Dinero

Relata la Biblia el suceso de los panes y los peces, donde se llevó a cabo el milagro de la multiplicación divina. Acá por estos lares caribeños, en cuanto a la discusión del presupuesto se trata, es más la tragedia de la resta que de la multiplicación, ya que son muchos los panes y los peces, pero pocos los satisfechos.

Es que no deja de asombrar que este gobierno nuestro, sin contar la gran variedad de corporaciones públicas, se devore la friolera de $29 billones de dólares en un año fiscal. De eso se trata el presupuesto del año fiscal próximo cuando consideramos no tan solo los fondos locales, sino también los fondos federales. De estos últimos, solo para el año próximo se estiman en $12.122 billones, cantidad casi idéntica a los $12.5 billones que se estima de las contribuciones cobradas por Hacienda.

Hablando de fondos federales, los cuales llegan por barriles y se gastan a dos manos, resalta el caso del Departamento de Educación, el cual él solito recibe, usa y mal usa un monto combinado de fondos locales y federales de $5 billones de dólares. Este departamento, como un ferrocarril antiguo, quema como leña en su intento de proveer educación alrededor de 225 mil estudiantes, sobre $20,000 por estudiante. Poca cosa no es ni el dinero que se gasta, ni los resultados desastrosos que se logran o se malogran.

El Departamento de la Vivienda y Vivienda Pública, es otro de esos casos dramáticos, donde de cada $100 de presupuesto, $97 provienen de fondos federales, sin entrar en la tarjeta de salud Vital, de cuya saga anual para pedir fondos federales para su subsistencia ya estamos acostumbrados.

Esta cantidad absurda de fondos (los $29 billones) junto con esa sensación omnipresente de que en este país casi nada funciona, abona a la teoría de que el apetito voraz de nuestro gobierno y de los que viven de él, es tal, que no existe ni existirá nunca correlación entre el gasto público y la calidad de los servicios.

Es decir, que si en vez de $29 billones, fueran $40 billones, aquí no pasaría nada, ya que los gastaríamos de igual forma sin ver un cambio radical en la calidad de los servicios. Es de tal grado y tan profunda la crisis de calidad, que tal vez si los billones fueran tan solo la mitad de los $29 billones, tampoco veríamos variación alguna en la calidad de los servicios públicos.

En cuanto al uso de los fondos recaudados por Hacienda y el cual comúnmente llamamos el Presupuesto del Fondo General, estos se estiman en $12.575 billones para el próximo año fiscal. Su uso se puede resumir, como sigue: para empezar, $3.332 billones o alrededor de un 25% del total, 1 de cada 4 dólares, se destina al pago de pensiones. Por otro lado, se destinan alrededor de $2.842 billones al pago de nómina. Estas dos partidas, pensiones y nómina de empleados públicos suman alrededor de $6.174 billones, casi el 50% del presupuesto.

Por otro lado, tenemos el pago de la deuda en alrededor de $1.1 billones, la UPR $550 millones y la tarjeta de salud, alrededor de $1.537 billones. Interesante que estas 5 partidas representan alrededor del 75% del presupuesto del Gobierno, el resto 25% está destinado a correr el resto, incluyendo las ramas legislativas y judiciales.

Hacia el futuro es imprescindible definir con claridad el rol del Gobierno en nuestra sociedad (algunos más osados, propondrían definir el grado de ausencia en esta) y lo que se determine, someterlo a métricas de rendimiento. Para los que viven de la incompetencia gubernamental, les sonará mucho pedir, que al que se le asigne $5 billones para educar, logre por lo menos, algo parecido a eso. A mí, no me parece.

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