Escuela Superior Ramon Vila Mayo de Rio Piedras

El avance alcanzado en la reducción de la deserción escolar en Puerto Rico podría encontrar un detente con los eventos de los últimos tres años como el huracán María, el cierre de cientos de escuelas, los terremotos y ahora el coronavirus, que ha impuesto la educación a distancia sin una fecha cierta para el regreso a las aulas.

El Departamento de Educación asegura que ya se prepara para evitar que esto suceda, mientras que el especialista en el tema, Héctor Cordero Guzmán, profesor de Marxe School of Public and International Affairs de Baruch College en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), advirtió que es real la preocupación.

“Hay temor de que haya un descalabro en la conexión con el sistema, con los maestros y los estudiantes. Esas redes de apoyo se dificultan. La escuela es un sitio de contacto social, donde se identifican problemas y se tratan de resolver y el aislamiento puede poner a un estudiante en un riesgo mayor”, expresó Cordero Guzmán, quien ayer presentó un estudio sobre la deserción escolar en la Isla entre 2010 y 2018.

Señaló que “la combinación de estos tres factores presentan una dificultad para maestros y padres que tienen que impartir la educación a distancia y yo esperaría que tuviera alguna consecuencia negativa visible”.

El secretario del Departamento de Educación (DE), Eligio Hernández, sostuvo por su parte que apuesta a la contratación de profesionales de la sicología y la enfermería para lograr identificar los factores de riesgo en el estudiantado y evitar un repunte en la deserción.

“Nosotros estamos trabajando enormemente para que eso no ocurra y por eso es la relevancia de incorporar un modelo biosicosocial, tener recursos y la intervención inmediata de estudiantes. Nuestra acción va dirigida a la prevención y la intervención temprana. Si logramos tener éxito en esa intervención temprana, no debe haber un índice mayor de deserción en Puerto Rico”, expresó el funcionario.

Eligio Hernández

Sobre la posibilidad de reabrir algunos de los planteles cerrados este cuatrienio, afirmó que “el Departamento de Educación está mirando todas las opciones para manejar la pandemia en Puerto Rico. No nos podemos olvidar que también tuvimos los terremotos. Hay unas escuelas que fueron afectadas enormemente y posiblemente no se puedan utilizar, pero tal vez alguna de las escuelas cerradas está en mejor estado y si tenemos que mover un grupo de estudiantes o considerarlo, lo haremos”.

Estudio alentador

En Puerto Rico, la deserción escolar está disminuyendo y es un patrón que ha continuado en picada por casi una década. La reducción más significativa en los niveles de deserción escolar ocurrió entre 2010 y 2014.

De acuerdo con el estudio presentado por Cordero Guzmán, los números apuntan a que la deserción escolar sigue alta, pero ha disminuido tanto en hombres como en mujeres de todos los niveles socioeconómicos.

Por ejemplo, en el 2000 el 55.1% de los jóvenes entre 18 y 24 años no estaba matriculado en la escuela. Para 2018, el 57.6% de los jóvenes de estas edades estaba matriculado y 42.4% no estaba en la escuela.

El grupo que todavía abandona la escuela con frecuencia es el de los estudiantes con diversidad funcional. En la educación secundaria, ha habido un aumento en la población con bachillerato —de 15% a 21.8%— y en grados asociados el aumento ha ido de 10% a 12.8%, se informó.

Cordero Guzmán afirmó a este rotativo que identificar las razones para esta tendencia implica tomar en consideración información demográfica que no es parte de su análisis. Aun así, expresó que las decisiones de política pública de años recientes —como el énfasis en mecanismos para prevenir la deserción— pueden ser los responsables.

Cabe recordar que la matrícula en el DE se ha reducido de manera consistente durante la última década. Al inicio del año escolar que recién concluyó se matricularon en el sistema público un total de 294,535 estudiantes, y en el año previo hubo 307,281 alumnos.

Reducción en todos los renglones económicos

Al analizar la deserción escolar por renglón económico, hubo una reducción en todos los segmentos. Para los jóvenes que viven en extrema pobreza, es decir, con un ingreso familiar menor a los $6,000 anuales, la tasa de deserción era de 27.4% en 2010 y bajó a 11.4% en 2018. El estudio sí resalta que “los jóvenes que reportan una discapacidad tienen una tasa de deserción escolar mucho más alta que otros jóvenes que no reportan discapacidad”.

Los jóvenes que viven en hogares con un ingreso de hasta $12,000 anuales tenían en 2010 una tasa de deserción escolar de 14.2%, que bajó a 9.6% en 2018. Los hogares con un ingreso de hasta $18,000 anuales tuvieron deserción escolar de 11.6% en 2010 y para 2018 la cifra bajó a 7.9%.

“Los jóvenes más pobres tienen una tasa de deserción mucho más alta y es un patrón bastante notable la diferencia entre los jóvenes que viven en extrema pobreza, los que viven en pobreza y los que están fuera de la pobreza, que tienen unas probabilidades de deserción mucho más bajas”, explicó Cordero Guzmán.

Hernández —por su parte— afirmó que espera que programas como el certificado de graduación ayuden a mantener estos estudiantes con necesidades en la escuela y no se conviertan en desertores.

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