rico es capaz de lograr grandes conquistas.

Entre el 1950 y el 2000, transitamos del subdesarrollo a un crecimiento económico acelerado sin precedentes en ninguna economía de la región. Fue la época de la Sección 936, y de las grandes inversiones en infraestructura y biotecnología. Nuestros bancos, se abrían paso en Wall Street, y sus acciones eran de las más cotizadas. Creamos un centro bancario internacional y un centro global de seguros.

Fueron momentos en que nos proyectamos como una sociedad capaz de pensar en grande, dónde fuimos líderes económicos de la región, y aspiramos a ser sede unos juegos olímpicos (2004). Cultural, deportiva y económicamente, fue un Puerto Rico que logró grandes cosas y había hambre y deseo de seguir creciendo en todos los ámbitos.

En lo cultural, se construyeron pabellones, museos, festivales culturales, y consolidamos el Festival Casals como un importante evento internacional. Y también logramos colocar artistas en el plano mundial, incluyendo a artistas en Hollywood. En lo deportivo, logramos colocar a nuestros equipos de beisbol y baloncesto, respectivamente, entre los mejores del mundo. Fuimos capaces de pensar y ejecutar grandes proyectos que marcaron una gran época.

El salto abortado hacia el nuevo siglo

Entre el 1990 y el 2000, construimos una gran infraestructura para prepararnos hacia un segundo salto como sociedad hacia el nuevo siglo y milenio. Invertimos sobre $10,000 millones en autopistas, coliseos, centros de convenciones y otras obras más.

Pero con la llegada del siglo 21, parecimos perder la inspiración y los deseos de pensar en grande.

La fractura política y gubernamental del gobierno compartido (2005 -2008) y el surgimiento de los déficits fiscales nos abocó a una crisis económica que hoy perdura. Contrario al siglo anterior, cuando hubo un momento en que la clase política tenía vocación de pactar para resolver los problemas más fundamentales del país, en el siglo 21 surgió el canibalismo político como una peligrosa práctica que ha debilitado el experimento democrático que comenzó en el 1952.

La quiebra y la eventual sindicatura del gobierno, ha consolidado un estado de conformidad y mediocridad en la gestión pública, que mina las posibilidades reales de salir de la actual crisis, agravada por la pandemia del Covid-19.

La responsabilidad colectiva hacia los problemas de Puerto Rico

Ante la acumulación de retos y problemas, urge que todos los sectores de la sociedad puertorriqueña puedan retomar la capacidad de volver a pensar en grande.

Desde el liderato político y empresarial, hasta cada ciudadano común y corriente, urge un reenfoque radical hacia la manera en que actuamos con respecto a los retos colectivos que tenemos como pueblo.

Pensar en grande, es hacernos disponibles aportar lo mejor de nosotros en la construcción de las soluciones que requiere Puerto Rico. Es visualizar cómo cada uno de nosotros, se convierte en líder de los cambios que requiere el actual estado de situación.

Pensar en grande es poner al país primero, por encima de cualquier otra consideración. Pensar en grande, es reemplazar las ayudas federales por el trabajo y la creatividad empresarial.

Pensar en grande es gestar cambios radicales desde abajo hasta arriba. Desde nuestras comunidades y nuestras empresas, hasta las ideas que podemos promover en los foros públicos y redes sociales para sacar a la Isla del actual atolladero.

Pensar en grande es volver a convertir al gobierno en un instrumento de desarrollo y no un fin en si mismo de los que lo administran y de los empleados públicos.

Pensar en grande, es romper con el pensamiento vigente, de que el destino nos ha traído al actual estado de estancamiento y comenzar a idear el tipo de sociedad a la que aspiramos y deseamos para nuestros hijos y nietos.

Rescatemos de la historia las grandes gestas que lograron nuestros padres y abuelos entre las décadas del 1940 al 1970, y comencemos a idealizar el Puerto Rico que queremos a partir de ahora.

Cada ciudadano tiene la obligación de volver a pensar en un mejor Puerto Rico, y comenzar a actuar acorde con esa visión y con ese ideal de que una mejor sociedad aún es posible.

Este análisis fue redactado por la unidad de investigaciones de Inteligencia Económica, disponible para suscriptores junto a más de 125 indicadores económicos y herramientas de inteligencia de negocios para su empresa.

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