Dinero

Como parte de un esfuerzo investigativo del equipo de trabajo de nuestra firma, Inteligencia Económica Inc. hemos comenzado a profundizar en nuevos ángulos de la crisis fiscal de Puerto Rico.

Este esfuerzo ocurre, en un momento en el cual cada vez es más evidente que la Casa Blanca de Donald Trump y los sectores del partido republicano se muestran inclinados a no enviar más ayudas federales a la Isla.

Esta misma semana, la Administración Trump emitió una declaración de política pública en la cual dejó saber que vetaría una iniciativa legislativa de la Cámara de Representantes para proveer nuevas ayudas a la Isla, por los terremotos de enero. Legisladores demócratas intentan allegar más recursos.

En su argumentación muy bien articulada, la Casa Blanca exponía que el gobierno de Puerto Rico tiene un grave historial de mal manejo de fondos públicos y que no ha logrado utilizar los fondos previamente asignados. En síntesis, concluye el comunicado de la administración Trump que se opone a proveer más recursos al gobierno de Puerto Rico.

La verdad puede ser dura y dolorosa, pero hay que enfrentarla. El historial de nuestros gobiernos no habla bien de nosotros ante el gobierno federal. Un análisis recién concluido evidencia que durante la pasada década, el gobierno ha recibido un total $39,054 millones en transferencias federales.

Estas han sido asignaciones del gobierno federal al gobierno central y los municipios, para financiar el desarrollo de infraestructura, apoyar los sistemas de salud y educación, y para una diversidad de propósitos. Esto no incluye las partidas que se asignan para el Programa de Asistencia Nutricional (cupones de alimentos), las becas “Pell Grants”, los fondos del WIC, y otras partidas más.

Lo que es difícil de digerir es ¿cómo es posible que, con tanto dinero enviado a Puerto Rico, las carreteras se encuentren en el actual estado? ¿Cómo tenemos las escuelas públicas en el actual estado de deterioro? ¿Cómo es posible que los indicadores de salud demuestran una sociedad en mal estado y que los servicios más esenciales no se puedan proveer de forma efectiva?.

De todas las preguntas, la más que sigue sin respuesta, es ¿cómo es posible que con todas esas ayudas federales más los propios recursos, el gobierno esté en quiebra?

Ningún político o funcionario gubernamental va a querer proveer la respuesta, pero es muy sencilla, mala administración y una voraz corrupción. El gobierno lleva décadas en una mala gestión carente de principios básicos gerenciales, donde no hay una cultura de resultados y mucho menos de eficiencia y efectividad operacional.

Por décadas, los gobiernos de ambos partidos convirtieron al presupuesto estatal en un “botín de guerra” para repartirlo entre amigos y donantes, mientras la economía comenzaba a caer en recesión. Cuando se empezaba a acabar el dinero, comenzaron a aumentar los impuestos y tomar prestado.

Ahora en la quiebra, la resistencia a cambiar el “modelo de negocios” de gastar sin límites, la solución parece ser utilizar los fondos federales de recuperación como la nueva fuente para mantener el “modus operandi” de las últimas décadas.

El error de cálculo es que el gobierno federal lo dirige Trump, quien no nos quiere mucho y el propio gobierno del norte tiene serios problemas fiscales.

Parece que hemos llegado al callejón sin salida, y hay que comenzar a buscar rutas alternas, todas serán largas y dolorosas, pero hay que comenzar ahora.

Este análisis fue redactado por la unidad de investigaciones de Inteligencia Económica, disponible para suscriptores junto a más de 100 indicadores económicos y herramientas de inteligencia de negocios para su empresa.

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