César Rey

En la foto, César Rey.

La educación ha sido definida como uno de nuestros derechos humanos, pero alrededor del mundo hay 224 millones de niños y jóvenes sin acceso a la misma, según señala el portal cibernético de la Unesco.

Hoy, en el marco del Día Internacional de la Educación, toca replantearse cómo va encaminada en la Isla, no solo por los cambios sociales que se han experimentado, sino por situaciones inesperadas que nos han azotado, como los huracanes Irma y María en 2017, los terremotos en el área sur en el 2020, la pandemia del covid y la estocada que le dio el huracán Fiona a los planteles escolares.

El exsecretario de Educación César Rey Hernández explicó a EL VOCERO que, entre los años 40 y 70 del siglo pasado, la educación pública “tuvo una calidad incuestionable, pero con el tiempo Puerto Rico perdió ese nicho educativo producto de la alternancia política y un crecimiento desmedido administrativo del Departamento de Educación que, tal vez, respondía a intereses particulares de la política partidista y no al proyecto educativo necesariamente”.

A juicio del también sociólogo y catedrático de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la educación debe ser reflejo de lo que sucede socialmente y capacitar a los estudiantes para internarse al mundo más allá del aula. Es vital, por otra parte, que la comunidad se involucre, que la escuela sea un lugar de encuentro para la comunidad más allá del horario lectivo y que se transforme el currículo para hacerlo más pertinente a las necesidades actuales.

A futuro, “yo nombraría un secretario que trascienda un cuatrienio; puede ser seis años o estar dos cuatrienios. Haría una junta de gobierno que esté representada por todos los que nos beneficiamos de la educación, sacaría a la educación del partidismo, y haría que hubiese un proceso de consenso educativo (que coincida) con el proyecto social, económico, de desarrollo sustentable y paz social”, afirmó.

Educar en tiempos modernos

Deborah Soto Arroyo, presidenta de la Comisión de Educación, Arte y Cultura de la Cámara de Representantes, coincidió en que el currículo tiene que adaptarse a las necesidades sociales.

Deborah Soto Arroyo

Soto Arroyo reconoce que debe transformarse el currículo.

“Nos toca a nosotros transformarlo. Esos estudiantes tienen que salir preparados para que puedan ser ciudadanos independientes. Si no van a la universidad, ¿necesitan grados vocacionales? ¿Cursos cortos? Hay que sentarse a la mesa con la realidad que está viviendo el país”, afirmó. “Creo que el sistema educativo está en crisis y no está cumpliendo con las necesidades más apremiantes para poder echar hacia adelante”.

Si bien Educación cuenta con más de $5 mil millones de presupuesto en fondos estatales y federales, entre otros, “por la experiencia que tuve en el salón por más de 22 años, los maestros no estamos pensando en eso, sino en el día a día: en el papel, la tinta, dónde sacaré las copias, dónde está el aire acondicionado”, comentó Soto Arroyo. “Todo se transforma en una burocracia”.

El subsecretario para Asuntos Académicos de Educación, Ángel Toledo López, señaló a EL VOCERO que “si bien es cierto que el Departamento de Educación tiene una asignación presupuestaria enorme, esa asignación se va en atender lo que vienen a ser salarios y otra cantidad de cosas que no tocan directamente al salón de clases. ¿Qué definitivamente tenemos que agilizar el proceso para adquisición de materiales? Definitivamente sí, y eso se está atendiendo ya”.

Educación cuenta con 258,668 estudiantes en 856 escuelas públicas, según datos provistos por la agencia. Sin embargo, Toledo López aceptó que “desde María, tenemos estudiantes que no han podido recibir la calidad o cantidad de educación que realmente necesitan para un mercado global tan competitivo. A pesar de eso, tenemos unos maestros comprometidos y equipos muy capaces y conscientes de las necesidades”.

Toledo López agregó que desde Educación hay un plan agresivo para trabajar con la lectura, escritura y comprensión lectora, no solo a nivel elemental, sino incluyendo a maestros de escuela intermedia y superior que reciben alumnos rezagados. Además, están trabajando para que los estudiantes quieran aprender, ofreciéndoles alternativas más acordes con sus intereses.

A su entender, “tenemos que mirar el proyecto educativo como uno de país, de comunidad. No es solo un proyecto del Departamento, sino de padres y encargados. Tenemos que poner todo el empeño para ayudar a esa generación que tenemos ahora, que está sufrida por la situación histórica”.

El asunto del currículo también se extiende a las universidades. La catedrática Ana Helvia Quintero, profesora de matemáticas en el Recinto de Ciencias Naturales de la UPR de Río Piedras, opinó que “el currículo actual no conecta con los estudiantes. Hay muchas cartas circulares que te dicen cómo enseñar, pero está ajeno a los intereses de los estudiantes”, aseguró Quintero.

Además, para lograr una mejor educación en la Isla, la profesora también abogó por la retroalimentación entre planteles para ver qué funciona y cómo imitarlo.

“El aprovechamiento no mejora por la forma en la que estamos enseñando”, señaló. “Las escuelas especializadas son muy buenas, pero no son las únicas; hay escuelas públicas que están haciendo proyectos interesantes con un currículo integrado a partir del interés del estudiante, y el Departamento debería usar esas escuelas como ejemplo”.

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