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Foto de archivo.

En Estados Unidos y Europa una nueva era de generación de diminutos reactores nucleares está surgiendo como una solución potencial a la contaminación mediante la quema de combustibles fósiles para la electrificación.

Contrario a la electrificación mediante los reactores gigantes de antaño, con sus grandes torres de enfriamiento y laberintos de tuberías de enfriamiento que protegen contra la posibilidad de un colapso catastrófico, los nuevos reactores están diseñados para ser más simples, más seguros, más baratos y muchísimo más pequeños. 

Un diminuto reactor del tamaño de un autobús escolar podría suministrar energía a una ciudad o fábrica cercana. O ensamblarse estos diminutos reactores nucleares en serie para igualar la producción de una planta nuclear gigante.

No solo se espera que sean más seguras y que produzcan electricidad a un precio más económico que las centrales nucleares convencionales, sino que también lo hacen sin emitir ni una bocanada de gases.

Los expertos estiman que en el cambio a la energía renovable, las pequeñas plantas nucleares podrían desempeñar un papel habilitador. La energía solar y eólica por sí sola puede no ser suficiente para satisfacer la creciente demanda de energía en las próximas décadas. En 2019 y 2020, las naciones de todo el mundo agregaron 270 gigavatios de energía solar y eólica a sus redes, pero estas fuentes renovables aún deben complementarse con los sistemas eléctricos convencionales.

Varios nuevos reactores diminutos de alta tecnología están ahora en desarrollo comercial en más de una docena de empresas. La primera ronda de minirreactores está programada para implementarse en Estados Unidos y en otros lugares dentro de los próximos tres años.

El proyecto de ley bipartidista de infraestructura y empleo de $1.2 billones (trillions, en cifras anglosajonas) defendido por el presidente estadounidense Joe Biden y promulgado en noviembre incluye $2,500 millones destinados al desarrollo avanzado de energía nuclear.

Jacob DeWitte, fundador y director ejecutivo de Oklo, una empresa con sede en California que desarrolla plantas de energía limpia para proporcionar energía libre de emisiones, confiable y asequible utilizando fisión avanzada, indica que “se avecina una ola de innovación totalmente diferente en la energía nuclear”.

Sin embargo, muchos críticos de la energía nuclear siguen siendo escépticos de que la nueva tecnología superará la historia de problemas de seguridad y sobrecostos de la industria. “No se trata de salvar el clima, se trata de salvar a la industria rediseñando viejos conceptos”, dice Shaun Burnie, especialista nuclear sénior de Greenpeace East Asia.

Con el cambio climático pareciendo cada vez más una bomba de relojería en todo el planeta, la economía de la energía puede estar cambiando a favor de la energía nuclear.

La energía nuclear solía tener un futuro prometedor. Luego, en 1979, la planta nuclear de Three Mile Island en Pensilvania sufrió un colapso parcial del núcleo, lo que condujo a una cancelación masiva de pedidos de nuevas plantas en Estados Unidos. Las esperanzas de una recuperación se desvanecieron en 1986 cuando la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania, sufrió fusión y ruptura del reactor.

La industria reconstruyó lentamente su credibilidad. Para 2010, 104 plantas nucleares funcionaban sin problemas en Estados Unidos, con planes para docenas más en proceso, lo que llevó a hablar de un “renacimiento nuclear”. Un año después, un tsunami golpeó la planta nuclear de Fukushima, en Japón, provocando un colapso y la evacuación de más de 150,000 residentes.

Japón, que una vez abrazó la energía nuclear, ha cerrado la gran mayoría de sus plantas de generación eléctricas de este tipo. En Alemania, por su parte, que una vez fue una nación partidaria de la energía nuclear, el Partido Verde, decididamente antinuclear, ha obtenido grandes avances políticos en las últimas elecciones.

Hoy en día las plantas nucleares generan alrededor de una décima parte de la electricidad del mundo, frente a una quinta parte en la década de 1990. Empero, la energía nuclear se vuelve cada vez más competitiva en la medida que avanzan tecnológicamente los minirreactores de energía atómica como alternativa energética limpia y cada vez más segura, como advierte Jess Gehin, director asociado del laboratorio de ciencia y tecnología nuclear en el Laboratorio Nacional de Idaho. 

Ha ayudado a su prestigio como alternativa energética el hecho de que los precios de la energía nuclear disminuyen lentamente, gracias a las mejoras en las plantas que han aumentado la eficiencia en casi un 30% en comparación con hace 15 años. Se espera que los nuevos diseños para plantas grandes reduzcan aún más los costos y mejoren la seguridad y la confiabilidad.