Rene Marques serie 4

El dramaturgo también abordó temas como el incesto, el racismo y la incomunicación vis à vis la psique cultural del puertorriqueño.>Brandon Cruz / EL VOCERO

Cuarto de una serie

Para el teatrero José Manuel Lacomba, de 94 años, cuya convivencia artística con René Marqués constituyó uno de los puntos culminantes de la época de oro de la Generación del 50 del siglo pasado, su muerte en 1979 no ha disipado en su memoria las más auténticas experiencias de vida.

“Estos fueron los momentos de mayor crecimiento cultural del pueblo puertorriqueño tanto en el teatro, el cine popular, el ballet clásico y folklórico, la música clásica, el brote de la bomba y la plena como música bailable en los lugares públicos, las artes plásticas, la literatura, la arqueología, la arquitectura, y el nacimiento y protección del museo al aire libre”, recordó Lacomba, identificando a Marqués como la síntesis de todo aquel renacer borincano.

En adelante, como consumado escritor en las áreas del teatro, la narrativa y el ensayo, y estrenado en el Teatro Tapia Los soles truncos, Marqués ya había publicado sus relatos Otro día nuestro, y en México se editó la farsa Juan Bobo y la Dama de Occidente, coreografiada por Ballets de San Juan. Los aztecas publicaron casi toda su obra en aquellos tiempos. Ganó no solo los primeros premios de cuento por Dos vueltas de llave y un arcángel, En la popa hay un cuerpo reclinado y El niño en el árbol, en el Ateneo; sino que tras el estreno Los soles truncos, ganó otros cuatro premios simultáneamente.

En 1960, cuando comienza a experimentar con una dramaturgia inclinada hacia estructuras y estilos internacionales, viene otro reconocimiento teatral por La casa sin reloj, de agudo humor trágico; estrena El apartamiento (1962), drama policial al estilo del teatro del absurdo; y representa quizá su tercera obra más aclamada, Mariana o el Alba, inspirada en el Grito de Lares.

“Mariana o el Alba fue la única obra que René me dedicó. Hice toda la investigación sobre el Grito de Lares y Mariana Bracetti, y se la informaba. Como siempre, nunca decía nada, y la escribió. Al terminarla, al tiempo le dije: ‘tú pones ahí en la última escena que Mariana tiene un niño y dice que ese será el que va a liberar a Puerto Rico... pero encontré que nació muerto’. Se quedó callado. Rescribió el parlamento declarando ‘… y nacerán otros que harán la función del que muere’. En la vida real decía que ‘no me muero sin ver a Puerto Rico libre’, pero trabajó para que lo fuera”, agregó a EL VOCERO.

Se publicaron sus obras en inglés, checo y sueco. Carnaval adentro, carnaval afuera, se representó en La Habana en 1962, con coreografía de José Parés; pero fue censurada en la isla hasta 1979 por la Oficina de Difusión Teatral del Instituto de Cultura Puertorriqueña. De ese mismo año fueron las escenificaciones de Un niño azul para esa sombra (1962), El apartamiento (1964) y El sol y los MacDonald, que publicó en 1971. Con una producción de Lacomba en este último drama —subtitulado como Tres cuadros de una familia extraña del sur de Estados Unidos— se recrean temas trágicos clásicos como el incesto, el racismo y la incomunicación vis à vis la psique cultural del puertorriqueño.

Un ávido lector

El drama político La muerte no entrará en palacio, incide entre los conflictos sociales y políticos levantados entre el presidente del Partido Nacionalista Puertorriqueño, Dr. Pedro Albizu Campos, y el gobernador Luis Muñoz Marín. Estrenó en el Teatro Rodante en Nueva York en 1981, aunque fue escrita 24 años antes.

“Como ávido lector le gustaba más El Viejo Testamento cuando ya se acercaba a la muerte. Escribió Tito y Berenice, en Humacao y David y Jonatán, en el Ateneo, en 1970. Esta última obra tiene el tema de la homosexualidad, pero él se va por lo bíblico, como diciendo que la homosexualidad es tan vieja como el hombre. Antes se tapaba, pero hoy día es una condición con sus derechos. Sacrificio en el Monte Moriah, la escribió antes y sobre la defensa de la mujer o la tierra. Hasta sus obras recientes, cultivó cierta profundidad psicológica con un lenguaje sutil”, recordó su escenógrafo.

“Publicaremos sus obras inéditas desde Alejandra que está perdida, En la cumbre, Nuestra noche, Después de la noche, Hombre perdido; y no, no es Los hombres del hombre, sino El hombre y sus sueños”, añadió Lacomba sobre el trabajo del artista, que “tenía un solo riñón y le gustaba el licor y fumaba y fumaba. En la Universidad de Puerto Rico fue profesor con la técnica peripatética de Aristóteles, que daba clases caminando, y entre los ambientes, les llevaba al bar La Torre de Río Piedras a darse la cerveza. Allí todos le rodeaban, y al saberse que era René Marqués se formaba un público”.

Adoró a sus hijos, continuó narrando Lacomba, y al montarse el oratorio Vía crucis del hombre puertorriqueño, de su autoría para orante y coro —que se centra en la Novena estación del Vía Crucis: Jesús es clavado en la cruz— fue leída por Marqués durante la procesión de Viernes Santo de 1970, frente a la cárcel La Princesa, donde su hijo mayor, Raúl, estaba detenido por negarse a ingresar al ejército estadounidense y combatir en Vietnam.

“Para mí, René no ha muerto porque lo que vale suyo fue lo que hizo y por eso hice la Fundación René Marqués, porque con esta he prolongado su vida. Por todo su esfuerzo, su arte y el deseo de hacer vida”, resumió.

Locations