FREEPORT, Bahamas — El suelo crujió bajo los pies de Greg Alem mientras caminaba el miércoles entre las ruinas de su casa, destruida por el huracán Dorian. Tocó una viga, señaló los árboles caídos, hasta que los recuerdos lo abrumaron.

“Esos árboles los plantamos nosotros. Todo tiene un recuerdo”, dijo. “Es muy, muy triste... En la Biblia hay una persona que se llama Job y ahora me siento como Job. Él lo perdió todo, pero su fe lo mantuvo fuerte”.

La cifra oficial de muertos por el huracán más potente en azotar el archipiélago del que se tenga registro aumentó a 20 el miércoles, según informó a varios medios internacionales el ministro de Salud, Duane Sands.

Sands detalló que 17 víctimas murieron en las Islas Ábaco y tres en Gran Bahama. Indicó que tres de las 20 fallecieron tras ser transportadas a un hospital en la cercana Nueva Providencia.

Señaló que no puede dar más detalles en este momento porque el gobierno aún está trabajando en contactar a los familiares.

El fuerte incremento en la cifra de muertes fue anunciado después de que los equipos de rescate se distribuyeron por ambas islas cuando el clima mejoró y las inundaciones mermaron.

La devastación provocada por Dorian —y el terror que provocó durante su día y medio de asedio sobre las Bahamas— se volvió más clara el miércoles cuando el paso de la tormenta reveló un panorama fangoso y lleno de escombros de casas destrozadas e inundadas, en las islas Ábaco y Gran Bahama.

Ahora que Dorian se aleja hacia la costa del sureste estadounidense y amenaza a Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte, muchas personas en Bahamas quedaron conmocionadas después de salir lentamente de sus albergues para revisar sus casas.

En una comunidad, George Bolter se paró bajo el intenso sol y revisó las ruinas de lo que alguna vez fue su casa. Recogía el escombro intentando rescatar algo, lo que fuera. Un par de muros fue lo único que quedó en pie.

“Lo perdí todo”, dijo. “Perdí toda la ropa de mi bebé, la ropa de mi hijo. No tenemos en donde quedarnos, en donde vivir. Todo se fue”.

El gobierno de Bahamas envió a cientos de policías y marinos a las islas afectadas, junto con médicos, enfermeros y otro personal médico, en un intento por llegar a las impactadas y empapadas víctimas y tener un panorama completo del desastre.

"Ahora mismo hay muchas incógnitas", dijo Iram Lewis, un miembro del Parlamento. "Necesitamos ayuda".

La Guardia Costera de Estados Unidos, la Marina Real británica y organizaciones humanitarias, incluidas Naciones Unidas y la Cruz Roja, se unieron al enorme esfuerzo de llevar comida y medicamentos a los sobrevivientes, y transportar en helicóptero a los más desesperados. El gobierno de Estados Unidos también envío equipos de búsqueda y rescate.

La tormenta categoría 5 golpeó las Bahamas con vientos de hasta 185 millas por hora (mph) y lluvias torrenciales, inundado vecindarios con aguas color marrón y destruyendo o dejando seriamente dañadas, según un cálculo, casi la mitad de las casas en Ábaco y Gran Bahama, que tienen 70,000 residentes y son conocidas por sus marinas, campos de golf y centros turísticos.

Para el miércoles, Dorian avanzaba hacia el norte a una distancia relativamente segura de la costa de Florida con vientos reducidos, pero todavía peligrosos, de 105 mph. Las autoridades llamaron a alrededor de 3 millones de personas en Florida, Georgia y las Carolinas a desalojar la zona, y las carreteras que se dirigían tierra adentro fueron convertidas en rutas de evacuación de un sólo sentido.