La repentina renuncia del presidente boliviano Evo Morales causó conmoción en toda América Latina, donde el mandatario indígena había sido el último superviviente de una ola de líderes izquierdistas que llegaron al poder hace dos décadas, cuando los precios de las materias primas subieron de forma vertiginosa.

Sin embargo, la agitación que ha sacudido recientemente la región, amenazando tanto a los aliados de Trump como a los llamados gobiernos antiimperialistas, desafía una clasificación fácil. Desde Honduras hasta Chile, la frustración popular con un crecimiento económico anémico, la corrupción arraigada y la enorme desigualdad, están llevando a las clases medias de la región a rebelarse contra los gobernantes de todas las tendencias ideológicas, en lo que se ha dado en llamar la Primavera Latinoamericana.

"América Latina ha sido la rana en la olla hirviendo desde hace mucho tiempo", dijo Marie Arana, autora peruana-estadounidense del nuevo libro "Silver, Sword & Stone", que explora cinco siglos de abuso y explotación económica de las masas en la región.

"Ha llegado el punto en que se trata menos de ideología y más de asuntos prácticos, a medida que la gente ve por sí misma la evidencia física de que las cosas van mal", agregó.

La angustia es mayor entre la clase media recientemente empoderada de la región y los grupos que tradicionalmente se han visto privados de derechos y que dieron grandes pasos cuando la izquierda llegó al poder a finales de la década de 1990 con la elección de Hugo Chávez en Venezuela y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.

Alrededor de 90 millones de personas ingresaron a la clase media de América Latina entre el 2000 y 2012, según Naciones Unidas, una hazaña que se sustentó en un auge en los precios de las exportaciones de cobre, soya y petróleo de la región.

Sin embargo, con la caída de los precios de las materias primas, y luego de que los líderes de la izquierda se han visto involucrados en escándalos de corrupción, las familias que ganan lo suficiente por primera vez en generaciones como para pagar impuestos y enviar a sus hijos a la universidad están exigiendo servicios públicos de mayor calidad.

"La izquierda tuvo un largo trecho, pero es poco probable que se repita", comentó Michael Shifter, presidente de la organización Diálogo Interamericano. "En el futuro, los ciclos políticos serán más cortos, porque gobernar es mucho más difícil y las expectativas son más grandes que nunca".

Antes de la renuncia de Morales, la izquierda esperaba un regreso tras la elección en 2017 del populista de extrema derecha Jair Bolsonaro en Brasil.

Tan sólo en el último mes, hubo un levantamiento en Ecuador contra el alza de los precios del combustible; protestas multitudinarias contra los líderes de la derecha en Honduras y Chile, la excarcelación de Lula en Brasil, el triunfo en primera ronda de la coalición gobernante de izquierda en Uruguay y el resurgimiento del peronismo en las elecciones de Argentina, después de que se produjera un fracaso espectacular de las reformas de libre mercado en el país. Incluso el asediado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha logrado superar a sus rivales para mantenerse en el poder en medio de las agobiantes sanciones de Estados Unidos y de una economía en picada.

El gran descontento ha sido calificado en las redes sociales como una Primavera Latinoamericana, una referencia a los tumultos que, a partir de 2011, derribaron a varios de los líderes más arraigados en el mundo árabe.

La resistencia de la izquierda ha sido aplaudida por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien le dio asilo a Morales y cuya victoria decisiva hace 16 meses fue vista como un baluarte contra el ascenso del liderazgo conservador y proestadounidense en la región, que incluyó al presidente Iván Duque en Colombia y a Bolsonaro en Brasil.

Con todo, muchos esperan que las turbulencias continúen, y la atención se centra ahora en los gobiernos de izquierda de Nicaragua y Venezuela, que han vivido una gran agitación durante el último año. El presidente Donald Trump los señaló el lunes, y dijo que la partida de Morales envía una "fuerte señal a los regímenes ilegítimos de Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán".

Incluso algunos en la izquierda reconocen que, si bien las expectativas han aumentado en los últimos años, los gobernantes no han hecho lo suficiente para fortalecer las instituciones y satisfacer las demandas de mejores servicios de salud, escolarización y salarios.

"La gente ha salido de la pobreza, pero el discurso de la izquierda se mantuvo muy cerca al discurso cuando llegó al poder", dijo Amauri Chamorro, un analista brasileño-ecuatoriano que ha asesorado a muchos partidos políticos de izquierda en toda la región.

Sin embargo, Chamorro dice que el mayor obstáculo que enfrenta la izquierda latinoamericana han sido las acusaciones de fraude, que la han vuelto blanco de ataque de las campañas de sus adversarios conservadores que, en la lucha por derrotarla en las urnas, le han fincado cargos de corrupción.

Entre ellos se encuentra Lula en Brasil, quien encabezaba las encuestas antes de ser encarcelado, así como el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner, quien se prepara para regresar al poder como vicepresidenta de Argentina.

No obstante, en muchos sentidos, Morales es una víctima extraña. A diferencia de sus compañeros antiestadounidenses, ha gobernado desde 2006 de manera pragmática, logrando algunos de los mayores crecimientos económicos del mundo al cerrar acuerdos con las principales empresas internacionales de energía y marcando el comienzo de un período de estabilidad económica que no se había visto en generaciones.

El excocalero también derribó décadas de discriminación étnica contra sus compatriotas indígenas bolivianos a los que durante mucho tiempo se les había negado el poder político.

Su caída se produjo en un momento en que se aferraba al poder, negándose a reconocer los resultados de un referéndum que le habría impedido postularse a un cuarto mandato consecutivo. Una misión de la Organización de Estados Americanos enviada para auditar los resultados de la votación presidencial del 20 de octubre encontró una gran cantidad de irregularidades, entre ellas el uso de servidores ocultos para tabular los resultados y de firmas falsas en las hojas de escrutinio de los votos. Morales sostiene que fue derrocado con un golpe de Estado.

"La izquierda fue atractiva durante mucho tiempo, y con razón, porque hablaba por la gente cuando nadie más lo hacía", dijo Arana. "Pero ojalá hayamos llegado al punto, con tanta corrupción y confusión, de que la gente se dé cuenta de que el concepto de un dictador elegido democráticamente no está funcionando, igual que las dictaduras militares de la derecha que los precedieron tampoco funcionaron".