Elizam Escobar

El artista falleció el pasado 15 de enero. >Archivo/Josian E. Bruno Gómez / EL VOCERO

Tres proyectos han marcado la institucionalización de la presencia del pintor, poeta, filósofo y crítico de arte Elizam Escobar (1949-2021), comenzando con la incorporación de su efigie entre los Cabezudos de las recientes Fiestas de la Calle San Sebastián, según la inspiración de Pedro Adorno. Está además el documental Miradas al Arte, de la Liga de Estudiantes de San Juan, a cargo de Demetrio González y Amalia García Padilla, bajo el título Artes de Liberación, presentado recientemente por WIPR-TV.

También, se encuentra el in memoriam realizado por la actriz Soledad Romero en Nueva York, al cumplirse 11 años de la exhibición que hiciera con el artista en 2010, en la galería Kenkeleba en esta ciudad, titulada Antillanos. En esta participaron con Escobar, Daniel Lind, Carmelo Sobrino, Rubén Ríos, Miguel Bulerín y Pablo Marcano.

Unos 30 años antes se había cumplido la fecha de su arresto en Chicago, al acusársele de sedición y condenado a cumplir 64 años de prisión. Después de una larga campaña por su liberación, la pena le fue conmutada por el presidente Bill Clinton, tras cumplir 19 años y cinco meses en cárceles estatales y prisiones federales de los Estados Unidos.

Romero —primera actriz boricua en debutar en la sala del Carnegie Hall en Nueva York protagonizando el oratorio de María Sabina, original del Premio Nobel de Literatura 1989, Camilo José Cela— recuerda que visitó al artista en su residencia taller de Hato Rey para seleccionar las piezas que iba a exhibir, a la vez que le contaba su experiencia tras las rejas, donde le permitieron pintar. Romero resaltó cómo le destacó, que tras esas circunstancias, se dedicó a pulir su intelecto escribiendo poesía y ensayo. Escobar eligió tres piezas para Antillano dentro de su estilo onírico y simbólico.

“Una de estas obras exhibidas fue El ahorcado, un autorretrato que proyecta un destino de morir de esa forma. La figura central aparece colgado de una viga del techo con las manos atadas e insertada en un saco, reflejando que ha caído dentro de una red de pesca, que al mismo tiempo es un sudario mortuorio. Es una pintura que podría ser interpretada de forma literal como alerta por la sarta de prisioneros puertorriqueños que han sido descubiertos ahorcados en la celda”, comentó la también profesora universitaria a EL VOCERO.

“Con casi 20 años encerrado y cuando vivimos esta pandemia de semiencarcelamiento por necesidad, a una le da coraje la ansiedad, y pensando cómo en todos estos años pudo él manejar de manera inteligente ese encierro”, reflexionó.