Guiot
Guiot pidió a los profesionales de la salud que tomen tiempo para orientar a los que todavía no quieren vacunarse. >Archivo/EL VOCERO

El miedo ha sido una de las constantes en la pandemia de covid-19. Y, 18 meses más tarde, las razones han cambiado, pero sigue como presencia constante para los que han tenido que afrontar el virus cara a cara.

El infectólogo Humberto Guiot estuvo en primera fila cuando el covid-19 llegó a la Isla y cuando aquí, al igual que en el resto del mundo, se daban pasos atropellados para tratar de descifrar el rompecabezas que sigue siendo el coronavirus y sus variantes.

Reconoció que esos primeros días de manejar el virus fueron difíciles y agotadores. Ahora, con tres vacunas aprobadas, manejan el miedo de los que llegan al hospital sin haberse puesto el fármaco. En Puerto Rico se han repetido las historias que se escuchan y leen en otras partes donde hay vacunas: los pacientes llegan y, casi sin aire, piden ser inoculados para paliar de alguna manera la enfermedad que los agobia.

“Muchos pacientes que llegan, que habían decidido no vacunarse o que no estaban decididos todavía o que querían esperar un tiempo adicional a ver si seguía saliendo información acerca de la vacuna, en ese proceso se contagiaron. Muchos de ellos nos manifiestan estar arrepentidos de haber esperado y que ahora es muy tarde”, relató Guiot.

“Al principio veíamos muchos pacientes severamente enfermos mayores de edad. Desde enero y febrero, muchos de los pacientes que están llegando severamente enfermos son personas jóvenes en sus 30 y 40 años. Son personas en el pico de sus carreras, jefes de familia. La preocupación que tenemos es que esto va a tener un impacto en los próximos años y las próximas décadas. Vamos a tener menores que perdieron a sus padres a temprana edad y es algo que vamos a estar estudiando por mucho tiempo”, sostuvo.

Guiot formó parte del grupo o ‘task force’ inicial creado por la entonces gobernadora Wanda Vázquez para ofrecer recomendaciones en el manejo de la pandemia. Desde entonces, ha estado colaborando con el gobierno en las medidas contra el coronavirus. Es infectólogo en el Hospital Universitario de Adultos del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y en HIMA San Pablo, en Bayamón.

Su trabajo diario es de la mano del virus: los infectólogos son los especialistas que atienden a estos pacientes de covid-19 desde las salas de emergencia para identificar el tratamiento más adecuado. Guiot admitió que desde que comenzó el virus hasta ahora, eso también ha cambiado. Al presente, dijo, son muchos los pacientes que ya llegan con la prueba positiva de covid-19, un poco más conscientes de los síntomas del virus.

“Al inicio de la pandemia las pruebas solo se hacían en pacientes hospitalizados. Había que pedir autorización. Después se empezaron a liberar, pero era solo a pacientes en sala de emergencia. Hoy tenemos áreas ambulatorias haciendo pruebas y los pacientes llegan con el diagnóstico a veces en menos de 24 horas”, indicó.

“Antes teníamos que esperar días y eso ha sido una gran evolución. Los pacientes están más conscientes de los síntomas a los que tienen que estar pendientes. Antes a veces desconocían incluso la magnitud del virus. Ahora tenemos alternativas de tratamiento”, puntualizó Guiot.

Crecimiento en medio del sacrificio

Al evaluar lo que ha representado esta pandemia para los trabajadores de la salud, Guiot recordó que para estos profesionales esto ha significado altas y bajas. Señaló que por momentos incluso no han contado con el equipo de protección y, como sucede ahora, trabajan con falta de personal que se ha ido precisamente a causa del virus.

“Ha sido un proceso de mucho crecimiento, pero a la misma vez de mucho sacrificio, de muchas dudas en el camino y de muchas historias que han concluido antes de lo que uno esperaba. Pacientes que han perdido la vida antes de lo que uno esperaba o de lo que su familia esperaba y otros pacientes que, si han sobrevivido, persisten con complicaciones y con dolencias a raíz de la enfermedad”, detalló.

Comparó el coronavirus con otras infecciones como la del H1N1, que de igual forma dejó miles de muertos. Sin embargo, la entonces llamada fiebre porcina no representó ni toques de queda ni un giro de 180 grados en la vida, el comercio y la sociedad.

“En esta pandemia ha sido mucho más agobiante, mucho más largo. El trabajo ha sido de meses”, indicó.

Su pedido al resto de los profesionales de la salud es que, aun con el cansancio, tomen tiempo para orientar a los que todavía no quieren vacunarse.

“Los que recibimos pacientes a nivel ambulatorio, o cuando tengamos alguna interacción con algún paciente en cualquier otro ámbito, debemos tomar tiempo para preguntar si se han vacunado y, si no lo han hecho, sacar un tiempo para dialogar sobre sus reservas”, expresó Guiot. “Por lo menos una persona al día va a hacer una gran diferencia”.