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El tamaño promedio de las piscinas que más demandan los clientes al presente son de 10 pies por 15 pies, con precios sobre los $14,000.

En medio de la crisis económica que ha generado la pandemia del Covid-19 en la Isla, las ayudas provenientes de fondos federales —compuestas por el programa de Asistencia de Desempleo Pandémico (PUA, por sus siglas en inglés) y el estímulo federal de $1,200 para las personas, entre otras, han sido utilizadas por muchas familias para la construcción de piscinas en sus casas.

Así lo pudo constatar EL VOCERO a través de entrevistas a representantes de empresas que se dedican a construirlas, quienes aseguraron que la demanda ha sido de tal magnitud que actualmente hay escasez de muchos de los materiales necesarios para cumplir con las órdenes. Según sostuvieron, las ventas mensuales se han multiplicado el doble y un poco más en los pasados meses, y describieron al cliente promedio como personas de escasos recursos.

Según los entrevistados, el tamaño promedio de la piscina que más demandan los clientes al presente es de 10 pies por 15 pies, cuyo precio oscila entre los $14,000 y los $23,000.

Henry Jiménez, propietario de Caribbean Pool & Spa, dijo a este medio que sus nuevos clientes no responden al perfil tradicional del negocio, y mencionó que hay muchas órdenes en barrios y en zona rural. “Mis clientes eran personas de clase media alta y alta, de urbanizaciones con controles de acceso. Eso no se está viendo ahora. Es otro cliente, que ante el encierro está invirtiendo en comodidades para el entretenimiento en el hogar. Le llamo las piscinas del PUA, ya que muchos clientes han utilizado estas ayudas para mejoras del hogar”, afirmó Jiménez. Mencionó que los pagos se efectúan en un 50% con cheques de gerente y el restante con cheques personales.

Destacó que la tendencia comenzó a notarse después de marzo. No descarta que de continuar la tendencia actual, haya en la Isla una escasez mayor de materiales particulares para la construcción de piscinas.

Johnny Marcial, propietario de Johnny’s Pool, coincide en que las ayudas federales han incidido en la tendencia alcista. “Hay una mayor demanda por entretenerse. A ello se le añade el calor y al llegar la ayuda federal, optaron por invertir en sus casas. Nuestros clientes actuales no suelen ser los tradicionales. Antes eran inversionistas extranjeros que se mudaban y rápido construían una piscina, o personas de clase media alta o alta. Hoy es diferente, son personas de clase media baja y baja”, afirmó Marcial. Expresó que actualmente construyen un promedio de 10 piscinas mensuales.

Para Ivette Díaz, representante de Go Pool Spa, las órdenes igualmente se han duplicado y un poco más. Contó que al mes construían tres piscinas y ahora son entre siete y ocho. “El encierro ha provocado la búsqueda de alternativas para entretenerse, viendo en las piscinas una opción real”, afirmó Díaz. Agregó que los clientes también han destinado a este propósito dinero que tenían para viajar.¿A qué responde este comportamiento?

Para el economista y analista financiero Gustavo Vélez, al presente se experimenta una liquidez artificial que no solo se ha ido en piscinas, sino también en televisores plasma, BBQ y acondicionadores de aire, entre otros. “La gente piensa que esto es para largo y están actuando por impulso. Se trata de un espejismo financiero cuyo problema estriba en que en un futuro no tan lejano sea insostenible, porque no está anclado en una salud financiera propia. De ser así se va a provocar un duro golpe a la estabilidad, si la economía no se rearticula y no llegan más fondos federales”, afirmó, al indicar que el gran impacto se experimentará para el tercer trimestre de este año.

Vélez entiende que gran parte del dinero que están gastando muchas familias responde también a las moratorias, pagos que se han dejado de desembolsar por varios meses pero que nuevamente tendrán que hacer.

El sociólogo Víctor García Toro señaló, por su parte que en momentos de crisis las conductas cambian y no se puede utilizar los mismos parámetros para analizar una situación. Explicó que en Puerto Rico se ha dado el fenómeno de que para muchas personas las ayudas federales han sido un respiro a una situación económica seria que atraviesan, mientras para otros el asunto no es tan complejo.

“Se trata de una bonanza temporal. Parecería difícil pensar que ante la realidad que se vive, no se valorice el ahorro. Se trata de que piensan en pasarla bien ahora y aprovechar ese dinero para disfrutarlo. Esa manera de actuar es la respuesta de cómo invertir su tiempo y su dinero. Se trata de un gasto irracional desde la perspectiva económica, ya que esa inversión acarrea unos gastos recurrentes que van desde el costo energético hasta el de mantenimiento semanal (de las piscinas)”, sostuvo.Contraste económico

Los estimados de economistas apuntan a que en Puerto Rico el nivel real de desempleo figura entre 18% a 20%, equivalente a unas 205,000 personas. Esto acrecienta los niveles de pobreza, que en la Isla ya ronda cerca del 60% y la coloca como la segunda jurisdicción americana con más desempleo y pobreza en comparación con los demás estados.

Agregan que la radiografía financiera es cada vez más desalentadora y apoya una tendencia de movilidad social negativa, por la que también se verán afectados aquellos que forman parte de la clase media, que han perdido sus empleos o que se verán obligados a cerrar sus negocios.

De hecho, han sido los pequeños negocios los que mayormente se han visto afectados por la paralización comercial a raíz de las medidas para combatir el Covid-19.

reportera