Oro

Ante la prolongada y difícil situación económica que experimentan en la Isla desde hace 13 años y el alto valor que alcanzó el oro hacia la segunda década del 2000, muchas familias encontraron una oportunidad de allegarse algo de dinero con la venta de sus joyas, lo cual avivó el crecimiento del sector de casas de empeño.

Sin embargo, las fluctuaciones del mercado internacional trajeron una caída en el valor de metal, las personas agotaron sus prendas y gran parte de las casas de empeño se vieron obligadas a cerrar, por esta y otras razones.

Al presente, con los aires de una posible recesión global, el oro vuelve a colocarse como la apuesta segura de inversionistas, lo cual ha mejorado su apreciación.

Fernando L. Enríquez, conocido diseñador de joyas y gemólogo con más de 25 años en la profesión, reconoció que el oro ha estado recuperando su valor. Sin embargo, aseveró que en el mercado local es muy poco lo que queda del oro viejo disponible para la venta. Sostuvo que hace unos años, cuando llegó el boom del valor del oro, muchos propietarios de oro viejo optaron por convertir el mismo en efectivo, acción que relativamente dejó a la Isla sin su disponibilidad.

“En ese momento, hace unos tres a cinco años, muchas personas optaron por vender su oro, pero al encarecer tanto, posteriormente no lo reemplazaron, por lo que no queda mucho oro disponible en Puerto Rico. Actualmente muchas joyerías y casas de empeño han cerrado, lo que ha reducido aun más la competencia. Hoy hemos tenido que recurrir a la compra de relojes, prendas de diseñadores o algunas piezas valiosas”, sostuvo Enríquez, en momentos en que se estima que un 60% de los negocios que se dedicaban a estas transacciones han desaparecido.

Enfatizó que en su caso, los mercados latinoamericanos como Venezuela y Argentina se han convertido en su mayor suplidor, porque, ante la situación económica que atraviesan, mucha gente está llegando a vender su oro en busca de flujo de efectivo, práctica muy similar a la que ocurrió en la Isla. “En Puerto Rico, el oro no es visto como una inversión, sino como un lujo, una pieza de arte para un uso particular, no como una inversión futura para ganarle dinero”, indicó.

Aunque para muchos mercados el oro representa un activo refugio de inversión, conocedores en el tema reconocen que se trata de una inversión especulativa y muy arriesgada, producto de su inestabilidad ante los vaivenes del comportamiento de la economía mundial. Hoy, uno de los eventos que mantiene en jaque al sector —en terreno muy positivo y cotizando a valores muy elevados— es la incertidumbre de la desaceleración económica mundial, la guerra comercial que mantiene Estados Unidos con China y las futuras bajas de intereses agendadas por el Banco Mundial.

En el mercado internacional, la onza de oro alcanza el precio de $1,534 y expertos aseguran que podría dispararse hasta superar los $1,800 por onza. El precio actual representa un alza de 22% en lo que va del año —su mejor momento desde 2013— pero todavía se mantiene un 20% por debajo del máximo histórico que alcanzó dicho metal en agosto de 2011 —con $1,923.20 la onza— cuando recrudeció la crisis de la deuda en muchos países europeos.

Aunque se estima que el precio del oro no llegue a los niveles de 2011, analistas no descartan que, de continuar las amenazas comerciales o un frenazo de la economía global, nuevas subidas de precio se estarían experimentando antes del cierre del mes. Asimismo, entienden que en la medida que el banco central estadounidense baje los tipos de interés —entre una y tres veces antes de que acabe el año— se podría perjudicar el dólar y debilitar su cotización, lo que comparativamente abarata las materias primas, llevando el precio del oro a niveles de los pasados tres años, cuando promediaba entre $1,250 y $1,300 la onza.

Transforma los negocios

En las casas de empeño, el oro ha sido sustituido —de manera significativa— por equipos de construcción, televisores, consolas electrónicas y equipos electrodomésticos pequeños. Estos artículos son empeñados —principalmente— por personas de clase media y trabajadora, cuyas finanzas se han reducido y por momentos necesitan dinero para completar sus pagos o gastos al final del mes.

Esta situación ha producido una caída significativa en ganancias para las casas de empeño, que registraron un amplio movimiento de compraventa de oro en la pasada década, y esto ha hecho que más de la mitad del sector haya desaparecido. Casas de empeño que operaban 18 sucursales, hoy apenas cuentan con unas siete tiendas; y otras cerraron puertas.

reportera