Carmen Yulín Cruz

La exalcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz Soto. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

Fue André Breton quien definió surrealismo como el “automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. Una imagen surrealista en nuestro entorno insular sería ver a Carmen Yulín Cruz entrar a un salón de clases a dictar una cátedra sobre administración pública.

La exalcaldesa, que a última hora prefirió imitar a Donald Trump que cumplir con su responsabilidad, ha sido lo peor que ha pasado por el servicio público. Como figura anti-Trump se convirtió en la diva de la prensa americana y en la heroína de todos los que se oponían a su figura y presidencia. El éxito fue tal que en varios programas nacionales de comedia fue imitada y el gobernador Ricky Rosselló terminó emulándola sin saber que eso sería otro complemento más para su fracaso político.

Carmen Yulín deja a San Juan en su peor estado en la historia. Tal vez la ciudad más sucia, deteriorada y abandonada del Caribe. Si no lo es debe de estar entre las primeras. La infraestructura es de país tercermundista donde las vías municipales de tránsito están en condiciones ajenas al paso de vehículos para ejercer el libre movimiento. Edificios abandonados y destruidos, maleza y basura en las calles, y lo peor de todo, servicios pésimos a la ciudadanía. De ciudad patria pasó a ser la capital del abandono.

Cuando se inició la campaña para la liberación de Oscar López ella desempeñó un papel protagónico. Lo que no hizo por los sanjuaneros lo hizo por el exterrorista, del que celebró a sus anchas cuando el presidente Barack Obama lo indultó y al que luego —ella misma— le consiguió trabajo con un salario de $5 mil mensuales en un municipio que también recibe fondos federales.

Carmen Yulín se convirtió en la abanderada de la libre asociación dentro del Partido Popular. Una alternativa política llena de conceptos donde el individuo de carne y hueso y sus necesidades no aparecen por ninguna parte; por eso nunca la escuchamos hablar del problema de la pobreza, de la salud, de la educación bilingüe, de la seguridad pública, de la vivienda, de las madres solteras, de los envejecientes, de los discapacitados y, como prueba al canto cuando transitamos por la ciudad, de la infraestructura capitalina.

Demostraba a su antojo su prejuicio hacia los que diferían de ella. Así lo demostró un sinnúmero de veces contra los estadistas, lanzando escupitajos de odio, y por igual contra sus compañeros de partido como Charlie Delgado, a quien le gastó un desaire frente a las cámaras de televisión al finalizar el último debate.

Sus palabras y sus acciones raras veces coincidían, pues sus loas a Hugo Chávez, a la libre asociación y a separar a Puerto Rico de los Estados Unidos sin medir las consecuencias de ello eran una cara de su moneda. La otra era la búsqueda de fondos federales para el municipio de San Juan y la aceptación, luego de su retiro como alcaldesa, de una oferta para dictar cursos en el Mount Holyoke College, en Massachusetts, sobre asuntos de los que nada sabe. Ahora tendrá que hablar en el idioma que no quiso que los niños sanjuaneros aprendieran.

Carmen Yulín es el prototipo de lo que nunca debería ser un alcalde. Una persona en extremo irresponsable en la administración de los asuntos del municipio, negligente en el manejo de los fondos públicos y con un dominio de la demagogia impresionante. Usó su puesto como alcaldesa para adelantar agendas ajenas al bienestar de la ciudadanía y rechazadas por el pueblo en general.

Sin embargo, debemos agradecerle que por ella se demostró la implosión política por la que atraviesa el Partido Popular. Un partido sin dirección, sin coherencia ideológica y donde lo abstracto sustituyó las necesidades básicas del puertorriqueño. Su discurso nunca fue rechazado ni contradicho dentro de su propio partido.

El afán de protagonismo devenido en ridiculez fue la verdadera obra de gobierno de Carmen Yulín. Una figura irreal que sin pudor manchó la buena imagen del servicio público, y que para bien nuestro —espero sea para siempre— se largó de nuestro entorno.

Mario Ramos, Historiador