Rene Marques

Última foto tomada a René Marqués en Cubuy, Canóvanas, en 1979. >Suministrada

Séptimo de una serie 

Si se tratara de trazar lo que las tormentas de arena borran, el inmenso patio que guarda el archivo de la memoria histórica del escritor boricua por excelencia Rene Marqués, resguardan no solo su gravidez vívida en 18 archivos –de los cuales la mitad ha sido catalogado–, sino que habría que sumar las fragancias que de esa tierra se desprenden, como las albahacas verdes y moradas que por tanto tiempo allí habitan, las curias, los jovillos, el orégano, los ajíes dulces y las parchas que deleitan.

El profesor José Manuel Lacomba, narrador de la vida de este creador; y el editor Arnaldo González de la Editorial Librería Mágica, quienes procuran mantener con vida el legado de Marqués, estiman que la publicación de toda obra tardará dos años en materializarse.

Mientras, su escenógrafo, consejero y amigo de toda la vida finaliza la organización de sus trabajos, que continúan apareciendo. Precisamente, acaba de encontrar ocho nuevos ensayos que se adicionarán a su libro Ensayos (1966).

Lacomba aun reside en la casa que habitaba con Marqués y que entonces, costó $8,000. El espacio es un poco menos que monumental, dado que la instala en cada sección toda la memorabilia del dramaturgo. Se encuentran todas sus obras teatrales, incluyendo notas de las aun desaparecidas, cuentos publicados en Alma Latina, Asomante, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), las editoriales Cultural, Antillana, Campos, The San Juan Review, Americas de Washington, DC; Ediciones Odeón de Praga, Casa de las Américas, Cuba, Imprenta Universitaria, México, Editura Pentru, Bucarest, University of London Press, Editorial Zigzag, Chile y Estocolmo, así como lo que continúa apareciendo.

“Cada momento que pasa, hay descubrimientos, sigo ahí encima. Espero vivir lo suficiente para que todo se organice, se publique, y cuando falte, sus hijos y su familia se beneficien. Pienso que la Biblioteca de la Universidad de Puerto Rico podría ser custodia de esta magna historia y memoria colectiva, como legado único de la vida y obra de René”, expuso Lacomba en entrevista con EL VOCERO.

Los archivos contienen los manuscritos originales de sus novelas La víspera del hombre (1958) y La mirada (1974), que ganara el Concurso de Novela del Ateneo de Sevilla. Está íntegro su poemario Peregrinación de 1944. También se encuentran sus guiones cinematográficos de la División de Educación a la Comunidad (Divedco), como Una voz en la montaña (1952), diploma de mérito en el Festival de Venecia y participante del Festival de Edinburgo.

“Tenemos para publicar los libros y folletos de las películas de la Divedco que suman 29, hay algunos desaparecidos, pero que para agrupar estos utilizamos como punto de partida la tesis doctoral de la Dra. Victoria Espinosa, titulada El teatro de René Marqués y la escenificación de su obra Los soles truncos, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Debo decir que el gran legado de René lo constituyó su realismo poético que abarcó toda su obra”, precisó por su parte González.

Tras cumplirse el centenario de su nacimiento, Lacomba recordó cómo fueron los últimos días de su inseparable compañero por cerca de cuatro décadas y cómo hasta el final, buscó complacerle.

“Traté de alejarle de la bebida, porque de eso falleció. Su obra se caracterizó siempre por utilizar un idioma al alcance de todos los públicos, llena de lirismo. Y por eso estamos trabajando, porque ese legado perdure. Aunque muy cerca del final, retornó a Cubuy, en Canóvanas. Ya en intensivo, en el (hospital) Auxilio Mutuo, me pidió el 21 de marzo (de 1979) en la noche, que le trajera una frisa azul de Cubuy porque quería arroparse con ella. Le argüí un instante que tenía decenas en San Juan, pero no discutí para nada. Fui y la busqué y el día 22 murió. No quería que yo le viese morir…”, contó con tristeza.

Al trazar con las manos lo que aparecía como borrado, fue velado en el ICP envuelto con la bandera de Lares, su cuerpo recorrió el Viejo San Juan y desde la Catedral de San Juan Bautista, fue enterrado en el cementerio María Magdalena de Pazzis de la capital, aquel primer día de primavera.

Por su adoración en vida de la actriz sueca Greta Garbo, pidió que su lápida fuera de granito verde sueco, pero al tiempo de conseguirla escribieron su epitafio en inglés. Luego, fue instalado en español, donde se leen sus inspiradoras palabras, sacadas de uno de los parlamentos finales de Mariana o el alba, de 1966.

“El heroísmo no se hereda; se forma dura y dolorosamente en el corazón de los hombres, y los pueblos”.

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