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>Brandon Cruz González / EL VOCERO

Justo cuando se dio paso a la inauguración de Casa Candina, custodio de la cerámica contemporánea puertorriqueña en 1980, y tras abrir su Estudio Caparra y Galería Manos, el escultor, arquitecto y ceramista Jaime Suárez, realiza su primera obra de arte público de escala monumental, en el medio del barro, titulada Un canto al sol, que ocupa la pared del Centro de Bellas Artes (CBA) Luis A. Ferré de Santurce, en la avenida Ponce de León.

Con la inauguración del CBA, efectuada el 9 de abril de 1981, con sus salas Antonio Paoli, René Marqués y Carlos Marichal, concluían las ejecutorias y sueños de sus autores Manuel Méndez Ballester, el dramaturgo Francisco Arriví y el director del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) don Ricardo Alegría. Además, con ello cumplían las aspiraciones de una creciente clase teatral.

Al crearse en 1958 el primer festival de Teatro Puertorriqueño para promocionar a los dramaturgos, luego se inició el Festival de Teatro Internacional como plataforma para crear un recurso económico autosuficiente con escenógrafos, luminotécnicos, diseñadores de teatro, utileros, propagandistas y satisfacer profesionalmente a los teatreros. El CBA satisfacía el género de teatro experimental, el drama y la ópera.

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Durante la filmación, Luis Hernández Cruz frente a su vitral Forma y trópico, 1979-1980. >Suministrada

Habría que añadir que las artes plásticas estuvieron representadas en el mural cerámico de Suárez, el escultórico Las Musas, de Augusto Marín y el exuberante mosaico del vestíbulo de la Sala Marqués, de Luis Hernández Cruz, titulado Forma y trópico.

Además, se sumaría la cinematografía cuando hoy, día de la conmemoración de estas cuatro décadas del CBA, se transmita el especial llamado Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré: 40 años de encuentros, a través de WIPR-TV a las 7:00 p.m.

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Mural Las Musas, de Augusto Marín, 1982. (Brandon Cruz González / EL VOCERO)

Esta pieza fílmica de tres horas presenta anécdotas de productores, dramaturgos, artistas, cantantes como Danny Rivera y Wilkins, y personalidades icónicas como Myrna Casas, que inauguró por la parte teatral el CBA con la obra Los soles truncos, de Marqués; y Carmen Junco, ambas productoras y exgerentes generales de este centro.

Como parte del aniversario se develará el collage RE-Canto al sol, de Suárez, cuyo original pasará a los archivos del CBA, y se reproducirán 60 piezas digitalizadas en tinta de barro, realizadas por el artista Johnny Betancourt.

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Jaime Suárez junto a su collage conmemorativo RE-Canto al sol, y el gerente general del CBA, Jetppeht Pérez de Corcho Morgado. >Brandon Cruz González / EL VOCERO

“Un canto al sol fue hace 40 años mi primera obra de arte público. Anteriormente me habían ofrecido hacer unos murales en el Caribe Hilton, pero no me sentía preparado y los pasé a Susana Espinosa. Cuando surge el CBA sometí obras para ambas fachadas de la Ponce de León y la que da a la Plaza Juan Morel Campos. Juntas las de Marín, Hernández y la mía, fueron comisiones para el centro con una ley ejecutiva del gobernador Ferré, que decía que los edificios públicos tenían que invertir con obras de arte. Fueron también los intereses del arquitecto”, declaró Suárez, quien a partir de ese momento se convirtió en un artista reconocido en todo Puerto Rico e internacionalmente.

Este agrega que estratégicamente al hacer la obra en cerámica, podía calcular por pies cuadrados cuanto material debía utilizar y quemar para llegar a un estado económico.

“El foco del mural es el sol y no está construido porque eso es una manera de crear un impacto. Tomé este tema del sol cantado, dado que es homenajeado en muchas culturas. Está lleno de caligrafía sin palabras o gestos caligráficos más primitivos en el fondo y termina como con las tarjetas de computadoras rectangulares de los años 60 al frente más modernas. En todas las épocas homenajeamos al sol”, mencionó.

Para este aniversario fue contactado en noviembre de 2020.

“Cuando el gerente general, Jetppeht Pérez de Corcho Morgado, me llama para esta conmemoración ya vivía en Carite, donde me habían impactado los atardeceres. Estos tenían barros amarillos, ocres y rojos y pensaba cómo serían mis atardeceres para retomar la forma del canto en el mural. En la obra nueva hice un collage de barrografía, haciendo la puesta del sol tamaño cartel 18 por 30 pies. Imprimí con barro líquido húmedo sobre papel usando el barro como pigmento”, rememoró.

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Mural Un canto al sol, de Jaime Suárez, 1982. >Suministrada

El también escenógrafo, dibujante y profesor, contó a EL VOCERO que “en la inauguración de Un canto al Sol, estaba yo pasando frente al CBA y un guía turístico le dice a su gente: ‘esto lo hizo un artista que ya murió’. Y pues, le dije: ¡El fantasma está aquí con ustedes!”.

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