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>Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

En las elecciones de 2020 el pueblo se anotó una victoria sin precedentes que todavía no acabamos de internalizar plenamente. Se logró cristalizar un cambio de época, se pasó a una nueva etapa en la historia política de Puerto Rico.

Solo con sumar los votos emitidos por los dos candidatos independentistas a la gobernación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y el PIP, así como la cantidad de legisladores de las minorías en el Capitolio y en las legislaturas municipales, entendemos el extraordinario avance sin precedentes. No se enterró el bipartidismo PNP-PPD, pero se le asestó un golpe mortal irreversible que lo mantiene en cuidado intensivo.

Ahora en 2021, se trata sobre todo de aprender de una vez el arte de unir fuerzas, a través de la tolerancia y el desprendimiento de las colectividades políticas, que han logrado fortalecerse con el apoyo de casi una tercera parte del electorado. Esa habilidad parte de un sentido de compromiso social que trascienda el mayor enemigo de la humanidad que es el egoísmo.

Estar dispuesto a unir voluntades por encima de las preferencias de estatus contra la camisa de fuerza del colonialismo y la junta dictatorial impuesta por EE.UU., es el primer paso en la dirección correcta. Atrás deben quedar las actitudes prepotentes y egocéntricas de los antiguos líderes, por una disposición de los nuevos portavoces que se han convertido en la esperanza del País.

La humildad debe prevalecer por encima de la ambición personal principalmente entre Alexandra Lúgaro, Juan Dalmau y Manuel Natal, así como los cuatro legisladores del MVC y los dos del PIP. También la flexibilidad para lograr alianzas tácticas con Vargas Vidot y las dos legisladoras conservadoras del Partido Dignidad. Ese es el espíritu que espera la mayoría del pueblo con mucha expectativa.

Por ejemplo, si se comparan los postulados básicos de los programas de la tercera fuerza política del País, que es el MVC —que duplica en votos íntegros al PIP y al PD— podemos valorar la magnitud de las posibilidades reales en esta nueva etapa. Se trata de unos principios básicos de descolonización y de justicia social que son comunes, por lo cual no hay razón para caminar separados.

La atinada Agenda Urgente del MVC y la visión de la Patria Nueva del PIP, es la base de un proyecto de país que puede aglutinar a cientos de miles de compatriotas que superan los 320 mil electores que apoyaron a esas dos fuerzas políticas. El mayor reto ahora es lograr la unidad en la acción de esos electores a través de la unidad en la acción en todos los niveles.

Todo comienza por el diálogo patriótico y solidario, donde ambos lideratos del MVC y el PIP, logren un entendimiento en la Legislatura y en todas las asambleas municipales del País. Esa es la tarea que puede darle continuidad a un clamor unitario que le devolverá la esperanza a los sectores frustrados con la corrupción pública y la agenda colonial, privatizadora y neoliberal del PNP-PPD.

Será en los tribunales, pero sobretodo en la calle, que se le hará saber la respuesta al moribundo bipartidismo, de los cientos de miles que ya no se dejan embaucar desde el verano glorioso de 2019. El pueblo triunfó en 2020 y ahora tendrá la oportunidad de ser el protagonista en la descolonización y la lucha por la justicia social de todo Puerto Rico.