MADRID — El paradero del cuadro “La mesa herida” de Frida Kahlo, desaparecido hace más de seis décadas en Polonia, seguirá siendo por el momento uno de los grandes misterios del arte contemporáneo.

Historiadores y estudiosos de la artista mexicana han rechazado tajantemente que el lienzo que supuestamente aguarda en un depósito londinense a que un comprador desembolse más de 40 millones de euros (unos 44.9 millones de dólares) sea realmente el óleo que Kahlo pintó en 1940.

En base a las imágenes publicadas, existen diferencias claras entre la obra en venta y las fotografías conservadas del original, así como similitudes entre la que ahora sale a la venta con réplicas inexactas a partir de aquellas imágenes antiguas. Se disputa también el propio material del soporte de la obra, que según Helga Prignitz-Poda, la historiadora del arte que ha buscado la obra durante décadas, fue pintada en madera y no en tela.

Los expertos consultados por The Associated Press concluyen que las imágenes que se han visto del cuadro son de una vieja copia conocida, quizás una que ya se desechó hace dos años tras su aparición en México, y que su venta no es más que un burdo intento de obtener algún beneficio por el lienzo, aunque sea lejos de la cifra mínima de 40 millones de euros por las que se está publicitando.

Pero Cristian López, el marchante español de arte que dice representar en exclusiva al propietario de la pintura, un anónimo, se mantiene firme en la defensa de su autenticidad.

“El tiempo nos dará la razón”, dijo López a la AP durante una conversación telefónica en la que ofreció pocas claves para desentrañar el rompecabezas.

La única entre las pocas certezas en el asunto es el interés que “La mesa herida” despierta todavía hoy, ocho décadas después de que Kahlo la pintase justo mientras su matrimonio con el pintor Diego Rivera llegaba a su fin.

Presentado en 1940 durante la Exposición Internacional de Surrealismo de la Galería de Arte Mexicano, el cuadro incluye un autorretrato de Kahlo al centro de una mesa, flanqueada por un Judas de Semana Santa y un monstruo, quizás la Muerte, que la abraza y retiene. En el extremo izquierdo de la mesa, que sangra por los nudos de la madera y que según los expertos representa el alma torturada de la artista, se hallan dos sobrinos de Kahlo, hijos de su hermana Cristina, y a la derecha el cervatillo Granizo, su mascota. Toda la escena queda enmarcada, a modo de teatro, por las cortinas de un gran telón.

De acuerdo con el historiador del arte y curador mexicano Raúl Cano, especialista en la obra de Kahlo y Rivera, esta es una imagen que representa una fractura familiar tras la infidelidad que tuvo Rivera con Cristina.

“Es la fractura familiar. Recordemos que las familias donde se reúnen generalmente a convivir son las mesas en la comida”, dijo Cano a AP. “Una traición venida desde adentro, del mero núcleo familiar”.

La artista donó su cuadro a la Unión Soviética en 1945 para el proyecto de reacondicionamiento del Museo de Arte Occidental en Moscú, al cual le había caído una bomba durante la Segunda Guerra Mundial. El museo iba a tener una sala dedicada a México, pero al año siguiente se desechó el proyecto y las obras, que tampoco fueron del gusto de las autoridades, terminaron en una bodega.

Los burócratas de la cultura en la Rusia del momento, además, profesaban poco interés por el surrealismo. En varias comunicaciones entre México y Moscú de los responsables de recibir la donación, las obras mexicanas son descritas como “ejemplos de un arte decadente, burgués y formalista” y “no apto para ser mostrado en público”, según recoge la historiadora Prignitz-Poda.

En 1955, un año después de la muerte de Kahlo, el Frente Nacional de Artes Plásticas mexicano organizó la exposición itinerante “Pintura y gráfica mexicana”, una muestra de artistas jóvenes y consagrados cuyo fin era vender obras para colecciones de gobiernos. La primera parada era Polonia, y de ahí se recorrería territorio soviético o de aliados, como Alemania del Este, Checoslovaquia, Bulgaria y China.

El frente pidió a Rivera enviar un cuadro de Kahlo, pero el pintor no lo hizo, por lo que se gestionó el préstamo de “La mesa herida”. El cuadro salió de Moscú rumbo a Varsovia, donde hay constancia de que se llegó a exhibir.

Allí se perdió su pista. No se sabe si “La mesa herida”, con sus 1.2 por 2.4 metros (3.9 por 7.8 pies), regresó a las bodegas de Moscú, si se destruyó o está colgado ahora mismo de una pared. Quizá lo más frustrante es que existen fotografías de Kahlo pintándolo y también de la exposición del Frente Nacional. Rivera no habló más de él después de la exposición, según Cano, el experto.

“No hay ninguna mención y ni tampoco de su cuadro ‘Gloriosa Victoria’ porque lógico hubiera reclamado los dos”, dijo Cano sobre el mural transportable que Rivera dio para la exposición del Frente Nacional, que también pasó décadas desaparecido pero que a diferencia del de Kahlo pudo ser recuperado de las bodegas del Museo Pushkin de Moscú en el 2000.

Hace tres años, Prignitz-Poda fue la comisaria de una exitosa muestra de Kahlo y Rivera en Varsovia, donde intentó buscar posibles testigos que ofreciesen claves sobre el paradero del cuadro. Pero todo lo que se obtuvo fueron bromas o teorías conspiratorias. La académica ha perdido toda esperanza de encontrarlo.

“Todos los posibles testigos en Polonia, y también toda la gente en México que participaron en la exposición, han muerto”, cuenta Prignitz-Poda, a quien le duele ver cómo cada cierto tiempo aparecen copias de forma impune, sin que aparentemente haya consecuencias legales.

Del último hallazgo en España, sobre el que no ha habido ninguna denuncia que haya llevado a la apertura de una investigación, Prignitz-Poda señala que “es un intento primitivo de engañar. Es horrible”.

López, el intermediario del supuesto vendedor anónimo, aseguró que “las mentiras de los supuestos expertos acabarán destapadas”. Pero en su discurso, plagado de silencios y monosílabos, el marchante no aclaró cómo el propietario de semejante obra ha confiado su venta en alguien prácticamente desconocido en círculos de la compraventa de arte. The Billion Art, la empresa intermediaria, no aparece en registros ni se conoce que tenga más empleados que el propio López.

El marchante también rechaza revelar el nombre de los especialistas que, asegura, avalan la autenticidad del lienzo. Señala que está en buenas condiciones y bajo llave en Londres. En su sitio web utilizó un lenguaje muy impreciso sobre la obra y su paradero, así como fotografías que no corresponden con la imagen del lienzo que el propio López proporcionó a un medio español en exclusiva.

Aun así, López asegura que ya se han puesto en contacto con él posibles compradores.

“Quien acredite su interés genuino y que va a poder pagar la cifra de 40 millones de euros, puede pasar todo el tiempo que quiera con sus expertos analizando la obra”, señaló. López dijo que el precio está “tasado” por sus expertos, pero que es “negociable”.

El coleccionista Hans-Jürgen Gehrke, quien opera un museo dedicado a la pintura de Kahlo en el suroeste de Alemania, considera “inverosímil, si no directamente ridículo”, que un empresario desconocido de 22 años que opera una web desde un pueblo del noroeste de España sea el guardián del cuadro.

“Hay miles de falsificaciones de Frida Kahlo”, dijo Gehrke. “Es, posiblemente, la artista que ha pintado más muerta que en vida”.

Susana Pliego, historiadora del arte que ha estudiado a fondo la obra de Kahlo y Rivera, considera que el mayor problema es el propio mercado sediento de más obras de una artista que pintó apenas unos 200 cuadros.

“La ‘Fridamanía’ ha sido un invento mercadotécnico”, señaló la experta, que dirige la programación cultural de la Casa de México en Madrid y que trabajó durante años en el archivo de Kahlo. “Como se venden tan caros los cuadros, cualquiera hace una propuesta para ver si alguien cae”.