El sótano del teatro del primer centro docente del País tiene una máquina que cuenta historias.

Un carrusel de lavandería con ganchos de metal giratorios sostiene cientos de vestidos fieles a la imagen de diferentes personas, lugares y épocas, como el periodo Isabelino o la Edad Media.

Dos pisos más arriba trabajan los custodios de esa mágica indumentaria, donde se aplica el arte universal de las poblaciones humanas, la costura.

En el Taller de Vestuario del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras se confeccionan los vestidos que utilizan los actores y actrices que dan vida a las producciones artísticas y académicas.

Clara Tirado Viera se retiró el pasado 31 de diciembre, pero aún colabora con el taller. >Carlos Rivera Giusti / EL VOCERO

Entre hilos, cintas métricas y tijeras, las obreras del alfiler cabezón unen las telas con la hebra. Son maestras del fruncido, el bordado y el nido de abeja. En ellas recae la responsabilidad de coser cada pieza.

El inventario que posee el Taller de Vestuario se deriva de producciones realizadas a lo largo de poco más de 60 años.

Atuendo que “habla”

Al igual que la iluminación y la escenografía, el entalle del vestuario repercute en la estética teatral. El diseñador toma la decisión final de quién se pone qué vestuario en qué momento de la obra después de un minucioso estudio de la historia, la época y el personaje. Miguel Vando lleva a cabo dicho estudio antes de diseñar, siempre en contacto con el director de la pieza teatral.

“Hay que estudiar y conocer la obra. No se trata solamente de saber qué pasa, en qué año se escribe o cuándo ocurre la acción, también hay que entender el planteamiento del autor. ¿Qué quiere decir con esta obra? ¿Cómo se ve reflejado en el texto?”, explicó Vando.

>Carlos Rivera Giusti / EL VOCERO

A través de sus diseños, el también profesor del Departamento de Drama se enfoca en comunicar más allá de la acción dramática de la obra. “Como diseñador de vestuario yo tengo que darle al público la mayor cantidad de información posible sin ser obvio, sin rayar en lo didáctico”, añadió.

Su táctica es proveer claves ocultas en el atuendo, ya sea a través del uso del color de un vestido, o los colores de todos los vestuarios en conjunto. La textura, el peso y volumen del traje también proveen información sobre el personaje que lo lleva. “Toda esta información va pasando de mano en mano hasta que sube el telón”, sostuvo el docente.

Por su parte, Clara Tirado Viera, de 80 años, es un ejemplo vivo del compromiso con el quehacer universitario. La experimentada costurera se retiró el pasado 31 de diciembre, pero aún se presenta a su antiguo puesto para colaborar pro bono. Es un espacio en el que respira paz mientras complementa la reafirmación cultural del teatro como componente irremplazable de la misión académica de la universidad.

Anisa Masih, costurera, y Miguel Vando, profesor de Drama y diseñador de vestuarios. >Carlos Rivera Giusti / EL VOCERO

Una vez termina cada obra, el grupo de trabajo, liderado por Ramonita Toro, lleva a cabo el lavado de todo el ajuar para ser trasladado al almacén, tras ser sometido a un riguroso proceso de inventario sujeto a la clasificación de las piezas por regiones y épocas. Faldas, blusas, pantalones, camisas, chalecos, abrigos, capas, gabanes y hasta delantales; en fin, todo se utiliza para obras futuras, razón por la cual los almacenan con controles de humedad y riguroso mantenimiento.

El Taller de Vestuario siempre colaboró con el histórico Teatro Rodante, que fue “la escuela” de cientos de actores, dramaturgos y escenógrafos, además de otros profesionales del teatro que han sido aclamados a nivel nacional e internacional. Entre ellos destacan los directores y profesores Victoria Espinosa y Dean Zayas, el escenógrafo Checo Cuevas y el afamado escritor Luis Rafael Sánchez, entre muchos otros.