Myrna Rodríguez Vega

La crítica de arte se destacó además como catedrática. >Suministrada

La crítica de arte Myrna Rodríguez Vega, activista y defensora de la cultura puertorriqueña, el arte femenino, el arte público y de las bienales y trienales del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), falleció recientemente.

Su hija Nemyr Canals, precisó que el deceso se produjo el pasado 29 de abril y aun esperan por su cremación. Sus cenizas serán retenidas hasta el 16 de septiembre, cuando cumpliría 80 años, para enterrarla en el mausoleo familiar.

“Con una vida dedicada al arte, fue una de las socias fundadoras de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) Puerto Rico, ocupando la presidencia de 1994 al 2000. Por 15 años fue miembro del Consejo Ejecutivo Internacional de AICA, una de las primeras mujeres latinas en ocupar esa posición ejecutiva que consiguiera el reconocimiento de la isla en la Unesco”, declaró el pintor Dr. Abdías Méndez Robles, quien ocupa la presidencia internacional de esta organización, con sede actual en Panamá.

Con una gran visibilidad, se preparó en la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de Río Piedras, la New York University (NYU) y fue becada por la Getty Foundation. Escribió más de 800 artículos de arte puertorriqueño durante 15 años en The San Juan Star, hasta incorporarse como catedrática en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Exhibió profusamente en el Ateneo Puertorriqueño, en el Museo de la UPR, el Museo de Arte de Ponce, el Printmaking Workshop de NYU y participó como jurado, curadora y consultora de múltiples proyectos.

Fue memorable su intervención pública como presidenta de la AICA en 2000, cuando el entonces presidente de la Cámara de Representantes mediante la Resolución Conjunta de la Cámara 3066, ordenó al ICP remover la pieza Tótem Telúrico, del maestro Jaime Suárez, para en su lugar, instalar una más pequeña.

La Junta de la AICA y Rodríguez, aquel 14 de marzo, combatieron la resolución al exponer que “remover la pieza sería equivalente a destruirla, pero más que eso, establecería el funesto precedente de imponer arbitrariamente el gusto personal de un cuerpo político sobre el juicio estético de los especialistas en el campo del arte y de que sea el gusto personal el que determine el destino de una obra de arte pública, que fue comisionada con dinero del pueblo. Dicha propuesta de ley nace del prejuicio que quiere imponer, como en la peor época del fascismo, gustos oficialistas que responden a las preferencias del líder de turno, lo que resulta objetable”, dijo entonces.

La AICA prevaleció.

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