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Ojos boricuas sobre el volcán que acaba de nacer y fascina al mundo

Gabriel Rivera, de Aibonito, se fue de vacaciones a Islandia, junto a Beatriz Hernández, sin imaginar que iba a documentar uno de los fenómenos de la naturaleza más raros del mundo

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Gabriel Rivera en el volcán de Islandia

Gabriel Rivera, durante su viaje a Islandia en el que documentó al volcán que acababa de nacer en ese país. 

Gabriel Rivera necesitaba un break. Después de un año de pandemia intenso, en el que no paró de trabajar, necesitaba salir de Puerto Rico por un rato. Pero con el covid-19 no era fácil encontrar un destino que le permitiera recuperar energía. Buscó en Internet y en la lista de países a los que podía ir hubo uno que le llamó la atención: Islandia. Otra isla. Nunca había pisado aquellas latitudes: las mismas que Puerto Rico, pero invertidas: 66° 18°.

No lo dudó, sacó el pasaje y trazó un itinerario de viaje. Pero la naturaleza tenía otros planes para este boricua nacido en Aibonito. 

Después de un "enjambre" de 14,000 terremotos y réplicas —el mayor de todos de 5.6 en la escala de Richter— que comenzaron el 24 de febrero pasado, la Tierra dio a luz a un nuevo volcán. El 19 de marzo de 2021, abrió sus entrañas y lanzó 10 millones de pies cuadrados de lava, según el Servicio de Meteorología de ese país, despertando de un sueño que duró casi 800 años. Eran las 8.45 p.m. 

Un mes más tarde, Gabriel y Beatriz Hernández aterrizaron en el aeropuerto de Keflavik, a 45 minutos de Reikiavik, la capital. Aunque habían volado 14 horas, incluidas 5 horas de escala en Boston, dejaron sus maletas y se hundieron en los caminos de la isla de hielo, en busca de Fa-gras-dals-fiat. Así se pronuncia el nombre con que se dio a conocer este volcán que mide 1,263 pies en su altura máxima. 

Se lo llamó Fagradalsfjall en un principio por una montaña homónima que está cerca. Su erupción fue la primera que vivió Islandia en 6 años. Y aunque no se la considera de gran tamaño, ni riesgosa, es un espectáculo único para todos los sentidos. 

“Se siente el calor en la piel, el olor a dióxido de azufre, y se ve el fuego saliendo explosivo y sin cesar de las grietas. Cuando lo vi, olvidé todo peligro; olvidé el frío y la hora, olvidé todo estrés y reafirmé mi condición de hormiga al ver la sangre pura de la Madre Tierra formando nueva tierra y haciendo paso sin pedir permiso”, recuerda Gabriel. 

Este ingeniero electricista había llevado su drone —el mismo que utiliza en Puerto Rico para poder diseñar sistemas de energía solar fotovoltaicos— y lo puso a volar sobre el volcán.

Las imágenes fueron tomadas por el puertorriqueño Gabriel Rivera sus vacaciones.

“Antes de viajar, había visto tantos videos del volcán que tenía miedo que me diera una catarsis, porque iba con mucho estrés, quería desconectarme y conectarme ahí y el asombro es tanto que sentí que no estaba en mi cuerpo. Aunque había 200 personas se me olvidó que la gente estaba ahí. Era un concierto de la naturaleza solo para mí”, cuenta Gabriel. 

Junto a Beatriz, también puertorriqueña, fueron testigos privilegiados de uno de los fenómenos más raros del mundo, que incluso está estudiando la NASA. La última vez que hubo actividad volcánica en la zona fue hace 800 años y la lava que desgarró la Tierra tiene 6,000 años de antigüedad.  

“Este es un sistema volcánico pequeño en un valle inhabitado, no representa peligro inmediato a la población cercana. No es una erupción con cenizas. No se sabe si dure días, meses, o años. Sí se sabe que es de lava tipo basáltica que proviene de 11 a 12 millas de profundidad y que es la más vieja en Islandia”, explica Gabriel. 

De acuerdo al Servicio de Meteorología de Islandia, la fisura eruptiva del volcán, a unas 36 millas de Reikiavik, midió unos 1,640 pies de largo y arrojó hasta ahora casi 1,100 millones de pies cúbicos de lava en pulsos que pueden superar los 500 pies de alto, y que cubren una superficie de 445 acres. 

“La lava al secarse en la superficie es color negro y bajo la luz del sol se le ven leves tonos verdes y violeta. De día, hace contraste con el marrón de la tierra y el azul del cielo. De noche, se ve un rojo amarillo intenso brillante que alumbra todo. Al atardecer se pueden ver ambas luces en un mismo paisaje, la celeste y la terrestre”, dice. 

Con tanta belleza alrededor, el pueblo de Grindavík, a 15 millas de la erupción, tenía que encontrar el nombre perfecto para el volcán. Realizó un concurso para bautizarlo y de entre 339 nombres eligieron Fagradalshraun, que tiene un significado similar a "bello valle montañoso".

Muchas personas como Gabriel y Beatriz han aprovechado la ocasión para tomar fotos y videos de la lava a una distancia segura. Y de paso, conocer un país muy diferente a Puerto Rico.

Gabriel Rivera y Beatriz Hernández

Gabriel Rivera y Beatriz Hernández durante su viaje por Islandia. (Suministrada)

“Es una isla que tiene un resumen de todo el planeta tierra y que lo único que le falta es la tropicalidad de Puerto Rico”, dice por su parte Beatriz, abogada especialista en quiebras a EL VOCERO. 

“Lo que más me impactó fue cómo la gente ha desarrollado esta mentalidad de preservar natural. Las carreteras y caminos parecen ser construidos con el objetivo de minimizar el impacto a la naturaleza. El objetivo de la infraestructura no es la comodidad, sino la preservación, y eso hace que todo el camino sea un paisaje escénico”, explica Gabriel.

Cabaña en Islandia

La construcción en Islandia busca tener el menor impacto ambiental posible. (Gabriel Rivera)

Las imágenes cercanas al volcán muestran también que la erupción ha provocado hermosos cielos anaranjados que pueden disfrutarse, incluso, a varias millas del lugar.

“Se nota la distorsión que genera el calor en el ambiente, se escucha un sonido crujiente como de cristales rompiéndose, se ve la lava fluyendo y quemando todo en su camino ”, describe Gabriel que disfrutó de otros frutos del suelo como el Rúgbrauð, un pan de centeno que se hornea en la tierra con el calor geotermal.

Volcán de Islandia con cielos anaranjados

Vista del volcán que nació en Islandia el 19 de marzo de 2021. (Gabriel Rivera)

Por su parte, Beatriz  disfrutó "muchísimo la contradicción del frío con el calor" y  "la ruta que hay que caminar para llegar al volcán. Es un reto y toda la experiencia se siente como que pasaste de una etapa a otra. Te sientes bien refrescado y liberado de toxicidad y de lo viejo, que estás ready para lo próximo que venga”, cuenta.

Una nueva "maravilla" para vistar

El gobierno de Islandia calcula que unas 75,000 personas han visitado la zona desde que comenzó la erupción hace casi dos meses y estiman que muchas más lo harán.

El interés que ha despertado esta nueva "maravilla" del mundo es tan grande que los 20 propietarios en Grindavík han recibido ofertas de interesados en adquirir los terrenos cercanos a la erupción.

“Hay muchas cascadas muy impresionantes y accesibles, algunas con caminatas cortas, en muchas te mojas completamente aún sin estar en el agua, y algunas forman arcoíris bien definidos con la luz del sol. En menos de dos horas puedes pasar de cascadas a montañas volcánicas, y de ahí a glaciares”, repasa Gabriel acabado de llegar de viaje.

Las 369,870 personas que viven en Islandia aman su tierra, están orgullosas de ella. La respetan porque la sienten como parte de sus vidas. Su historia y sus leyendas, como la de Surtr, el dios del fuego —si, el mismo que inspiró el cómic de Marvel—, están ligadas a la naturaleza del país. Lo que brilla en las casi 40 mil millas cuadradas de Islandia son sus paisajes hechizantes, llenos de magia, como las auroras boreales, con los que sus habitantes se sienten muy unidos.

“Percibí una alta conciencia colectiva sobre la contaminación lumínica que es necesaria evitar para contemplar la aurora boreal. También noté mucha conciencia sobre la contaminación acústica. En horas de descanso el silencio es absoluto y permite escuchar sonidos lejanos”, recuerda Gabriel.

Aurora boreal en Islandia

Aurora boreal en Islandia, en abril de 2021. (Gabriel Rivera)

A diferencia de Puerto Rico, Islandia es uno de los países e islas que más energía renovable produce en el mundo. El 85% de la potencia generada proviene de energía geotérmica, hidroeléctrica y eólica. Islandia es el mayor productor de energía verde per cápita del mundo y el mayor productor de electricidad per cápita, con unos 55,000 kWh por persona y año. En comparación, la media de la Unión Europea es inferior a 6,000 kWh por habitante.

“No es una competencia, es un ejemplo lo que los islandeses están dando sobre cómo manejar sus recursos. Podríamos hacer lo mismo aquí, pero falta voluntad”, dice Gabriel que se dedica a la energía renovable y otro de los motivos para visitar aquella isla fue “ver cómo un país puede funcionar con energías renovables casi en su totalidad”. 

Islandia y Puerto Rico son lugares que tienen mucho en común y mucho en contraste, asegura este ingeniero electricista. 

 

“¡Hay que mirar el reloj! Es difícil tener una noción clara de la hora cuando el sol cambia tanto. Pueden ser las 9 de la noche y parecer que son las 3 de la tarde. ¿O debo decir las 9 de la tarde? En los supermercados, en la carretera, en las caminatas, los islandeses no paran y no parece que les guste que los retrases, un alto contraste con la frecuencia caribeña”, explica Gabriel. ¿Otra coincidencia? Además de las coordenadas invertidas, los colores de las banderas de ambos países son los mismos y los islandeses aman los guineos. 

Aunque el nombre del volcán es complicado de pronunciar —"todo es imposible de decir", según Beatriz—, es probable que les sea familiar a los boricuas seguidores de la cantante islandesa Björk, que grabó en ese mismo lugar la canción “Black Lake” del álbum Vulnicura. 

Como una especie de premonición, la letra de la canción de 2015 dice: “Mi escudo se ha ido, mi protección se ha llevado. Soy una herida, mi cuerpo palpitante”. La erupción del Fagradalshraun no es más que una herida de la Tierra, sangre de su interior que palpita hacia la superficie. “Fagrahraun”, de donde también viene el nombre del volcán, quiere decir “lava bella”.

En todo el mundo, donde existen unos 1,500 volcanes según el Servicio de Geología de Estados Unidos, solo 50 a 70 hacen erupción cada año. Con esos volcanes en actividad, Björk no dudó en celebrar el nacimiento del Fagradalshraun. "¡¡YESSS!! ¡¡Erupción!! ¡¡¡Estamos tan emocionados en Islandia!! ¡¡Todavía lo tenemos!! ¡¡Sentimos alivio cuando la naturaleza se expresa!!! Disfruta, calidez", dijo en su cuenta de Instagram.

La emoción de la cantante es la misma que se respira en la “tierra del hielo y el fuego”, como se apoda a Islandia. Y es la misma que transmiten las imágenes de Gabriel Rivera. Gente de todo el mundo está celebrando esta belleza única, rara, mágica. Y en Puerto Rico, también se puede celebrar gracias a estos ojos boricuas.  

Gabriel Rivera en el volcán en Islandia 2

Gabriel Rivera observa desde el valle cercano al volcán que nació en marzo de 2021 en Islandia. 

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