Awilda Sterling

La coreógrafa forma parte de la serie Mujeres del teatro puertorriqueño: Conversaciones en celebración de nuestras maestras. >Facebook

Awilda Sterling y la coreógrafa Petra Bravo protagonizan el nuevo capítulo de la serie Mujeres del teatro puertorriqueño: Conversaciones en celebración de nuestras maestras, del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y la organización Teatro Público en conmemoración del Mes Internacional de la Mujer.

Puede disfrutarse hoy, a partir de las 5:00 p.m. a través de la página de Facebook del ICP.

Sterling, quien se ha especializado en la práctica de fusionar el movimiento, la música, las artes plásticas y la afrodescendencia, se ha dedicado recientemente a ofrecer exposiciones como Blindfolded, en galerías alternativas como El Cuadrado Gris, viene otra residencia artística para el Massachusets Museum of Contemporary Art (MASSMoCA), participó en la celebración de los 25 años de la exposición Paréntesis de la Asociación de Artistas Plásticos de Puerto Rico con La presencia de la mujer en el arte y la serie de Afrodescendencia que transmite WIPR.

“En Blindfolded me pongo una venda sobre los ojos, potencio los sentidos del tacto y el oído, y combino movimiento mientras dibujo y pinto y cómo puedo trabajar sin mirar el resultado. Preparo la superficie trabajando con pastel y crayón de óleo para seguir llevando a cabo la investigación en tiempo prolongado. Hice una segunda exploración en Espacio Público, y el tercero es Remproject, en otra galería igual. Agrupo los colores del pastel y crayón, los coloco en familias cromáticas y me acompaño de música para trabajar con la intensidad del sonido. Esta me da una imagen, por lo regular de géneros de salsa o de jazz con el contenido de Ismael Rivera, Miguel Zenón y de Jonathan Suazo”, describió Sterling en conversación con EL VOCERO.

El otro estímulo que consiguió fue el jazz del tiempo de John Coltrane propiciando un acercamiento entre el trabajo de improvisación que ejecuta con la que se desprende del jazz.

“Yo trabajo la improvisación para llevar el trazo del sonido que me interese integrar como método de prácticas artísticas. Para el verano, si la pandemia me permite, tengo la residencia de artista en MASSMoCA. Lo que sí he tenido más reciente son proyectos de entrevistas de artistas en conversaciones virtuales como Paréntesis 25. Esta práctica de fusión que estoy llevando a cabo, integro literalmente actos de movimiento mientras dibujo o pinto piezas de gran formato y se trabaja directo a la superficie del papel. Por WIPR pude hablar sobre el trabajo de Sylvia del Villard y su influencia sobre mi obra”, precisó.

Sin duda, su danza libre posee un lenguaje de movimiento y creación propia. Este se fundamenta en las escuelas inspiracionales de Isadora Duncan, Sylvia del Villard, los silencios de John Cage y Nelson Rivera y la fusión que hace del movimiento y el arte plástico realizando ‘performances’ e instalaciones. Estas han ofrecido visualmente en su trayectoria una lectura de un pensamiento interno estético y sus reflexiones. Todo como parte de su extensa evolución.

“Ese término de la danza libre se acuna con las exploraciones fuera de todos los contenidos de Duncan para inspirar formas más naturales de la danza utilizando el cuerpo humano como un instrumento de expresión emocional. Ella hizo una danza desde otros contextos integrándole una manera distinta de vestirse para danzar la metáfora, e irse al mundo de las musas, según representado debajo de unas gazas de la libertad. Te permitía convertirte en el movimiento mismo para explorar una danza de liberación. Ahí hay una referencia a mi trabajo que ha ido creciendo de un trayecto al otro”, abundó la artista.

“Una vez trabajáramos lo abstracto, era precisamente desde el silencio, con la música de Cage y Rivera que en aquel momento estaba lista para el movimiento de lo abstracto hasta lo concreto. Esa parte llevaba al público desde dónde venimos hasta las prácticas culturales. Desembocó en una fiesta a deidades del panteón yoruba y en un fin de fiesta típico de mi mentora y profesora de danza del Villard. Desde ahí planteo una danza tanto simbólica como espiritual. Y, aunque, el montaje revele una propia trayectoria, trata una introspección de mi actividad artística”, dijo.

“Me dio seguridad explorar las prácticas de danza experimental en Nueva York. Me ha tomado más tiempo trabajar en conjuntos porque por lo regular se me hacía difícil pensar en conjunto. No entendía bien cómo apalabrarlo. No me había formado como bailarina con un diálogo de danza. Yo hacía mis piezas pero no sabía dirigir el movimiento. El elemento mayor fue el silencio como un valor estético y escénico. Después de todos estos años puedo ver mis ideas en otros cuerpos. De otra parte las artes visuales me son una plataforma que me informa para poder ver los fundamentos de lo pictórico. De esa forma adquirí con la pintura integrar la disciplina pictórica y eso me dio mucho pensamiento crítico”, terminó diciendo.