TOMALI, Malaui — Un pinchazo en la pierna, un chillido y unas lágrimas. Un bebé tras otro en Malaui están recibiendo la primera y única vacuna contra la malaria, una de las enfermedades más mortíferas y persistentes en el mundo.

La nación sudafricana está proveyendo las inyecciones en un inusual programa piloto junto con Kenia y Ghana. A diferencia de vacunas establecidas que ofrecen una protección casi total, esta es apenas 40% efectiva. Pero los expertos dicen que vale la pena probarla, dado que el progreso contra la malaria está estancado: la resistencia al tratamiento ha aumentado y la caída global de casos se ha nivelado.

Con la vacuna, hay esperanzas de ayudar a los niños pequeños durante el período más vulnerable de sus vidas. Diseminada por mosquitos, la malaria mata a más de 400,000 personas al año, dos terceras partes de ellas menores de 5 años y la mayoría en África.

Charity Nangware, de siete meses, recibió una inyección un día lluvioso de diciembre en una clínica en el pueblo de Migowi. Ella miró con curiosidad cuando la aguja entraba en su muslo y entonces chilló.

“Estoy muy entusiasmada con esto”, dijo Esther Gonjani, quien sufre los dolores, fiebres y escalofríos de la malaria al menos una vez al año y pierde una semana de trabajo en el campo cuando uno de sus hijos se enferma. “Ellos explicaron que no es perfecta, pero me siento segura de que aliviará el dolor”.

No hay muchas formas de escapar de la malaria —“malungo” en el idioma chichewa— especialmente durante los cinco meses de lluvias. Los charcos donde se crían los mosquitos rodean las casas de ladrillo y paja, y flanquean los caminos de tierra a través de plantaciones y campos de maíz y caña de azúcar.

En la aldea de Tomali, la clínica más cercana está a dos horas en bicicleta. Mientras más se demore el tratamiento, más peligrosa es la enfermedad. Equipos de la clínica ofrecen cuidados médicos básicos durante visitas una o dos veces al mes, trayendo consigo vacunas contra malaria y otras inmunizaciones.

Tratar la malaria ocupa una buena porción de su tiempo en la temporada de lluvias, dice Daisy Chikonde, una trabajadora local de salud.

“Si esta vacuna resulta, reducirá la carga”, dijo.

La residente Doriga Ephrem dijo con orgullo que su hija de 5 meses Grace no lloró cuando la vacunaron.

Cuando se enteró de la llegada de la vacuna, Ephrem dice que lo primero que pensó fue “la protección llegó”. No obstante, los trabajadores de salud le explicaron que la vacuna no es un remplazo de los medicamentos contra la malaria ni del mosquitero tratado con insecticida que ella despliega cada noche cuando se pone el sol y los mosquitos salen de las sombras.

“Nosotros incluso cenamos dentro del mosquitero para evadir los mosquitos”, dijo.

Tomó tres años de estudios desarrollar la vacuna, que protege contra la forma más común y fatal de los cinco parásitos que causan malaria. El complejo ciclo de vida del parásito representa un difícil reto. Cambia de forma en diversas etapas de la infección y es mucho más difícil de atacar que los gérmenes.

“No tenemos ninguna vacuna para parásitos en uso rutinario. Es un territorio nuevo”, dijo Ashley Birkett, que dirige la iniciativa de vacunas de malaria de PATH, una organización sin fines de lucro que ayudó al gigante de medicamentos GlaxoSmithKline a crear la inyección, llamada Mosquirix.

Por ahora, solamente los bebés en partes de Malaui, Kenia y Ghana son elegibles para la vacuna. Cuando Mosquirix fue aprobada en el 2015, la Organización Mundial de Salud dijo que quería primero un programa piloto en unos pocos países —y en condiciones reales— antes de recomendar su uso más amplio en África.