Rosimar Rodríguez Gómez

Rosimar Rodríguez Gómez.

“La empujó por la parte de la espalda, móntate, pero ella no se choca, baja la cabeza y se montó”. Ese fue parte del relato de Zaida Martínez, quien fue testigo del secuestro de su prima Rosimar Rodríguez Gómez, presuntamente perpetrado por Jay O’Neill González Mercado, ocurrido el pasado 17 de septiembre. 

Durante el segundo día del proceso de vista preliminar contra González Mercado, Martínez declaró a preguntas de la fiscal Jessika Correa, que Rosimar comenzó a vivir en su residencia un mes después del inicio de la pandemia por el Covid-19. 

Mencionó que previo a la pandemia, vivía en el residencial Villa Esperanza junto a su expareja Jolenys Soto. Describió la relación entre estas como “tóxica y con problemas”. 

Contó que Rodríguez Gómez se fue de la casa de Soto porque esta dejaba la niña a su cargo. “Salía de la vivienda en horas de la mañana y regresaba en la noche”, mencionó Martínez.

Contó que el día del secuestro, Rosimar llegó a su casa, ubicada en el barrio Sabana Seca de Toa Baja, a eso de las 9:10 y 9:12 de la noche en compañía de sus primos Abdiel y Adriana.

Observó a Rosimar pálida y nerviosa, por lo que le preguntó qué sucedía. Esta le respondió que Soto se dirigía a la residencia, que le había enviado la dirección a través de un “pin”. 

“Caminaba de lado a lado. Me dijo que a Jolenys le pasaba algo porque la escuchaba llorando. Algo le pasa, pero no logro comunicarme con ella. Le contestaba por mensaje. Rosimar me pide mi teléfono para hacerle una llamada y le dije que no, que ella sabía el teléfono porque una vez le envió $10 por ATH móvil. Jolenys le enganchó la llamada pero, le envió un mensaje que bajara, que estaba llegando. Ella le dio la ubicación”, narró Martínez.

La testigo comentó que no entendía por qué su prima le envió un “pin” a Soto, debido a que esta había acudido a su casa en unas seis ocasiones. Rosimar le dijo que le envió la ubicación porque Soto no estaba bien.

“Le indiqué a mi prima que no bajara porque Jolenys Soto no tiene carro y le indiqué que no iba a venir sola y que algo estaba sucediendo, algo no estaba bien”, contó Martínez.

Sin embargo, Rosimar no le hizo caso y bajó a encontrarse con Soto.

La testigo escuchó un carro acelerado. Era una Suzuki blanca Sx4, de cuatro puertas.

Explicó que podía ver desde donde se encontraba, ya que en el lugar había mucha iluminación por un poste del tendido eléctrico. 

“Se baja este hombre más o menos de la misma estatura de Rosimar, trigueño, flaquito, pelo corto, le levanta las manos y le dice quién cara.. tú eres, quien cara.. tú eres….Observo la escena desde el segundo piso de mi casa…en tono de voz fuerte gritándole, ella no habla, él abre automáticamente la puerta de atrás del conductor y le grita montante”, narró la testigo.

Al ser cuestionada sobre qué hacía Rosimar, Martínez contestó que estaba en shock y que no reaccionaba. 

“No reaccionó, no se montó  y él la empujó, móntate por la parte de la espalda, pero, ella no se choca, baja la cabeza y se monto. El tira la puerta y se va por la parte de atrás del vehículo, levantó su mirada hacia donde yo me encontraba y se montó por el lado del pasajero de enfrente, el vehículo dio reversa y arranca”, contó Martínez.

Narró que luego de que Rosimar se marchó, le envió un mensaje de texto para que le enviara su ubicación. Ni Rosimar ni Soto le respondieron las llamadas. Los teléfonos fueron apagados, por lo que decidió llamar al 9-1-1 para notificar el secuestro.

La policía llegó unos 40 ó 50 minutos más tarde. Le describió al agente Pabón el sujeto que secuestró a su prima y el vehículo de motor.

La testigo le informó lo sucedido a sus padres. Su progenitor, tío de Rosimar salió a buscarla, pero no la encontró.

Durante el contrainterrogatorio, a cargo del abogado del imputado, Manuel Morales, la testigo reconoció que no le dijo nada al individuo, ni gritó buscando ayuda.

De igual forma, aceptó que no vio al imputado con un arma de fuego.

Morales intentó demostrar contradicciones entre el testimonio que ofreció Martínez en sala y en la declaración jurada del 29 de septiembre.

En la declaración jurada, no describió la ropa que vestía González Mercado y tampoco dijo que su prima había llegado a su casa con comida de McDonalds.

Mientras, durante el redirecto, la testigo le explicó a la fiscal Correa que no gritó pidiendo ayuda porque le dio miedo, ya que sus hijos estaban en la casa.

“Reaccioné de manera que no era yo. Además me asusté por lo que vi. Me eché para atrás, no sé como iba a reaccionar la persona”, acotó.

La vista continúa mañana con el testimonio de Xadiel Ián Cabranes Mojica, amigo del imputado a quien presuntamente le confesó el crimen.

Al concluir la vista, el abogado de González Mercado dijo a la prensa que su cliente mintió a los agentes cuando les confesó que había participado en el secuestro de la finada de 20 años, para proteger a su familia, debido a que había sido amenazado.

“Están tratando de acusarlo a él con unas declaraciones que son llenas de mentiras, porque en realidad estaba protegiendo a su familia y a la propia Jolenys”, dijo el letrado, quien afirmó que su representado no secuestró a Rosimar, ni estuvo presente en el asesinato.

Mientras, la fiscal Gretchen Pérez, aseguró que González Mercado es el autor de los hechos.