Victoria Espinosa

>Josian E. Bruno/ EL VOCERO

Con una de las más longevas carreras en la historia de las artes de la representación en Puerto Rico, partió hacia la eternidad —a las 5:50 de la tarde del sábado, a los 97 años, víctima de un fallo respiratorio— la icónica directora teatral Victoria Espinosa, dejando atrás a decenas y decenas de sus alumnos, iniciando con ello el fin de una era.

Guerrera hasta el final y atenta al pulso social de Puerto Rico, el pasado 10 de junio de 2018, en el homenaje que le dedicara el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) en el 59 aniversario del Festival de Teatro Puertorriqueño, hizo un llamado a la defensa de la cultura puertorriqueña y sus artes, en especial el teatro.

“Es imposible creer que lo que fundamos esté a punto de desaparecer. Supongo que el hombre y el artista verdadero no van a permitir que eso siga ocurriendo. Hay que seguir luchando porque el arte es el hombre mismo y el hombre no puede desaparecer. Ustedes serán los culpables si lo permiten; yo no lo voy a permitir, el arte y el hombre verdadero no van a desaparecer”, indicó Espinosa.

De hecho, en el primer festival que inaugurara en 1958, Espinosa estrenó Los soles truncos, de René Marqués, con las veteranas actrices Gilda Galán, Madeline Willemsen y Myrna Casas, así como varias reposiciones. A partir de entonces en esta plataforma, en años sucesivos, montó Cristal roto en el tiempo, de Casas; Sol 13 Interior y Parábola del Andarín, de Luis Rafael Sánchez; su propia obra Areyto pesaroso, Sacrificio en el Monte Moriah, de Marqués; y Caso del muerto en vida, de Francisco Arriví.

Antecedida por los montajes de Leopoldo Santiago Lavandero, Ludwig Schajowicz y la dirección de La Comedieta Universitaria —una productora universitaria de teatro infantil bajo su mando— y los montajes que ofreciera en el Teatro Rodante Universitario, en imitación del concepto del teatro trashumante La Barraca, de Federico García Lorca, llegó a los escenarios rurales más lejanos para regalar la esencia del arte dramático.

Con ello consolidó y rebasó su propia reputación, montando obras en el Ateneo Puertorriqueño, el teatro La Perla y el Centro Cultural de Mayagüez, el teatro social del grupo Anamú, la Oficina de Actividades Culturales de la Universidad de Puerto Rico y producciones independientes con un teatro social fusionando la escena con las perspectivas de las artes plásticas.

Su estilo permitía seguir la representación con composiciones altamente conceptuales y de vanguardia, como sucedió con los estrenos mundiales de Así que pasen cinco años y El público, de García Lorca, premiada en Granada.

“Victoria, mi querida amiga, a quien le debo llegar al teatro en 1955. Dijo que iba a dejar el trabajo que tenía de ayudante de vestuario para dirigir La Comedieta Universitaria y me convocó a aceptarlo. Lo pedí a don Jaime Benítez y desde entonces estuve 30 años en el teatro universitario. Le debo lo que soy. La admiré como mujer, defensora de su patria, y como su amiga. Dirigió mi primera obra, le diseñé el vestuario de Títeres de Cachiporra. Fue mi mentora, pero no solo mía, sino de muchísima gente que jamás la podrán olvidar”, expresó Casas a EL VOCERO.

Fin de una era

Desde Nueva York, la actriz y profesora universitaria Soledad Romero lamentó el fallecimiento de quien la dirigiera en Sacrificio en el Monte Moriah.

“Desaparece una artista que contribuyó a dar fundamento al oficio del actor y a establecer un criterio artístico de alta calidad para la puesta en escena de muchas de las obras más importantes de la dramaturgia puertorriqueña y universal. Impartió a cada puesta un sello personal: obras pulidas e impecables, rigurosas en lo estético. Fue una mujer afrodescendiente, culta y emancipada; nos dejó un gran ejemplo para la posteridad”, dijo Romero.

De otra parte, Carlos René Ruiz Cortés, director de la Corporación de Artes Musicales (CAM) y del ICP, consideró una fortuna el homenaje en vida a Espinosa el pasado año junto a su esposo, el artista plástico Luis Maisonet. También por haber presentado en el Teatro Arriví su última publicación, Lorca en mí, yo en Lorca.

“Con ella presente le rendimos homenaje y la grabamos además en una vídeo biografía que estrenaremos muy pronto. Doña Victoria ha sido un baluarte de las artes escénicas y su contribución artística es inmensa, incalculable. Queremos que el pueblo la reciba en el teatro del instituto que lleva su nombre, Teatro Victoria Espinosa, con los brazos abiertos. Además, estamos unidos en este pesar con toda su familia”, declaró Ruiz Cortés.

El gobernador Ricardo Rosselló también se unió al duelo por la partida de Espinosa.

“Nuestra solidaridad para sus familiares y amigos en este momento”, apuntó.

“Con Victoria Espinosa se cierra una era”, puntualizó por otro lado la crítico teatral Dra. Gloria Waldman desde Nueva York.

Como fue su voluntad, la directora teatral será cremada y sus restos descansarán en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan, confirmó su familia a este diario.

Le sobreviven su esposo, el artista Luis A. Maisonet y su hijos Sol y Luis, quienes precisamente el mes pasado iniciaron conversaciones con la Fundación Luis Muñoz Marín para la transferencia de los archivos de Espinosa, que compendian siete décadas de historia teatral en la Isla.

“Ayudó a muchos a levantar vuelo y guió sabiamente a quienes pidieron consejo. Dio sus mejores años al desarrollo de un teatro nacional robusto y consecuente. A todos dio cátedra de integridad y rectitud”, señaló su hijo.

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