Antonio Martorell

El artista usa la tecnología para romper la distancia que dicta la pandemia. >Carlos Rivera Giusti/ EL VOCERO

Con más de medio siglo mirándose en el espejo del otro y acercándose además en creativa intimidad hacia una nueva faz, realizando retratos y ahora en medio de una pandemia, el maestro Antonio Martorell explica una nueva serie de arte colaborativo, donde ya no necesita un modelo quien le pose.

“El modelo a distancia me provee no solo su imagen, sino que él o la modelo escogen su vestuario, su pose, el escenario, la enmarcación de la imagen y entonces, de ahí en adelante, con esos pies forzados, me pongo a inventar. Acostumbrado como estoy a pintar el retrato del modelo vivo, al principio recelé de intentar hacerlo a la distancia y partiendo de una foto. Para mi sorpresa, lo estoy disfrutando tanto o más que antes”, revela Martorell.

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Retrato de Taína Caragol, curadora del Smithsonian. >Suministrada

Su representante Walter Otero, señala que en esta etapa pandémica, el artista amarra con Andy Warhol los retratos polaroids que hacía de las celebridades y que exhibiera en su galería de Puerta de Tierra. Warhol frizaba el momento, dice, pero Martorell lo logra a través de la pintura que se genera, a partir de una foto casual.

“Tiene trabajo para buen rato. Está motivado y recibiendo fotos de su público a través del teléfono por textos o correos electrónicos. Warhol detenía la pintura en un polaroid y Martorell añade otra fibra con un retrato bastante similar, pero detenida con el arte de la pintura. Martorell se reinventa usando una pandemia y lo está haciendo arte con fondos extraordinarios, de momentos importantes de la persona que le envía su retrato, como han hecho la cineasta Paloma Suau, la curadora del Smithsonian Taína Caragol y sus hijos Alejandra Martorell y Giovanni Rodríguez”, abundó Otero a EL VOCERO.

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Retrato de Paloma Suau, cineasta. >Suministrada

“He puesto en práctica el retrato a distancia utilizando la nueva tecnología: el teléfono móvil –llamado inteligente– y el correo electrónico son mis aliados y mensajeros en este modo sanitario de violar la cuarentena, que ya es cincuentena. El ‘selfie’ tomado a la distancia viene en auxilio desde el momento en que mis amistades me envían sus ‘selfies’ o, si tienen alguien que los fotografíe, retratos, y yo en la tranquilidad de mi taller en La Playa de Ponce, los pinto. Prefiero que me envíen una variedad de ellos para poder escoger aquel que mejor se preste para el diálogo visual, la activa colaboración entre la foto recibida y mi interpretación de la misma”, precisó el maestro.

Y añade que por ser sumamente gregario y estar condenado al distanciamiento físico debido al novel virus, tiene como imán el teléfono móvil.

“La miro detalladamente o la imprimo, y partiendo de esa imagen invento la superficie que utilizo para pintar sobre ella con pintura acrílica. Hago el retrato sobre telas de damasco, terciopelo calado, fieltro en ocasiones y haciendo collages de una superficie sobre otra. En ese proceso tomo en consideración la textura, el diseño y el color de las telas sobre las cuales trabajo; de tal modo que el resultado es una combinación de muy variados factores entre modelo, superficie pictórica y la mano del artista”, resumió.

El artista manifiesta que para su grata sorpresa, esta nueva obra reinventada, ha tenido una resonancia insospechada y que puede decir que tiene una larga lista de espera para la realización de los retratos pandémicos.

“Lo estoy disfrutando más que nunca porque siempre he hecho retratos pero no han sido tantos como quisiera. La gente es renuente a posar por horas y trasladarse hasta Ponce. Eso ya no es necesario al optar milagrosamente a favor de este proyecto”, dijo.

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