Young Girl Suffers from Domestic Violence

Se acercan las tan anheladas fiestas navideñas y, además de disfrutar en familia, comer bien y tener buen sexo, mi mayor consejo es que protejamos a nuestros niños.

En casos de abuso sexual, el porcentaje más alto de agresores está justo en familiares o amistades cercanas a la familia. Principalmente, porque son las personas de más confianza para los menores o para los padres.

El tema del abuso sexual es uno muy delicado que debe ser tomado con la seriedad necesaria. Puede ser también muy difícil para los familiares aceptar que este evento esté ocurriendo, pues se trastocan las lealtades y eso provoca grandes heridas. No obstante, tenemos que estar alertas a cualquier señal que nos indique que un menor está siendo víctima de abuso sexual o se encuentre en riesgo.

¿Cómo podemos identificar un posible agresor sexual?

La realidad que no hay un perfil específico para determinarlo. Uno de los mitos más comunes es que un agresor sexual “tiene cara de loco” o que solo son hombres. Las mujeres también pueden ser agresoras sexuales. Y su apariencia física no es determinante para reconocer un agresor o agresora sexual.

Por otro lado, no siempre un agresor o agresora sexual tendrá un diagnóstico de pedofilia; que es un trastorno que se caracteriza por la presencia de fantasías, impulsos o comportamientos sexualmente excitantes, recurrentes e intensos relacionados con los niños (por lo general hasta los 13 años). Es importante hacer esta distinción, pues en muchos casos la agresión es resultado de la manifestación de dicho trastorno, pero no es la norma.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar presenta estas posibles indicaciones que podemos observar para prevenir el abuso sexual e identificar un posible agresor o agresora. Les presento las mismas y les explico en detalle qué significa cada una:

Insistencia a permanecer a solas con el menor: Sobre todo, en contra de la voluntad del o la menor. Cuando el adulto expresa su insistencia a cuidar al menor, llevarlo de paseo, expresar que “son amigos”, etcétera.

Preferencia a socializar con menores de edad: Claramente, los adultos solemos interactuar con los menores como parte de la socialización familiar, pero debemos reconocer cuando un adulto tiene mayor preferencia o impulso a interactuar constantemente con los menores, en comparación con el tiempo que invierte interactuando con sus pares.

Muestras exageradas e inoportunas de cariño al menor: Es importante señalar que los menores no están obligados a abrazar o saludar con besos a familiares o amistades de la familia. Sabemos que sobre todo en nuestra cultura, solemos ser muy afectuosos, e incluso, le asignamos el título de tío y tía a amigos de la familia que no son familiares de sangre. Así que podemos observar también si el adulto tiene una muestra exagerada de cariño al menor. Algún gesto de cercanía física. Por ejemplo, sentar al menor en sus piernas. O también las expresiones sobre el cuerpo del menor, sobre su crecimiento, sobre el cambio físico o sobre algún atractivo en particular.

Compulsión a la pornografía: Esto no siempre lo sabemos, pues el uso de la pornografía suele ser privado. Sin embargo, hay señales que también podemos identificar. Una persona con compulsión a la pornografía podría sexualizar los comentarios o situaciones. Por ejemplo, una menor que por su naturaleza en su etapa de desarrollo usa unos tacones de su mamá y la persona podría hacer un comentario relacionado con lo sensual que se ve la menor como “mujer”. Debemos estar atentos a todo chiste y comentario. Los chistes suelen esconder ciertas verdades, sobre todo cuando no son planificados y surgen reactivamente.

Haber sido denunciado anteriormente: Claro, esto parecería lógico, pero no lo es. Una persona que ha sido denunciada anteriormente no tiene que repetir la agresión, pero no es menos cierto que podría tener mayor inclinación a llevarla a cabo.

Consumo problemático de sustancias psicoactivas: Este es un problema “de todos los días”. El uso irresponsable de cualquier sustancia psicoactiva, sobre todo cuando se utilizan diferentes de ellas al mismo tiempo, puede alterar nuestra conducta naturalmente. Y si ya existiese un patrón de lo antes mencionado, podría aumentar el riesgo de agresión sexual.

Debemos estar atentos a cualquiera de estas señales. Si existe alguna sospecha, debemos actuar al momento. Si las sospechas resultan ser falsas, ya tendremos tiempo de conversarlo y aclarar. Pero no debemos pasar por alto las señales por miedo a equivocarse. Debemos proteger a nuestros niños.

Tu sexóloga, Erika Michael.

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