ecologia

 

Algo que no podrán recobrar los estudiantes universitarios de primer año fue el haber tenido en vivo a un profesor en el cambio de vida que representa la vida universitaria. Tengo muy presente ese evento cuando tomé mi primera clase de Ciencias Sociales con un distinguido catedrático, el Dr. José E. Lausell, en la UPR en Río Piedras.

Luego del primer examen, el excelso profesor se dirigió al grupo y nos llamó sin pensarlo dos veces “vacas contentas”, pues a todo lo que él decía le hacíamos un gesto de aprobación subiendo y bajando la cabeza.

Esa imagen jamás la olvidaré, al igual que la enseñanza que llevaba esa frase ante unos atemorizados prepas. Ese fue mi primer gran encuentro con la filosofía educativa de que a la universidad se va a estudiar y a expresar opiniones informadas. Quizás una forma ortodoxa de plantearlo, pero sin duda, efectiva. En alguna medida ese ha sido mi mantra en los muchos años que llevo enseñando en la academia. Desde ese día rompí todos mis esquemas y adopté esa gran enseñanza, de que no hay sustituto para un maestro presencial.

Digo esto pues la pandemia del covid-19 sirvió de motor para realizar cambios en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo la educación ambiental y en ciencias. Para los maestros que enseñan estas materias fue un verdadero reto poder impartir conocimiento; difundir un imaginario natural, basado en vídeos, conferencias virtuales y fotos, recordando experiencias pasadas.

Un clásico ejemplo de romper esta barrera lo fue el Programa de EcoEscuela que se desarrolló en CeDin, la Escuela Laboratorio de la Universidad Interamericana, recinto Metro. En la modalidad de educación remota, el programa se trasladó del plantel escolar a los hogares y comunidades. Los estudiantes de 8vo grado tuvieron la oportunidad de participar de un ciclo de conferencias que incluyeron al Dr. Eugenio Santiago, botánico y director del herbario de la UPR en Río Piedras, con el propósito de enseñarles a hacer el herbario digital de sus comunidades.

Tuvieron la oportunidad de trabajar el tema de resiliencia climática participando de un viaje de campo virtual sobre el cambio climático y la erosión costera, con la Dra. Áurea Rodríguez, del Taller Ecológico de PR. En el mismo aprendieron a medir la erosión costera y fueron exhortados a poner en práctica la actividad para documentar los cambios en la playa de su predilección.

Por otra parte, el Comité Ambiental, coordinado por las maestras Yadira Vázquez y Yahaira Murphy, junto a los estudiantes de 5to grado de la maestra Marjorie Hernández, adoptaron una playa en Piñones. Con mucho entusiasmo y compromiso desarrollaron una campaña educativa sobre uso y minimización de desperdicios sólidos en la costa, a través de dibujos y emotivos mensajes, plasmados en carteles. Estos mensajes exhortan a evitar la disposición de basura en la playa y procuran la conservación de las especies marinas como el tinglar y el manatí.

El proyecto es un novedoso esfuerzo de llevar educación en un formato más interesante y pertinente. Ha tenido como resultado el involucramiento de comerciantes que están haciendo su parte para mantener su entorno costero libre de basura. El proyecto, a su vez, fue la culminación de un año de educación virtual donde estudiantes y maestros trabajaron juntos en un formato nunca antes experimentado.

La ciencia es una rama eminentemente experimental y demostrativa y sin esas oportunidades el desafío de los maestros se hace más arduo. Implica que estos tienen que desarrollar su creatividad para cautivar el interés de los estudiantes y sobrepasar las distracciones típicas de la educación a distancia.

Para los estudiantes y maestras, este esfuerzo logró darle continuidad a su agenda educativa, a pesar de las complicaciones de la pandemia. Mi reconocimiento a ellas, ejemplo de entrega y dedicación.