Residencial Villa Esperanza, Keishla Rodríguez,

Pilar Quiñones llegó hasta el altar ubicado en las afueras del residencial Villa Esperanza para rendir tributo a Keishla Rodríguez Ortiz. 

El ambiente de tristeza y la incredulidad se notaba en el residencial Villa Esperanza en Caimito, donde vecinos y conocidos de Keishla Rodríguez, dieron su último adiós a los restos físicos de la joven víctima de la crisis de violencia de género que enfrenta la Isla.

Afuera del residencial había una especie de altar en honor a Keishla con juguetes, flores, globos, mensajes, y pinturas. “Keishla, el país seguirá tu caso, se te hará justicia por ti y tu bebé”, leía una pancarta ubicada al lado de los obsequios.

Los residentes del complejo dieron acceso a los medios de comunicación hasta el apartamento donde vivía la joven, y que ahora lleva un enorme mural. Se sentía el viento, el silencio y la pena de los residentes de la comunidad, que más que todo se desbordaron en solidaridad con los padres de la fenecida, José Antonio Rodríguez y Keila Ortiz.

Mural Keishla Rodríguez

Este mural está ubicado en lo que era la residencia de la joven asesinada el pasado 29 de abril. 

Desde las 9:30 de la mañana, los residentes del complejo cargaban globos color blanco, violeta y azul, y se acomodaron a la entrada del residencial para esperar la caravana con los coches fúnebres, que salió desde la funeraria Ehret en Cupey. Además, vestían coloridas camisetas que llevaban la foto de Keishla, cargaban flores y carteles con mensajes de amor para Keishla.

“El caserío está completo resentido porque era una muchacha que era de su trabajo a su casa diariamente. Se veía nada más que por las mañanas y por la noche cuando regresaba del trabajo. Era una muchacha dedicada a su trabajo y su casa. Era muy sensible con los perros y los animalitos. Siempre era la misma: cariñosa”, expresó Juan Cotto.

Cotto reflexionó sobre el asesinato de Keishla y por el cual se acusa al boxeador Félix Verdejo y a otro individuo que, alegadamente, actuó como cómplice.

“Hay que esperar qué es lo que va a pasar con la justicia. Estamos resentidos porque era una muchacha muy buena y tranquila”, dijo.

Leila Reyes, otra residente de Villa Esperanza, se mostró solidaria con la madre de Keishla.

"Todos estamos consternados por esta situación que no es algo que uno espera, pero como madres estamos bien sentidas y dolidas. Tengo hijas y todas estamos en apoyo porque no es solo por Keishla sino por todas a las que le ha pasado eso en Puerto Rico. Estamos aquí apoyando a su mamá y a la mamá del que dicen que fue porque no se sabe. Nosotros estamos en oración y dejando todo en manos de Dios como debe ser”, afirmó.

Reyes narró que su hija es vecina de la hermana de Keishla y que como resultado de eso mantiene buena relación con la familia.

“Siempre la voy a recordar cómo era ella. Sacando a sus peritos a pasear por la mañana antes de irse para el trabajo y cuando venía también. No era una mucha de estar por ahí, era dedicada a sus animalitos que eran como sus hijos”, expresó.

Residencial Villa Esperanza en Caimito

Un grupo de residentes de Villa Esperanza en Caimito expresaron su sentir sobre la violencia de género en Puerto Rico. 

Pilar Quiñones ya no vive en el residencial, pero allí pasó gran parte de su vida y crio a sus hijos. No conoció a Keishla ni a sus familiares, pero llevó unos brillantes girasoles al altar de obsequio localizado en las afueras.

“Me uno al dolor también como madre que soy”, expresó a EL VOCERO luego de dejar los girasoles. Señaló que la incidencia criminal no solo afecta a las personas que viven en los residenciales, sino que “también pasa en los mejores sitios”.

Pilar Quiñones

Pilar Quiñones llegó al residencial en el que vivía Keishla Rodríguez para llevarle girasoles. 

“Me mudé para estar más estable y quise hacerme de mi casa, pero viví aquí durante 29 años. Cuando entregaron las primeras llaves de estos apartamentos estuve entre las primeras 25 llaves que dieron”, expuso.

Residencial Villa Esperanza en Caimito

Un grupo de residentes de Villa Esperanza en Caimito expresaron su sentir sobre la violencia de género en Puerto Rico. 

La caravana finalmente llegó al residencial al filo de las 11:00 de la mañana e hizo una parada. Decenas de vehículos y ciudadanos se unieron a la comitiva, que contó con cuatro coches fúnebres. Los primeros dos llevaban las flores y las coronas. El tercer vehículo llevaba los restos de Keishla; el cuarto carruaje funerario era en honor y en memoria de todas las mujeres asesinadas en la Isla.

Los familiares de Keishla vestían de blanco y no de negro como es común en los funerales.

Al detenerse la caravana, la madre de la joven fallecida y su hermana Bereliz Nichole bajaron de un auto con palomas color blanco en sus manos y notablemente afectadas. Un líder religioso se fundió en un abrazo con ambas y procedió a orar. Al finalizar el encuentro espiritual y entre lágrimas, soltaron las aves como un símbolo de paz, pureza y devoción.

Mientras que al otro extremo de la calle, decenas de vecinos miraban con respeto y solidaridad. A lo lejos sonaba la canción “Yo te extrañaré” de Tercer Cielo y retumbaba el ruido de autos, camiones, guaguas escolares y hasta las motoras que unieron a la caravana que concluyó con la sepultura de los restos físicos de Keishla en el cementerio Los Ángeles Memorial Park en el municipio de Guaynabo.

Periodista destacada en la Legislatura de Puerto Rico.