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Obra Con-junto, de Daniel Lind.

En la instalación Armario de la conciencia (Storage of Memory), del maestro pintor y escultor Daniel Lind, título que utiliza para su exposición actual en la Marlborough Gallery, en Chelsea, Nueva York, un televisor ocupa el espacio de una memoria que es sostenido por enseres, naturaleza y un arma de guerra, producto de su geografía loiceña y por una arqueología de restos terrenales.

Esta obra y sus componentes constituyen ayer y hoy, códigos y costumbres que al pasar por su cedazo se compilan en poderosas metáforas épicas.

En medio de la devastación que vive el mundo por el Covid-19, se cernió sobre Puerto Rico otra esplendorosa noticia de su obra, reseñada ampliamente por The New York Times el 3 de marzo, reconociendo nuevamente en Lind el artista que transforma los desastres de su tierra en poesía.

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Daniel Lind junto a su obra Armario de la memoria. >Suministradas

Igual empoderamiento causó en la Bienal del Whitney Museum del pasado año, con sus esculturas María-María, correlacionando a la Virgen María y el temible huracán, y su pieza 1797: Vencedor, inspirada en la victoria de la milicia de esclavos y libertos de Loíza sobre la armada inglesa y su invasión de San Juan a finales del siglo 18.

En su narrativa plástica, rebusca en el cúmulo de sus recuerdos los planteamientos estéticos de su obra.

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1797: Vencedor

“En la exposición permanente Puerto Rico Plural, del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), 1797: Vencedor, está ubicada —perdonando las distancias— al lado del óleo de José Campeche, Gobernador Ramón de Castro de 1800. De Castro en la pieza señala hacia el espacio de aquellos combates, y eso me llenó de un orgullo porque ambos cuadros tienen que ver con ese evento en dos tiempos distintos. El está en el Castillo de San Cristóbal y al final del paisaje se ve San Mateo de Cangrejos, que era Loíza entonces y llegaba hasta mi pueblo”, expone.

“En ese símbolo visual de una resistencia, sales de lo local y llegas a lo humano porque en el mundo tienes esta situación que se repite históricamente en la lucha de clases. No es de un sitio consciente como expresión porque a través de esa narrativa hablas de lo universal y por la lucha por permanecer y persistir en espacios de origen. Eso se da y quiero que el espectador conozca los objetos, entre por ellos, y si no los conoce pues que vaya por lo formal de cómo está construida la imagen”, agregó.

En sus instalaciones, donde cada objeto encontrado contiene parte del cuento total, estas se fecundan por herramientas de trabajo, estacas auténticas de mondar coco, un burén, máscaras talladas por él, madera, cabezas de penca con punta de metal, materiales de la palma de coco, otros ‘ready-made’ y hasta elementos gastronómicos. En su sector loiceño de Colobo, conocido por sus artesanías, los vecinos le llevan a su taller objetos y entran —en medio de una simbiosis— a su expresión desde sus experiencias activando el poder de su obra.

“Esa combinación de experiencias vividas en París, Nueva York, Guyana, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico me ayudó mucho a darle forma a mi obra de hoy. Trabajando y trabajando he ido haciendo esta obra con una actitud crítica para articular mi lenguaje en lo narrativo y formal, e irradiar significados mucho más allá del ámbito local. Narro el tiempo que estoy viviendo, por eso cuando pasa María viene ese impulso de recrear mi lenguaje, el que he llevado siempre, donde combinas emoción y sentimiento”, terminó diciendo.

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